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Sant Jordi 2017: recomendaciones para todos los gustos

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Un año más  y ya van cinco en la sección literaria de Indienauta queremos celebrar el Día del Libro por todo lo alto. Y, para ello, hemos preparado una amplia y variada lista de recomendaciones música, literatura, ensayo, cómic… con la que seguro encontraréis ese libro que os enganchará durante días. ¿Preparados? ¡Allá vamos!

MÚSICA

Bob Dylan. La biografía, Howard Sounes (Reservoir Books, 2016)
Dentro de los libros sobre música, podríamos dar por hecho que existe, dada la cantidad de referencias publicadas, una «subcategoría Dylan» —o dylanología. Una de las más populares y comentadas es la biografía del periodista británico Howard Sounes que ahora, aprovechando el momentum generado por el Nobel, nos llega en versión ampliada y revisada. Tres años de ingente trabajo de investigación apuntalado con entrevistas a cerca de 250 personas próximas al mito —huelga decir que no colaboró—, convierten a este «mamotreto» en la fuente más valiosa si de lo que se trata es buscar el dato o la información disponible sobre fechas y circunstancias, desde las características de sus grabaciones hasta cuestiones de índole privada —lo más cercano a «cotilleos» sobre Dylan que uno haya leído—. Y aunque resulta forzosamente incompleta porque hay episodios de la carrera/vida del de Minnesota sobre los que apenas ha conseguido escarbar —su desaparición tras el accidente de moto o su furibunda cristianización— y, sobre todo, porque para Sounes la música resulta claramente secundaria, su trabajo es una gran opción para complementar otras obras —de Greil Marcus a Martin Scorsese pasando por Todd Haynes o Sam Shepard, sin olvidar las Crónicas del propio Dylan, unas memorias tan deslumbrantes que justificarían por sí solas una docena de galardones de literatura de la Academia Sueca— que sí inciden en sus canciones, textos y su enorme papel en la cultura y el arte del último medio siglo.

Tarántula, Bob Dylan (Malpaso, 2017)
Seguimos en la «categoría Dylan». Aunque este libro es inclasificable. Y no lo vais a entender. Porque no se entiende. Nada. Pero da igual. Es Bob Dylan abrazando la prosa Beat, automática, espontánea, el flujo incontenible de la consciencia vertida al papel, en una sucesión de imágenes, personajes y situaciones indescifrables y, sin embargo, subyugante. Un experimento literario en el que uno sospecha hubieron bastantes estupefacientes involucrados —el libro vio la luz originalmente en 1971, pero estaba listo para ser publicado en 1965, época previa al ya mencionado accidente en la que es conocida la adicción del bardo a las drogas—, pero que entronca directamente con obras maestras «diletantes» como Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde. De hecho, si para algo sirve Tarántula, además de para «perderse» en él —detallazo de Malpaso que la obra haya sido publicada en versión bilingüe, mucho más sencillo encontrarle la musicalidad a los textos— es para poner de relieve de un plumazo que a Dylan los géneros se le quedan pequeños —a jorobarse haters y tertulianos oportunistas de redes sociales—. Aquí hay poesía, música, prosa, irreverencia e iconoclastia. Aquí está, riéndose a carcajada limpia mientras desmonta Black Betty, «Jokerman» alucinado y sin frenos…    

Reunión masiva en la Luna, Algora (The Klein Press, 2016)
El proyecto personal de Víctor Algora, y su álter ego La evolución del hombre al pájaro, ha llegado en este 2017 a los trece años de andadura y, en uno de esos hechos que demuestran mejor que cualquier sesudo análisis el impacto de su música en el «underground patrio», desde The Klein Press (TKP) le han montado un homenaje brutal en forma de libro ilustrado de canciones que, al mismo tiempo, es toda una exposición gráfica colectiva del panorama creativo en España. Auténtico encuentro en la cumbre, nada menos que 53 diseñadores se ponen manos a la obra para ilustrar libremente otras tantas de sus canciones, conformando un «artefacto» de suntuosa y estimulante edición, dada su excelsa diversidad de estilos visuales que acompañan a los temas del músico afincado en Madrid. Un «capricho editorial» la propia TKP dixit, de rigurosa edición limitada, que se completa con un prólogo de Paco Tomás del programa de Radio 5 Wisteria Lane y un CD con tres piezas, una de ellas, Anatomía animal, que cuenta con la colaboración de Florent de Los Planetas. Arte lunar.

