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Según venga el juego, Joan Didion (Literatura Random House, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Más cuentas pendientes literarias que uno empieza a saldar. Hoy, de la mano de Literatura Random House, traigo a Indienauta Según venga el juego, la última obra publicada en nuestro país de Joan Didion, novelista, figura del «nuevo periodismo», editora, guionista, crítica de cine y una de las intelectuales más relevantes de la segunda mitad del siglo XX en Estados Unidos. Y, lo que es más importante, una autora con una pegada descomunal.

Celebrada tanto por sus obras de autoficción, donde destaca la titánica El año del pensamiento mágico, devastadora crónica del año posterior al fallecimiento de su marido, el también literato y guionista John Gregory Dunne, mientras su hija estaba gravemente enferma, que obtuvo el National Book Award y fue finalista del Premio Pulitzer y del National Book Critics Circle Award, como por sus ensayos sobre la cultura y la política norteamericanas, reunidos en Los que sueñan el sueño dorado —otro para la lista de «objetivos»—, es posible que su faceta como narradora «pura» de ficción no sea tan conocida. Algo que Según venga el juego debería ayudar a corregir inmediatamente.

Publicada originalmente en 1970 y llevada al cine dos años después —Didion y su esposo fueron responsables del guion adaptado en la película dirigida por Frank Perry y con Anthony Perkins en uno de los papeles protagonistas—, Según venga el juego está considerada no sólo una de las mejores obras de la autora de Sacramento, sino un clásico moderno norteamericano —entre las mejores cien novelas en lengua inglesa publicadas entre 1923 y 2005 para la revista Time—. No es de extrañar. Pese a su brevedad, muy por debajo de las doscientas páginas, con capítulos despachados en un párrafo… su «potencia» es extraordinaria. No sobra nada, pero, sobre todo, no falta ABSOLUTAMENTE nada. Bueno, sólo se me ocurre que Random House acompañase el libro de una playlist de mis adorados The National, porque parecen hechos el uno para el otro…

La «coartada» de la novela es tan sencilla como implacable. El retrato inclemente de la «caída libre» de Maria Wyeth, una actriz de escaso futuro —apenas un par de referencias, totalmente desconocidas para el «gran público»—, ya entrada en la treintena y siempre eclipsada por la figura de su marido Carter Lang, reputado director de cine. El matrimonio está en sus últimos estertores, hay engaños «extraconyugales» varios y un embarazo «indeseable» —no confundir con «no deseado»—. Y, por si fuera poco, su hija Kate, de cuatro años, se encuentra internada en un centro médico para niños con necesidades especiales. Pero Joan Didion va más allá de su desbordada protagonista, de hecho se sirve de ella para ejemplificar cómo una sociedad, la estadounidense, se desmorona a velocidad de vértigo. ¿Los sesenta eran el «colmo» de lo cool, idealistas y efervescentes? Piénsalo otra vez, parece decirnos la certera e inmisericorde pluma de la escritora. En estas páginas, más bien parecen la resaca grotesca de un «mal viaje», como si el whisky que se bebe en la novela fuera regado con ingentes dosis de arsénico… Como la letra de Lemonworld… versión amarga, amarga, amarga.

Sexo muy desgraciado, decisiones realmente estúpidas, alcohol, barbitúricos, comportamientos depresivos o pseudo-maníacos, pesadillas mortificantes, —aquí encajan como un guante temas como Sorrow, Demons, Runaway— tendencias cuasi suicidas… El «paquete completo», vamos. Sin embargo, lo sorprendente y, seamos sinceros, turbadoramente fascinante son esos diálogos hirientes, truncados de forma abrupta, como si el escalpelo ya hubiera alcanzado el hueso y no quedase nada más que decir —¿sacaste de aquí la inspiración para Conversation 16, querido Matt?—. Esos viajes por la autopista a ninguna parte, llenando un tiempo que se tiene… para no saber qué hacer con él. Esa absoluta inutilidad, que se cierne cuál sombríos nubarrones sobre Maria, punzante manera en la que Didion explora la condición femenina de una sociedad profundamente machista —el peculiar microcosmos del cine es su perfecta «punta de lanza»—, donde su voluntad, decisiones o necesidades son siempre secundarias, hasta el extremo de que ella misma es incapaz de saber qué quiere. Diantres, es ese hastío vital desesperante, como si fueran «ninis» adultos, de clase alta —o eso pretenden aparentar—, mucho antes de la venida del Iphone o Instagram. O, finalmente, son esas serpientes de cascabel. Fertilidad. Amenaza depredadora. Y, de nuevo, veneno.

El único «problema» que le encuentro a Según venga el juego es la dificultad del lector para empatizar con su protagonista principal o, ya puestos, con alguno de los personajes que desfilan por ella —por comparar, algo parecido a Somewhere de Sofia Coppola of Maps to the Stars de David Cronenberg—. Son mezquinos cuando no irritantes, interesados o, directamente, huecos. Aunque no tengo duda que esa era precisamente la intención de Didion al retratar a su generación con una dureza que deja al gran Richard Yates muy próximo al guionista de Love Actually. Ser lo más honesta posible, liberando al texto de toda parafernalia gratuita, esquivando el drama y la grandilocuencia emocional, exponiendo en todo momento poco más que el esqueleto narrativo… porque ahí reside todo lo importante. Puede resultar un peaje notable para algunos, pero los que estén dispuestos a aceptar las reglas del juego dictadas por Didion —nunca mejor dicho— van a disfrutar de una novela enérgica, espídica y terriblemente lúcida de una autora tan valiente como brillante.

«And we can say that we invented a summer lovin’ torture party…»

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