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“Sideral. Estrella Fugada”, Héctor Castells (Contra Ediciones, 2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

A diferencia de unas cuantas plumas que he leído por ahí, ni me acuerdo dónde estaba ni que hacía la noche en que Aleix Vergés, más conocido como DJ Sideral, murió. Los mitos no existen. Se crean. Después se eligen y en la mayoría de los casos, se imponen. A mí el suyo me era totalmente ajeno. Hasta la lectura de este libro, una espectacular fuente de sorpresas.

De hecho, la primera de ellas ha sido comprobar la notable repercusión del libro -¿un libro, uno de verdad, siendo noticia en España?- incluso antes de publicarse oficialmente. Por no hablar del cariño especial que la siempre indispensable Contra Ediciones ha puesto en la edición de esta obra. Un cariño que se nota, y que es extrapolable, y esta sería la segunda sorpresa, a un más que notable puñado de personas a los que la efímera vida de Aleix Vergés marcó de forma extraordinaria. Normalmente los iconos y los mitos nos fascinan desde la distancia. Sin embargo, Sideral lo hizo desde la cercanía para todos aquellos a lo que conoció, aunque hubiera una parte, muy oscura y compleja, a la que desgraciadamente nadie tuvo acceso. En el libro se sentencia esta incomparable dimensión de su figura con un tremendo “Aleix era la música”. ¿Exagerado? Después de leer esta biografía, solo para quienes no estuvimos ahí.

El mejor ejemplo de la atracción producida por el malogrado músico lo tenemos en el propio autor de Sideral. Estrella Fugada, Héctor Castells. Íntimo amigo de Vergés, estamos ante uno de esos casos en que el escritor no puede, ni quiere, despegarse un ápice de sus sentimientos en la narración de la historia. ¿Es eso una hagiografía? Técnicamente, esa amenaza planea en muchos momentos de la muy particular narración de los hechos, pero sería totalmente injusto quedarnos ahí. Y sobre todo ¿quién diablos somos nosotros para juzgar una amistad arraigada  en el tuétano de dos seres humanos y explicada mediante la desnuda exposición de su autor?

Ciertamente, la prosa de Castells es tan exuberante como exigente para el lector, al que puede echar para atrás. Su manera de narrar es poética sin duda, pero también ciclotímica. Las frases se enganchan, hay codas, apodos, coletillas y expresiones recurrentes, y todo -y quiero decir todo- es susceptible de adquirir una relevancia inusitada, incluso la más exasperante minucia a ojos del lector. Tampoco los saltos temporales, abandonados tras las primeras cien páginas, o los fragmentos de declaraciones de diversas personas ayudan demasiado. El caos era el método, de trabajo y vital de Aleix Vergés, por tanto el caos tenía que regir también el devenir su biografía. Y sin embargo, con toda modestia, les ruego que perseveren.

Porque si lo hacen, se van a topar con un libro de una intensidad brutal. Porque la estructura fragmentada hace que el relato no solo sea dinámico, sino muchas veces alucinado, acorde con el protagonista, sus aventuras, sus fracasos y sus terrores. Porque Castells logra que la vida del enésimo Peter Pan, uno con un ego tan grande como su altura o su fragilidad emocional, a los no conversos nos resulte no solo creíble y cercana, sino también dolorosa. Y porque por el camino, Castells escribe la que de momento es la Gran Novela Barcelonesa. En mayúsculas.

La simbiosis entre la ciudad que debía brillar al son de la marcha olímpica y el dj destinado a pinchar la banda sonora de una generación con ganas de comerse el mundo, y que en cambio se encuentran con sus respectivos reversos, decadentes y aterradores, es alucinante. Barcelona se pudre mientras se convierte en una atractiva postal, de diseño claro -¿por cierto, no les suena?-. Aleix Vergés se hunde en su infierno personal a las puertas del éxito ¿masivo?. No es una generación perdida, ahí están las historias del Sónar, el Primavera Sound, Nitsa, Apolo, bandas, artistas y djs valientes para demostrar lo contrario. Es una generación desengañada y afligida, que intenta o ha logrado salir adelante pese a la traición de su propia ciudad -aquí pueden sustituir Barcelona por la suya-. Hay más, pero me quedaré con las páginas 119 y 120. Ahí esta todo. Cruel y real como la vida misma.

Sideral. Estrellla Fugada es muchas cosas. Novela generacional, biografía retorcida, en su estructura y en su contenido, hagiografía con un montón de mierda de fondo, incompleta historia de amistad, frustrada historia de amor, retahíla de fracasos musicales. Un montón de sueños, lugares, canciones, y una estrella incandescente. No es un libro perfecto, ni mucho menos. Pero si encuentran algo tan desmesuradamente vivo, háganmelo saber. Correré a leerlo.

 

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