Quema la memoria, The New Raemon (Lunwerg, 2017)
Otro magnífico cancionero ilustrado que acaba de publicarse es el de mi admirado Ramón Rodríguez, uno de los dos ítems que, junto al doble vinilo recopilatorio del mismo título, sirven para conmemorar la década de trayectoria de The New Raemon entre nosotros —y también tener a mano un par de regalazos para fans, sea en Sant Jordi u otra fecha señalada—. Más de 80 textos que han pasado por el filtro, personalísimo, impresionista y aquí bastante oscuro —ganan las tinieblas a los rompehielos— de la ilustradora valenciana Paula Bonet. La simbiosis entre la poderosa imaginería de la artista visual y las canciones del músico de Cabrils resulta tan natural como sorprendente, así como ese texto, estupenda suerte de introducción firmada por el propio Rodríguez, titulado Diez años en las carreras. En él, nuestro songwriter local favorito lidia con el tiempo, ese escurridizo cabrón, «siempre por delante de todos nosotros», mientras busca ese Santo Grial en forma de canción perdurable… en la memoria, almacén caprichoso, olvidadizo y cambiante de esos tesoros sónicos que The New Raemon ya nos ha regalado —y los que, a buen seguro, quedan— y que, en esta suntuosa obra adquieren distintos, hipnóticos, ropajes.

 

LITERATURA

Las confesiones de Nat Turner, William Styron (Capitán Swing, 2017)
Ficción creada a través de la historia o historia recreada mediante la ficción. El orden de los factores, al menos en este caso, no altera el impactante «producto literario». La privilegiada y osada pluma de William Styron, Premio Pulitzer en 1967 por esta novela, se adentró en uno de esos episodios profundamente divisivos, tan espeluznantes como reveladores, del pasado de Estados Unidos: la insurrección en 1831 en Virginia —lugar de nacimiento del propio autor— de un grupo de esclavos negros liderados por el predicador Nathaniel Turner, que acabarían con la vida de 55 blancos antes de que su levantamiento fuera sofocado. Ante nuestros ojos Styron desarrolla una obra áspera, turbadora, que nos habla de violencia y venganza, pero también de una realidad cotidiana indigna, asfixiante, cuyos ecos de bochornosa injusticia y explotación aún resuenan con fuerza, vergonzosamente, hoy en día. Las confesiones del esclavo alzado en armas, su propia narración previa a la inevitable ejecución, sobrecogen por su apabullante complejidad, una intensa mezcolanza de humanidad rabiosa rebelándose ante la opresión, confusión atribulada tamizada por designios religiosos, junto a la incisiva composición de las estructuras mentales de la sociedad esclavista. Tremenda, relevante lectura.  

La guardia, Joydeep Roy-Bhattacharya  (Sexto Piso, 2017)
En menos de un año, ya son tres las ocasiones en las que Sexto Piso se ha «sacado de la manga» una obra que propone una mirada diferente, una «vuelta de tuerca» refrescante a la novela bélica. Primero con la soberbia Preparación para la próxima vida —aunque podríamos considerarla posbélica—, luego con la audaz estructura «deconstructiva» de Anatomía de un soldado y ahora con La guardia, traslación del mito clásico de Antígona a la más que contemporánea guerra de Afganistán. El relato de un mismo hecho, la aparición de una desconocida mujer frente a una base militar estadounidense en Kandahar reclamando el cuerpo de su hermano, víctima mortal de los enfrentamientos de la noche anterior, desde múltiples puntos de vista. ¿Amenaza terrorista, avanzadilla de una emboscada, mente enajenada u ocasión para mostrar algo de humanidad en medio de la sinrazón de la contienda? Roy-Bhattacharya desplaza y fractura el foco de la batalla para situarlo en la desafiante mujer y las mentes de los soldados, expuestas en toda su complejidad y naturaleza ante una situación anómala en medio del estrés paroxístico del conflicto. Los desnudos y los muertos en el siglo XXI. Siempre los muertos…   

