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Sexo, exilio y rock and roll, Ali Eskandarian (Malpaso, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Seamos claros. ¿Cuántas de las novelas publicadas cada año en España utilizan el anzuelo de los Beats —mejor dicho Kerouac, el resto no vende mucho y se les ha leído más bien poco—? La respuesta es simple. DEMASIADAS. Así que cuando fajas, cubiertas y/o contracubiertas van repletas de Jack y compañía, uno se echa a temblar. Pero claro, Sexo, exilio y rock and roll, el último libro en aparecer por estos lares con semejantes antecedentes, viene firmado por un desconocido iraní, Ali Eskandarian, con una historia tan trágica como potente detrás. Y, sobre todo, nos llega de la mano de Malpaso. Así que la sabiduría editorial y la curiosidad han podido más que los más que razonables prejuicios. Afortunadamente…     

Nacido en 1978 en Pensacola, Florida, pero criado en Teherán, Irán, durante los inicios del régimen del ayatolá Jomeini, la familia Eskandarian logró salir del país en 1989, obteniendo asilo político en Alemania, antes de mudarse definitivamente a Dallas, Texas, donde el joven Ali comenzaría a dar rienda suelta a sus inquietudes artísticas, especialmente la música —en la onda de Jeff Buckley—. En 2003 se trasladó a Nueva York, publicando el disco Nothing to Say en 2006 y dando infinidad de conciertos por el país, frecuentemente junto a los Yellow Dogs —puede decirse que era su quinto miembro—, banda iraní famosa por ser la protagonista del estupendo documental Nadie sabe nada de gatos persas, dirigido por Bahman Ghobadi —director también de la tremenda Las tortugas pueden volar. Hasta que el 11 de noviembre de 2013 fue asesinado en su hogar de Brooklyn junto a dos miembros de los Yellow Dogs. Justo cuando, como se nos cuenta en el epílogo, su manuscrito semiautobiográfico iba a convertirse en un proyecto real de novela. Esta novela.

«No es tan fácil. No puedes desconectar y ya está. Yo tengo un corazón. Está lleno de telarañas y sufre problemas en las cañerías (genética, cocaína, cigarrillos, alcohol, estrés, falta de ejercicio, etc), pero es un corazón bien sólido, qué demonios. Lo tengo desde hace un millar de años y sigue siendo el mismo después de todo este tiempo».

Sexo, exilio y rock and roll es un viaje. Mejor dicho, varios viajes en un solo libro. Uno nos retrotrae a la pasada década para dejarnos frente a la puerta de una auténtica «casa de locos», el apartamento de una juventud excesiva, abrazada al hedonismo salvaje del triunvirato/cliché por antonomasia del rock and roll. Otro, ciertamente deudor de la prosa expansiva e inmaterial de Ti Jean, nos pasea por la geografía norteamericana —la música suele ser la excusa, pero no es la única—, con un par de excursiones más lejanas, a Alemania e Irán, incluidas y «marcadas a fuego». Y luego, encontramos un tercero, más oscuro, que nos introduce en un sutil pero evidente nihilismo que tiene mucho que ver con la desesperación palpable de un Peter Pan expatriado en tierra «soñada» y sin embargo ignota y frustrante. No se trata de En el camino, sino más bien de Ángeles de desolación. Son los Aullidos de una nueva generación de bisoños ginsbergianos, apenas disimulados tras un nuevo atracón de drogas o el enésimo encuentro sexual, tan fugaz como irrelevante…

Ciertamente, la temática del libro está muy lejos de resultar novedosa o sorprendente. Sin embargo, el hallazgo mayúsculo de Sexo, exilio y rock and roll es el propio Eskandarian. No es una perogrullada, sino la constatación de que el americano-iraní, además de un personaje —¿de ficción?— fascinante, voluble, subversivo y, por supuesto, beatífico, era un escritor superlativo. Ahora frenético, mordaz y viperino —«Así que ahora trabajo en la Agencia Intercontinental Interplanetaria Multidenominacional de las Tortitas…» lanza vitriólico, dinamitando el «sistema de producción» que sostiene el sueño americano—, luego reflexivo, pseudo-místico, con esas letanías cósmicas en las que encapsula sus cuitas existenciales en borbotones de prosa incontenible. Siempre vibrante y «en movimiento». Enfrascado en una búsqueda temeraria, desorientada, carnal. enajenada y apasionada, de ese «algo» más que debería ser la vida.

En realidad, únicamente tengo una crítica respecto a la novela: su título. Ya sé que estamos en plena «era Trump» y, a muchos, la capacidad de concentración no les da para más allá de un tuit o una conversación de whatsapp. Y tampoco estoy seguro que su original, Golden years, sea demasiado afortunado… pero, ¿Sexo, exilio y rock and roll? Un libro de prosa tan magnética no se merecía un título tan, digamos, «didáctico». Exceptuando eso, lectura absolutamente eléctrica, más que recomendable. Ni que sea por una vez, la publicidad no es engañosa. El tipo de la cita de abajo estaría encantado con esta novela. Ali Eskandarian, sin duda, era de «los suyos».

«Mi vida es un vasto poema épico sin consecuencias, con mil millones de personajes, aquí llegan todos, tan suavemente como giramos hacia el este, tan suavemente como la tierra gira hacia el este.»

Jack Kerouac, Ángeles de desolación

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