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The Black Holes, Borja González (Reservoir Books, 2018)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Punk, Stephen Hawking, época victoriana con ribetes tanto góticos como románticos, ciencia ficción y una atmósfera única para una fábula desbordante con forma de cómic. ¿Quién da más? Todo eso es lo que nos propone el ilustrador e historietista extremeño Borja González en este flamante The Black Holes, que nos llega de la mano de Reservoir Books.

Autor de formación autodidacta, el de Badajoz ha publicado en fanzines y revistas, aunque fue en 2016 con la alabada novela gráfica La Reina Orquídea, cuando Borja González empezó a labrarse «la aureola» de ser uno de los viñetistas más prometedores del país. Reputación que, ahora con The Black Holes, a buen seguro va a verse propulsada de forma imparable. A la velocidad de la luz.

The Black Holes son, sobre el papel, dos historias, situadas en 1856 y 2016, que se desarrollan como vasos comunicantes o, casi, como las dos caras del mismo espejo. Por un lado, tenemos la historia de la gestación, frágil y dubitativa, del idiosincrático —todo actitud, nada de pericia instrumental— trío punk que da título al libro, liderado por la singularísima Laura, sus disfraces y sus letras más que excéntricas —«las hermanas Brontë recitando un estudio sobre la fusión termonuclear de las estrellas»—. Por el otro, nos encontramos con el relato de Teresa, soñadora y algo siniestra joven que afronta el paso a la vida adulta entre las encorsetadas rigideces de una era pretérita, mientras sueña —¿o quizás vive?— con mundos y personajes distantes y extraordinarios. Ambas eras, mundos y situaciones van a embeberse la una con la otra, mostrando un universo de lo más sugerente, imaginativo y abierto, en el que el lector pone gustosamente de su parte para «completar el cuadro» mientras se plantea no pocas preguntas.  

Como si la ciencia ficción sirviera de improbable excusa para hablar de rebeldía y angst juvenil, The Black Holes apunta también cuestiones existenciales acerca del tiempo y su extrema voracidad que todo lo transforma en efímero e intrascendente, la falta de conexión con nuestro entorno y circunstancia o, la realidad y el misterio de la creación y el creador. Materias no demasiado habituales para un género que, con frecuencia, busca el puro hedonismo, la evasión por el mero placer estético. Y lo más alucinante es que el aspecto visual casa a la perfección con semejante y atrevido planteamiento

Sencillo, cuasi esquemático en apariencia, el dibujo de Borja González en The Black Holes llama muchísimo la atención, ya que parece parte del «discurso metafísico» del autor. Y es que te atrapa tanto con sus «incógnitas», empezando por esos personajes que adolecen de rostro —¿acaso por qué sus anhelos y frustraciones son universales?—, como por la belleza de esas páginas completas que podrían ser ilustraciones independientes, así como por el excelso uso del color, que dota al cómic de una personalidad mortecina, reflexiva, quieta, fascinantemente propia. The Black Holes es una de esas raras obras que descoloca e invita a segundas y terceras lecturas, que resultan tan o más placenteras incluso que la primera. Una rareza que engancha, sin duda a recomendar.

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