Lo que arde

Vivir en el campo

Hay probablemente dos tipos de cine: el que fabrica ilusiones con decorados, actores disfrazados de personajes, efectos especiales y por supuesto, el montaje; y el que intenta extraer la verdad de la realidad misma, interviniendo lo menos posible. El director Oliver Laxe, en su todavía breve carrera, prefiere buscar en la vida los elementos de sus historias y de eso hace su gran virtud.

Ya en su ópera prima, Todos vosotros sois capitanes (2010) -que participó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes- mezclaba el documental con la ficción, mostrándonos a niños magrebíes tal como son, pero dándoles una cámara de cine para que pudiesen expresarse como nunca lo habían hecho. Sorprendía Laxe en su primera cinta, por ejemplo, mostrando varias tomas de escenas que parecían espontáneas y haciendo desaparecer su propia figura como director y autor de su filme. En su segunda película, la ambiciosa Mimosas (2016), Laxe introduce elementos de aventura y de fantasía en el relato, pero sigue anclando su discurso en la realidad física de los espectaculares paisajes del desierto y las montañas de Marruecos, y en los rostros de los actores no profesionales. Con ella ganó la Semana de la Crítica en Cannes.

Ahora, en Lo que arde la labor de Laxe vuelve a ser captar las imágenes de la vida, esta vez en Galicia, para luego organizarlas de forma que cuenten una historia, que expresen una preocupación, que transmitan un mensaje. Los actores de Lo que arde comparten el nombre con sus personajes, porque no hay demasiada distancia entre unos y otros: Laxe utiliza a la gente que vive en los escenarios de su película, esos montes gallegos, lluviosos, hermosos, casi deshabitados. Como las vacas que aparecen en el film responden también a sus propios nombres y reciben merecido agradecimiento hacia el final de los créditos.

Creo que la fotografía es esencial en la filmografía de Laxe, que aquí vuelve a demostrar que es capaz de fabricar imágenes gran belleza plástica: el fantasmagórico inicio del film, con los árboles cayendo en silencio, es una metáfora de toda la película. Pero también sabe este director sacar la verdad de los pequeños momentos de la vida rural que intenta describir: cómo se tuesta un pan en los fogones, desatascar una vía de agua, ordeñar una vaca y lidiar con ellas cuando no quieren moverse.

No idealiza el campo esta película, mostrando el recelo de la gente hacia el protagonista, Amador (Amador Arias), pirómano condenado por sus crímenes. Pero también muestra que estamos ante un mundo petrificado en el pasado y en peligro a pesar de intentos de apertura, como el de atraer a los turistas. ¿Pero qué bueno van a traer los turistas? suspira Amador. El gran enemigo, para Laxe, la falta de recursos: la desesperación de los bomberos que se quedan sin agua en mitad de un virulento incendio forestal. 

Lo que arde ha sido la película ganadora del Premio del Jurado en la sección ‘Una cierta mirada’ del festival de Cannes, confirmando a Laxe como uno de los talentos a tener en cuenta del cine español.