El salvaje, Guillermo Arriaga (Alfaguara, 2017)
Si sois de los que preferís los «novelones», apostad por el retorno de Guillermo Arriaga —escritor, productor y director, aunque conocido principalmente por su labor como guionista de películas como Amores perros, 21 gramos o Babel, entre otras— a la literatura. 700 páginas desbordantes, torrenciales, arriesgadas —no pocas veces flirtea con el exceso y la exacerbación gratuita de la tragedia, igual que en sus celebrados guiones— y valientes. Utilizando otra de sus «marcas de fábrica», el cruce de historias, Arriaga conecta un poderoso relato de venganza que tiene bastante que ver con su propia infancia-adolescencia en Colonia Modelo, barrio obrero de Ciudad de México, junto al periplo de un cazador de lobos inuit en los paisajes helados del Yukon canadiense. Pero hay más: fanatismo religioso ultraderechista, tráfico de drogas, corrupción, un vínculo profundo y visceral, muy particular, con la naturaleza, amores más grandes que la vida que resultan imposibles… El salvaje no es perfecta, ciertas salidas de guion —determinadas excursiones poéticas y digresiones mitológicas podrían reducirse— y maniqueísmos del narrador, que impide que el lector tenga su propio espacio, le restan impacto. Sin embargo, jugar tan fuerte, mantener el ritmo y nuestro interés durante tanto tiempo no está al alcance de muchos. Daros un paseo por el lado salvaje…  

Era tarde, muy tarde, James Kelman (Galaxia Gutenberg, 2013)
Una opción que no suele fallar es rebuscar entre el catálogo de Galaxia Gutenberg a la caza de alguna joya olvidada o que no recibió la consideración que merecía en su momento. Como esta amarga novela escocesa, ganadora del Premio Booker en 1994 con no poca polémica —«vandalismo literario» según el Times, una «mierda» para un miembro dimisionario del jurado del Premio—. Soez, malcarada y desoladora, el monólogo interior del (mal)vividor Sammy Samuels, escrito en ácido sulfúrico —la voz narrativa es un triunfo—, hierve como si fuera el portavoz rabioso y noqueado de las clases bajas de Glasgow, componiendo su letanía estoica y claustrofóbica del perdedor a través del día después de otra jornada —¿o quizás sea finalmente la JORNADA?— en que se perdió, de nuevo, el control. Las consecuencias del desastre son tanto físicas, machacado y con una ceguera que le obliga a replantear su día a día de trapicheos y vida en «el alambre», como, por encima de todo, emocionales. El único camino es «cuesta abajo»… ¿Hay espacio para la esperanza para los vencidos? ¿Henry «Hank» Chinaski tenía un hermano en Escocia? Preguntas que sólo se resuelven leyendo…


Reflejos en un ojo dorado, Carson McCullers (Seix Barral, 2017)
En este 2017 celebramos el centenario del nacimiento —coincide también con el 50ª aniversario de su fallecimiento— de una de las más GRANDES, Lula Carson Smith, universalmente conocida como Carson McCullers. Y como para este servidor se trata de una de sus autoras de cabecera, su incomparable —desgraciadamente corta— bibliografía va a desfilar por estas páginas durante este año. Comenzamos con la más breve, intensa y agria de sus novelas, un ejercicio de precisión y condensación pasmoso en la que la escritora de Columbus, Georgia, nos introduce en los secretos, mentiras y miserias de un pequeño grupo de personas aislados en una base militar en tiempo de paz. Aparentemente sumidos en su tediosa rutina castrense, pronto ese microcosmos hipercerrado va revelando su enfermiza naturaleza, en una trama donde la fragilidad humana y la violencia institucional —como bien señala Cristina Morales en el nuevo prólogo— se entremezclan, siempre guiados por la proverbial sutileza de la prosa de la autora sureña, mientras va poniendo en cuestión nuestro arbitrario concepto de normalidad, concentrando y exponiendo el «Sentido del Horror» —el término no es mío, sino de Tennessee Williams en el soberbio epílogo que cierra esta edición conmemorativa— en esta pequeña por su extensión— obra maestra. Vendrán más…

