Publicidad

Pórtate Bien, Noah Cicero (Pálido Fuego, 2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Mi primera incursión en la llamada Alt-Lit fue Richard Yates de Tao Lin. Piqué como un iluso con el imperdonable título de la ¿novela? —me niego a considerarla siquiera así, no lo merece—, uno de mis autores preferidos, junto a las elogiosas reseñas señalando a su autor como “la vanguardia” o “el futuro” de la literatura. En cambio, lo que me encontré fue, en mi opinión, lamentable: hueco, inerme, pueril, tramposo, falso. ¿Eso es ser moderno? ¿Esa era la “Biblia de la generación Iphone”? Pues nada, aquí uno que prefiere ser anticuado y furibundamente ateo.

Pero de esa lectura y demoledora reseña posterior han pasado ya más de tres años, así que cuando la más que interesante editorial Pálido Fuego —gran catálogo— anunció la publicación de Pórtate Bien, la primera novela que llega a nuestro país de Noah Cicero, al que se señala como el “padrino de la generación Alt-lit”, la curiosidad pudo más que mis justificadas reservas. Y está vez, acerté.

Y eso que Pórtate Bien aúna algunos de los pecados de Lin con otros propios. Es una novela ombliguista, narcisista y pretenciosa, al menos en su arranque, donde el joven pero prolífico autor —siete novelas con apenas 34 años— revela que su intención es escribir una novela “capaz de definir a mi generación”. Posee una trama en apariencia débil y un desarrollo ágil pero poco sorprendente, alejado de rompedores juegos de lenguaje o visuales. Y, sin embargo, nada de eso importa realmente porque, lo voy a decir sin ambages, la novela es una tremenda patada en los huevos. Un manifiesto triste, diáfano, hiperrealista, de la deriva en que nos hemos metido como sociedad. El retrato, sin filtros, estilismos ni afectación de una generación —la mía, nacida a principios de los 80— que ha llegado a un callejón sin salida. Un artefacto explosivo de apenas 200 páginas.

Estamos en 2009 y, a través de la desapasionada voz del alter ego de Cicero, Benny Baradat, viajamos en autobús desde Youngstown, Ohio, ninguna parte, hasta Nueva York, donde nuestro joven camarero metido a escritor —¿o era al revés?— va a ser parte de un reportaje especial sobre el alumbramiento de una nueva estirpe de jóvenes autores que van a revolucionar el panorama literario estadounidense. A partir de esa crónica real de unos días singulares en la “Gran Manzana”, el autor muestra que tras todo ese supuesto glamour y momento de gloria hay bastante poco que celebrar. Son los malditos hipsters que diría Víctor Lenore. Pero tras su asombrosa vacuidad y supina estupidez, hay personas frágiles varadas en ningún sitio. Y una poderosa idea, amalgama de muchas, que resultaron ser todas mentira.

La idea de que la generación más preparada de la historia “se comería el mundo”, pero en cambio mira a la pobreza cara a cara, padece las tasas de paro más atroces, está condenada a trabajos de mierda por los que parece que tiene que estar agradecido o, en el caso norteamericano, se endeuda de forma insoportable si quiere estudiar. La idea de que la tecnología nos facilitaría la existencia, nos acercaría globalmente, pero en realidad nos convierte en más imbéciles y superficiales, viviendo en una burbuja aislada virtual con forma de ventana o manzana podrida. La idea de que vivimos en democracias estables, pacíficas, en las que el ciudadano es actor político, pero en realidad sólo somos los sumisos súbditos de una casta empresarial dispuesta a someter a cualquiera que se cruce en su aspiración de “maximizar” los beneficios. La idea de que tenemos que vestir a la moda,consumir más, enseñar nuestros selfies, divertirnos hasta morir… primero yo y luego yo… Sólo porque no hay futuro.

Como cantan Las Ruinas o Doble Pletina, Cicero se pregunta a través de su protagonista si no sería hora de empezar a hacer algo. Pero, ¿el qué? La bofetada más dura de Pórtate Bien es que la juventud moderna, destinada a ser la cresta de la ola, ya está resignada, ya ha asumido que lo mejor que pueden a hacer es emborracharse una vez más, divagar, quizá una noche de inerme, yermo sexo casual, y a la mañana siguiente, lidiar con la resaca. La alienación y la incertidumbre son el reverso de una misma moneda, paralizadora y frustrante. La munición del autor parece ilimitada y el lector, al que la historia le resulta demasiado, dolorosamente familiar, no tiene donde refugiarse.

Sin embargo, Pórtate Bien no es un tratado sobre la depresión o una invitación al suicidio. Ni siquiera es un libro nihilista. Es literatura comprometida, una crítica feroz de la realidad que le ha tocado —nos ha tocado— vivir. Pero lo hace, exponiéndose a sí mismo, para provocar la reacción, la sacudida. Cuando arremete contra sus personajes, contra sí mismo de hecho, nos está diciendo —se está diciendo— ¡reacciona! No hay tiempo para la absurda autocompasión o condescendencia. Tampoco para el odio. Ni a Obama, ni a Bush, ni a Reagan —insertar a “los nuestros” aquí— ni para lamernos las heridas. A Baradat le asquea su pequeña ciudad porque es una ratonera inmunda. Pero también es capaz de ver que el fulgor de los rascacielos de Manhattan lo producen artificiosas luces de neón. No, no hay soluciones fáciles, pero al menos sí algo parecido a “abrir los ojos”. El primer paso para cambiar.

No creo que nunca pueda perdonarle a Tao Lin mancillar el nombre de Richard Yates. O si ahondaré o no en la generación Alt-Lit. De lo que sí estoy seguro es que estaré atento a la próxima publicación de Noah Cicero.

To Top