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Puertadeluz, Luis Bustos (Astiberri, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Nuevo cómic cortesía de Astiberri, de la mano del multifacético dibujante, ilustrador y grafista madrileño Luis Bustos y este Puertadeluz, novela gráfica que nos sitúa en un futuro tan próximo, reconocible y tenebroso que, a partir de ahora, cada vez que pase por uno de esos descampados acompañados de un rótulo gigantesco que anuncia la inminente promoción del piso nuevecito «de tus sueños», servidor va a salir corriendo como si le persiguiera el «autobús de Hazteoir». Por si las moscas…

Bustos, colaborador de Orgullo y Satisfacción y anteriormente de El Jueves, es conocido por sus trabajos junto a Santiago García en los dos volúmenes de ¡García! —también publicados por Astiberri en 2015 y 2016— o al guionista David MuñozRayos y centellas, Residuos—, además de por sus trabajos en solitario como Endurance —sobre la expedición antártica de Ernest Shackleton— o la libre adaptación de un relato de Jack London en Versus,  ahora se lanza en Puertadeluz a una siniestra, descarnada y realista distopía con trasfondo social, pero también tintes de género negro. Hay violencia, amenazadora, luego explícita y virulenta. Hay secretos, más que turbios, truculentos. Y hay una burbuja inmobiliaria que crea «monstruosidades», no sólo por la arquitectura «brutaturística» —hola Benidorm, Salou, Lloret, Las Vegas…— sino, sobre todo, por sus consecuencias para las personas que «habitan» en esas falsas promesas… que siempre acaban explotando.   

Como si Cormac McCarthy y Katsuhiro Otomo hubieran seguido de cerca la trayectoria de Aznar y Zapatero, Bustos nos conduce a una urbanización, Puertadeluz, en plena ruina, sin servicios, abandonada a su suerte, indefensa ante el pillaje y la descomposición. En ese escenario nos encontramos a la adolescente Alicia, tan intrépida y aburrida como frustrada ante la situación de desamparo que vive junto a su hermano pequeño y su padre. ¿Por qué no abandonan ese miserable lugar? ¿Por qué les dejó su madre años ha? Alicia empezará a encontrar las respuestas a partir de una incursión a un centro comercial completamente devastado, la llamada «zona fantasma», y el hallazgo de una caja muy especial. Y hasta aquí puedo leer…

Puertadeluz habla de supervivencia, crueldad y desolación. Es posible que resulte extrema y, en determinados momentos, poco verosímil debido tanto al rol de sus jóvenes protagonistas como a la envergadura del reto que deberán afrontar. Pero no creo que la solidez de la historia en cuanto a su desarrollo como thriller sea el epicentro, el foco central de interés para Luis Bustos en su relato, en el que el asfixiante negro de su tinta acongoja tanto como los rostros enloquecidos, febriles, llevados al límite. En mi opinión, el aspecto más sorprendente y estimulante es la creación de un mañana terrorífico y sociológicamente reconocible. Aislamiento —la sensación de soledad es recurrente, igual que la frase «cada uno va a lo suyo» en el cómic—, sufrimiento, desesperanza. Una «pesadilla especulada», causada por decisiones políticas atroces… que ya hemos padecido y padecemos.

En realidad, creo que el valor de Puertadeluz, de lo que Bustos quiere decirnos a través de una valiente colisión de géneros, se encuentra resumido, concentrado, en esa magistral doble página 104-105. Que la amenaza, el asesino del que uno intenta huir es el capitalismo salvaje, despiadado, siempre insaciable… junto a la falta de conciencia y solidaridad frente al vecino que sufre. Son los ominosos espacios abiertos. Los ladrillos huecos. Las construcciones que se derrumban. Los «fantasmas» de carne y hueso escondidos en la oscuridad… demasiado parecidos a nosotros como para no inquietarnos.

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