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El puente, Gay Talese (Alfaguara, 2018)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Vivo en un país en el que Ana Rosa Quintana hace periodismo de investigación, Eduardo Inda va dando lecciones de integridad por los platós de televisión —y, además, le pagan por ello— y El Hormiguero de Pablo Motos tiene un Premio Nacional de Cultura. Así que, cuando aparece publicada una obra de Gay Talese, uno de los padres del llamado Nuevo Periodismo, uno «se tira de cabeza» a por ella. Como en el caso que nos ocupa, El puente, la celebrada crónica de la construcción del puente que une Brooklyn con Staten Island, el Verrazano-Narrows, que permanecía inédita en nuestro país hasta que, cincuenta años después de su publicación original, ha sido «rescatada» por Alfaguara para regocijo de todos los que aún creemos que «otro periodismo es posible».

Porque, pese a cierta polémica con El hotel del voyeur o, en mi opinión, un traspiés como el muy olvidable Vida de un escritor, hablar del autor de piezas fundamentales como «Frank Sinatra está resfriado», «Alí en La Habana» o «El perdedor» —nadie que ame leer debería perderse Retratos y encuentros, su imprescindible antología de artículos—, u obras maestras como Honrarás a tu padre, su monumental crónica sobre la mafia que inspiró Los Soprano, es hacerlo de alguien cuya meta no es el efímero impacto inmediato, sino dejar poso, proporcionar la imagen más completa, duradera y, por encima de todo, mostrar el lado humano de los acontecimientos y situaciones «noticiables». Y en este El puente, el veterano reportero de Ocean City, Nueva Jersey, vuelve a demostrar al lector que su manera de entender el periodismo es innegociable, invitándolo a adentrarse en las distintas facetas que componen una empresa tan singular como la construcción del Verrazano-Narrows, el puente colgante más grande de Estados Unidos —sexto del mundo— pero, sobre todo, a las personas que, de una u otra forma, tuvieron que ver con su levantamiento.  

Y es que 4.176 metros de longitud y algo más de siete años en su construcción, de la primavera de 1957 a finales de 1964, le dan para muchas historias a un narrador como Gay Talese. Desde los tejemanejes políticos previos al comienzo de la obras y las protestas de los barrios afectados —800 viviendas fueron demolidas en el proceso— por su ubicación, a los bares en los que los boomers, los trabajadores del sector así llamados por su «fiebre del movimiento» —como la eterna Urge for going de Joni Mitchell— que les hacía recorrer el país en busca de la siguiente gran edificación a la que «apuntarse», se dejaban caer tras las demoledoras jornadas de trabajo, pasando por su pormenorizado, peculiar y peligroso día a día —para los que sufrimos de vértigo, lo que hicieron en esas alturas los convierten en versiones de carne y hueso de Superman—, nada se escapa a la escrutadora mirada de Talese.

El lector va a encontrarse historia, hechos, ligereza, tragedia y leyenda en El puente, doscientas páginas que se devoran con fruición —ayuda la impecable traducción de Antonio Lozano— y que además se ven acompañadas de una generosa colección fotográfica que consigue maridarse sólidamente con el texto. Talese, creo que es evidente, eleva la construcción del Verrazano-Narrows, aún hoy considerado un prodigio de la ingeniería, a la categoría de gesta, pergeñando un hálito de mito —esos apodos de los operarios clave, esas vidas truncadas o milagrosamente salvadas— en el tono y envergadura de su crónica. Pero al apoyarse en los testimonios personales y sus recuerdos para retratar tanto las anécdotas como los percances y los triunfos, el autor transforma la hazaña en un relato cercano, poliédrico, vivo, emocionante, de un tiempo pretérito que ahora parece muy lejano y, especialmente, acerca de lo que los seres humanos pueden llegar a lograr con su esfuerzo y dedicación —siempre a un paso de la obsesión, también—. No os perdáis esta magistral lección de «aquello» que llamábamos periodismo…

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