El diez por ciento de tu vida, Hiber Conteris (Yulca Editorial, 2017)
No podía faltar una novela negra. Pero no una cualquiera, sino el caso más extraño y sugerente al que jamás se haya enfrentado el detective por antonomasia del género, Philip Marlowe: investigar qué hay detrás del presunto suicidio de Yensid Adress, renombrado agente de los guionistas más codiciados, entre ellos el del mismísimo padre literario del investigador, Raymond Chandler, en ese icónico Hollywood de los años cincuenta con más cadáveres en sus esquinas de los que la «montaña mágica» es capaz de esconder. Escrita desde la cárcel por el uruguayo Hiber Conteris —represaliado por su lucha contra la dictadura— su autor nos brinda un homenaje sencillamente memorable al maestro del noir, aquí un personaje más —y no precisamente menor— que, además, es capaz de desdoblarse en un singular artilugio literario, parte thriller rebosante de intriga y acción, con una recreación minuciosa de los ambientes chandlerianos y la sombra del macartismo de fondo, parte entretenidísimo ensayo —porque son sus autores/personajes quienes debaten— sobre el mismo género y su lugar dentro del canon literario universal, parte juego de espejos y planos sobre la obra de Chandler, con test final incluido para sus fans más acérrimos. Disfrútese en compañía de un buen Talisker

Yugoslavia, mi tierra, Goran Vojnovic (Libros del Asteroide, 2017)
La guerra de los Balcanes fue —para los que empezamos a tener una edad— una de las primeras que conocimos «a golpe de televisión». La era digital que engulle y, con frecuencia, denosta la historia, parece haberla convertido en algo lejano y borroso, cuando el cruento, terrorífico conflicto, no hace ni veinte años que finalizó, dinamitando a un «país de países» fallido, multinacional y repleto de complejidades. Es en ese magma de rencores añejos, silencios irresolutos e intentos por reemprender la rutina que conocemos a Vladan Borojevic, quien en una inocente búsqueda del nombre de su padre en Google —miembro del Ejército Popular Yugoslavo fallecido en combate— descubre que además de no estar muerto, es un criminal de guerra buscado internacionalmente. El shock devolverá al protagonista a su infancia —dura, triste y solitaria—, haciéndole revivir su particular visión de la contienda e impulsándole a una exhaustiva indagación del pasado, siendo su progenitor la pieza final del rompecabezas. Relato acre, incómodo y sobrecogedor, Yugoslavia, mi tierra es un claro ejemplo de que las cicatrices de una guerra civil repleta de vergüenzas escondidas siguen lacerantes. Porque los hechos —invocando siempre al mal menor— se barren «bajo el felpudo» y así la gente queda olvidada en las cunetas —¿os suena familiar?—.

 

OTRAS TEMÁTICAS

Historias de Hollywood, Daniel Fuchs (Gallo Nero, 2017)
Y seguimos hablando de ficción, porque nos vamos a Hollywood para adentrarnos entre las bambalinas de la «fábrica de los sueños» de la mano de Daniel Fuchs, uno de los muchos novelistas-metidos-a-guionistas a finales de los años treinta, quien nos cuenta sus vivencias a base de relatos de ficción y textos autobiográficos, en los que relata con todo lujo de detalles sus —ojo— cincuenta años en el gremio. Hay fiestas, líos de faldas, desfases y magia del cine —demostrando sin ambages que era un firme «creyente»— pero también espacio para la pura y dura realidad. La que dice que da igual quien seas, siempre puedes caer en el olvido, incluyendo algunas majors que sucumbieron a la «rueda» siempre en movimiento del séptimo arte, así como a su paulatino declive. Y en ese microcosmos en constante cambio también se detiene a analizar su propia profesión y a los que, como él, se dedicaban a escribir mil y una propuestas que quedaron abandonadas en un cajón. Y que acabaron debatiéndose entre aquello que les gustaría hacer —ser escritores— y el trabajo de estudio que les pagaba un sueldo a final de mes. Fuchs nos invita a una sesión continua de caos, divertida locura, frustraciones, efímeros triunfos y, por supuesto, muchas películas. Luces, cámara… ¡y acción!

