Líneas Paralelas. 50 portadas esenciales del Rock, Xavier Valiño (Editorial Milenio 2020)

Repaso a portadas icónicas

¿Las portadas importan? ¡Claro que importan! Ante la paradoja de encontrarnos en un momento en el que los lanzamientos musicales suelen pasar por ediciones digitales donde la portada pasa a ser poco menos que una anécdota, cabe preguntarnos si se ha perdido para siempre la cultura del envoltorio de un disco como extensión artística del mismo.

La hegemonía del CD, con sus mini carátulas, ya hizo mucho por devaluar el imperio de las portadas, pero ante todas esas amenazas ha llegado la esperanza a través del regreso del vinilo. Esta moda (¡pasajera?) está haciendo las veces de fábrica de nuevos melómanos, a la vez reaviva las pasiones de viejos rockeros que ya habían perdido las ganas de pasarse por una tienda de discos. Y entre los muchos factores de ese inesperado retorno del formato rockero por excelencia, uno clave sin duda es el del impacto que nos generan las portadas reproducidas en ese tamaño, ese reencontrarnos con la fascinación que nos producía encontrarnos con un mini-universo relacionado con nuestros héroes musicales o con la obra que habían desarrollado en ese momento concreto.

En este contexto a camino entre el revival y las nuevas filias se antoja especialmente necesario y disfrutable este nuevo libro de Xavier Valiño, un repaso exhaustivo a la historia detrás de 50 portadas históricas del rock, a modo de continuación de un trabajo anterior del mismo autor, La cara oculta de la luna. Las 50 portadas esenciales del rock. Ambos libros se complementan a la perfección y casi que podrían entenderse como dos volúmenes de una misma obra, sumando sus aportaciones hasta llegar a una redonda centena de portadas seleccionadas y diseccionadas.

Sin embargo, el conocimiento y la pasión que pone Valiño en este y en sus otros trabajos de literatura musical nos invitan a pensar que el autor podría seguir exprimiendo la idea y su colección de discos indefinidamente, y sería un placer seguirlas leyendo (me sumo a la propuesta de Luis Lapuente en el prólogo, de animar a Valiño a que lleve a cabo un experimento similar con 50 portadas del rock español).

Con su atractivo formato tamaño single de 45 R.P.M., Líneas Paralelas es mucho más que una mera selección de portadas. Cada uno de los discos escogidos pasan por el escrutinio investigador de Valiño, quien no sólo nos sitúa en el contexto histórico de la obra y en la biografía de los músicos que la firman, sino que además nos descubre detalles a menudo sorprendentes y no tan conocidos sobre los autores de las portadas y el proceso de gestación de las mismas. A destacar también el abundante material gráfico que nos ofrece bocetos, referencias, paralelismos y demás sorpresas relacionados con cada portada. 

La cosa viene en orden cronológico y dividido por décadas. Tiene todo el sentido del mundo que la mayor proporción se la lleven los años 70, reconocida época dorada de las portadas musicales, con selecciones tan acertadas y variopintas como el Black Moses de Isaac Hayes, el Born To Run de Springsteen, el Candy-O de The Cars, el Peter Gabriel (III), o el Exile on Main St. de los Stones

Antes, nos habíamos sumergido en la llegada de la estética psicodélica en los 60 con los 13th Floor Elevators o el Electric Ladyland de Hendrix, e incluso con una curiosa reivindicación de las simplistas pinturas de Dylan a través de la portada de Music From Big Pink de The Band.

En los 80 nos encontramos con clásicos como el Blue Monday de New Order, el Licensed to Ill de Beastie Boys, o el Sign O´The Times de Prince.

Los 90, década por excelencia del CD como formato, tienen sin embargo muchas opciones irreprochables que ofrecer, tal y como demuestra la inclusión del Screamadelica, el Nevermind, el Definitely Maybe o el OK Computer.

Tal capacidad de sacar oro de cualquier selección nos lleva a la única pena que nos deja el disco: el escaso hueco reservado para las dos últimas décadas, un s.XI apenas representado por los debuts de The Strokes y de Arctic Monkeys.

Podría quejarme de lo que se omite, pero es mucho más constructivo disfrutar con lo incluido, que no es poco. Además, Valiño es un periodista tan inquieto, trabajador y generoso con sus conocimientos, que a poco que le empujemos seguro que le convencemos para que siga reivindicando tantas portadas ilustres que nos ha ido dejando la historia de la música grabada.