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Mi vida en la carretera, Gloria Steinem (Alpha Decay, 2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Aunque algunas de las referencias publicadas son algo «sospechosas», con un tufo a oportunismo editorial/autoral que tira de espaldas, estamos en medio de una aún pequeña pero notable y, sobretodo, muy bienvenida y necesaria «explosión» de literatura feminista en nuestro país —mal que le pese a más de un gilipollas, parapetado en su anonimato cobarde en las redes sociales o en su rancia pluma de «ilustrado» articulista—. Y en Indienauta, tras dar buena cuenta de la gran Angela Davis, hoy nos ocupamos de otra de las referentes indiscutibles del movimiento por los derechos de la mujer, la también estadounidense Gloria Steinem, gracias a este Mi vida en la carretera que nos llega de la mano de la siempre interesante Alpha Decay. ¿Memorias? ¿Libro de viajes? ¿Historia del movimiento feminista? Todo eso y bastante más en una lectura sin desperdicio.

Porque Steinem, figura icónica de la llamada «segunda ola» del feminismo —décadas de los sesenta y setenta—, activista insobornable, periodista política, fundadora de la revista Ms. y en la actualidad una venerable octogenaria que sigue plenamente en la brecha, nos relata su vida de una forma muy original y atractiva, apartándose del formato clásico de la autobiografía y, también hay que decirlo, de la obra puramente auto-complaciente. La de Toledo, Ohio, hilvana su trayectoria personal a través del peregrinaje constante, característica principal de una existencia nómada e inquieta. Wanderlust, el ansia viajera de un espíritu libre, una mente abierta y, por supuesto, comprometida. De este modo, a través de la activista/aventurera, somos testigos de excepción de algunos de los hechos más relevantes en la historia reciente de su país, así como de las transformaciones y la lucha, desgraciadamente tan indispensable todavía hoy, del movimiento feminista.

De hecho, el viaje continuo como elección vital —opción personal en la que su padre tiene mucho ver— es un primer acto de rebeldía fundamental, con el que Steinem dinamita de un plumazo, en aras de la libertad femenina, configuraciones mentales-sociales-culturales en las que la mujer es la responsable del espacio doméstico, la «garante» de la estabilidad del hogar y la familia, mientras el hombre es el intrépido trotamundos. A partir de ahí, el mapa de Estados Unidos —también tenemos un intenso periplo por la India, aunque quizás se echa en falta una mayor variedad geográfica, una dimensión más internacional— se extiende como un manto inacabable de lugares y acontecimientos de los que la autora es testigo de excepción y/o protagonista.

De la mítica marcha sobre Washington de 1963 —para puntualizar que tras el legendario discurso de Martin Luther King estuvo la cantante Mahalia Jackson—, pasando por manifestaciones, asambleas fundacionales en defensa de los derechos de la mujer y cruciales campañas políticas, pero también por remotos campus universitarios, Steinem traza un recorrido histórico fascinante porque, al mismo tiempo, es un relato tanto de crecimiento personal como colectivo. Y es que buena parte de la grandeza de Mi vida en la carretera reside en que no se trata únicamente del resumen de algunas de las peripecias más memorables de Gloria Steinem, sino la disección de todo un movimiento global desde una perspectiva personal. En ese sentido, está también es la historia de Bella Abzug, Wilma Mainkiller, Betty Friedan —aunque no se llevasen demasiado bien—, Dorothy Pitman Hughes, Margaret Sloan, Shirley Chisholm, Brenda Feigen, Florince Kennedy… y un largo, importantísimo etcétera.

Por si fuera poco, Steinem, en un acto de generosidad y falta de ego que resulta de lo más refrescante en unas —al menos, supuestas— memorias, tiene tiempo para detenerse y ceder el protagonismo de la narración no sólo a otras compañeras de batallas, sino también a personas anónimas, haciendo de su libro un auténtico crisol de voces, una narración dinámica, viva, y un testimonio inmejorable de las múltiples direcciones, puntos de vista, problemáticas, enfoques y, por encima de todo, realidades, que la causa femenina tuvo y tiene. El capítulo tercero, Por qué no conduzco, en el que taxistas y azafatas llevan la voz cantante, es sencillamente apasionante. Tampoco le andan a la zaga Un gran campus y Surrealismo en el día a día, capítulos cuarto y sexto, dedicados a los debates y el papel de la universidad y varios encuentros y momentos inesperados, respectivamente. Los tres resultan más ilustrativos y diáfanos que cualquier «sesudo» —ojo, siempre necesarios, pero con frecuencia muy densos— estudio de teoría feminista.

Y luego está Cuando lo político es personal, el capítulo quinto, en el que Steinem se centra en su actividad política. De vivir muy de cerca la tragedia de Bobby Kennedy a defender el «menor de los males», sumándose a la campaña de Eugene McCarthy —umm… qué familiar me suena eso—, a apoyar a diversas mujeres intentando emprender una carrera en Washington como senadoras o congresistas —impresionante y terriblemente amargo cuando nos cuenta las terribles consecuencias de la derrota de «su» candidata Harriet Woods, recordando de paso que Al Gore nunca perdió en las urnas—, hasta verse en la compleja disyuntiva de tener que elegir entre Obama y Clinton, es decir, entre raza y género, una dicotomía que ella siempre ha intentado combatir. Y pese a que me resulta absolutamente imposible concebir a la inminente presidenta —si lo es el «agente naranja», preparémonos, el final se acerca— de Estados Unidos como alguien con una agenda realmente progresista, las reflexiones de la autora acerca de la longeva política de Chicago suenan honestas, así como la denuncia de la inmunda «doble vara» de medir que ha sufrido, como tantas otras mujeres, por parte de los medios por el mero hecho de ser mujer. Es una pena que el libro no llegue a ocuparse de esta campaña, porque con semejante energúmeno, perdón, quería decir candidato republicano, a buen seguro que sus reflexiones valdrían mucho la pena.

En resumidas cuentas, Mi vida en la carretera es una lectura lúcida, desenfadada y atractiva para cualquier tipo de lector —incluso un machista fascistoide como Trump podría entenderlo—. En realidad la «receta» expuesta por Steinem es clara. Nos está diciendo que para cambiar las cosas, hay que actuar, hay que moverse. Un excelente «primer paso» pudiera ser leer este libro…

 

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