Los que sueñan el sueño dorado, Joan Didion (Literatura Random House, 2012)
Tras quedar noqueado hace tan solo unos meses por Según venga el juego, la última novela de Didion en ser publicada en nuestro país, uno quería más. Y, gracias a la inestimable cortesía editorial de Literatura Random House, aquí la tenemos, en esta ocasión en su faceta de periodista y ensayista, aunque la palabra que mejor le encaja es la de cronista. Lúcida, incisiva, idiosincrática, y con anormal frecuencia, deslumbrante cronista. Escritos en diversos medios de comunicación a lo largo de veinte años, Didion radiografía como nadie la sociedad norteamericana, con desarmante hondura las décadas de los 60 y 70 —ahí está esa joya indiscutible llamada Arrastrarse hacia Belén— desde un caleidoscopio de enfoques. Inmigración, política, exilio, contracultura, recursos naturales, Hollywood… De Ronald Reagan a John Wayne, pasando por el terror causado por la prepotencia imperialista del país en El Salvador, nada escapa a su personal mirada. Ni siquiera ella misma, con profusión de pasajes autobiográficos —mucha atención a Apuntes de una nativa y el conmovedor Después de Henry— que se disfrutan con igual fruición que los textos en apariencia más ambiciosos. He llegado tarde, lo admito, pero a tiempo para descubrir la grandeza de Joan Didion. Imprescindible.

Un disparo en el desierto, José Carlos García y Adrián Manuel García (Traspiés, 2017)
Venganza. Venganza en blanco, negro y sanguinario rojo. Un wéstern salvaje, directo y más seco que ese güisqui ingerido en medio de una partida de cartas segundos antes del inminente desastre. Eso es lo que nos proponen José Carlos García —guionista, intachable debut— y Adrián Manuel García —dibujante, magnético talento— en una revisión del clásico por excelencia del oeste: el duelo, aquí en macabro plural. Dos pistoleros monstruosos —dos hijos de puta tan enfermizos que ni la mente de Sam Peckinpah podría haberlos creado—, Shane «La Parca» Wallace y Richard Brown, enzarzados en una persecución atroz, donde la aniquilación del otro es la única meta posible. Partiendo de unas coordenadas tan conocidas y referenciales, claro homenaje al género en su versión más oscura, y armados con un ritmo implacable y un excelente dibujo realista, muy impactante —atentos al trabajo con las sombras, atentos a la expresividad demente de los ojos—, Un disparo en el desierto obliga a su lectura de un tirón. Como solo los buenos relatos logran.

Todos los hijos de puta del mundo, Alberto González Vázquez (Astiberri, 2016)
Y acabamos este «Especial» con un título desopilante y necesario a partes iguales. Porque tener esta obra en las manos con «la que está cayendo» en nuestro país —Cassandra, Gran Wyoming y Dani Mateo de El Intermedio, blogueros, titiriteros, tuiteros, etc—, en plena regresión democrática —eso sí, nos preocupa mucho la situación en Venezuela—, institucionalizando la censura ya sin tapujos en una sola dirección, como en la dictadura —me sé de uno que estará bien orgulloso en su tumba, por cierto, fue el fundador de cierto partido… nah, simple coincidencia—, transforma las vitriólicas y descacharrantes tiras de Alberto González —más conocido como Querido Antonio—, casi en un acto reivindicativo. En defensa del humor, de la libertad de expresión y, por supuesot, de la denuncia política y social detrás de la carcajada. Publicadas originalmente en El Mundo Today y Orgullo y Satisfacción, en estas páginas González es un «inmisericorde francotirador» que tiene para todos y en cantidades industriales. Seguramente su dibujo —es el primero en admitirlo— no sea demasiado destacable, pero en cambio la descomunal y afiladisima potencia de su guion no tiene parangón. Las personas anónimas más cafres del mundo repartiendo dolorosas verdades como escupitajos. Políticos maníacos guiados por egos monstruosos o, literalmente, mierda. El espejo deformante y grotesco de Valle-Inclán exagerando hasta el extremo la realidad, al mismo tiempo reflejando el «país de pandereta» en el que vivimos. Porque la realidad siempre supera la ficción. A fin de cuentas —never forget—, no fue Alberto González quien despachó una rueda de prensa con una pantalla de plasma…

Ya os hemos avisado, tenéis mucho donde escoger. A leer todo lo que podáis y ¡feliz Sant Jordi!

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