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Planos del otro mundo, Ryan Boudinot (Pálido Fuego, 2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Tercer encuentro con la editorial malagueña Pálido Fuego este año en Indienauta, tras la más que recomendable Pórtate Bien de Noah Cicero y la indispensable Zeroville de Steve Erickson. Insisto, vale mucho la pena echar un buen vistazo a su catálogo. Mucho que descubrir. Como el caso que nos ocupa, la primera novela que aterriza en nuestro país del norteamericano Ryan Boudinot. Una inmersión en la ciencia ficción en su versión más distópica, disfuncional e irreverente. O si lo queréis sin filtros ni cortapisas en forma de adjetivos, una “ida de olla” en toda regla de lo más disfrutable.

Confusión. Paranoia. ¿Progreso? Un poco más de confusión. Una ingente dosis de locura y juego del absurdo. Muchas referencias a la cultura popular –uno de los personajes clave se llama El Último Nota– y, por si no había quedado claro ya, algo más de confusión. Planos del otro mundo nos sitúa en un planeta Tierra alrededor de un siglo después de nuestros días, marcado por el fulgurante –y sin embargo no descabellado– avance de la tecnología, maridada definitivamente a nuestra biología humana, y por el drástico diezmo de la población causado tanto por una serie de crisis, que incluyen desastres naturales, guerras, epidemias y –no miento, lo juro– un glaciar asesino, como por la necesidad de alcanzar un nuevo equilibrio –no es una idea nueva, leed El informe Lugano– a nivel ambiental y de recursos. Clones denominados neohumanos y personas con implantes conviven aparentemente sin mayores problemas. ¿Pero qué sucede cuando los programas informáticos que pueden manipularse ya no están en un ordenador sino son parte de nuestro cuerpo?

Boudinot es un sátiro despiadado. Diseña una estructura de capítulos y personajes alternos, cuya historia se nos muestra troceada, sumiendo al lector en una por momentos desconcertante, imposible sucesión de tramas conspiratorias en los que nuestros personajes son pobres diablos, perdedores anónimos elevados a la categoría de “elegidos”, mesías, justicieros-criminales y buscadores de la ¿única? verdad. Hay una larga entrevista por capítulos con una de los protagonistas, Luke Piper, que va revelándonos poco a poco un posible hilo conductor que ponga algo de orden a todo este caos… ¿o son sólo delirios y aguda paranoia? Me imagino al autor, desternillándose cruelmente ante el permanentemente descolocado lector.

Planos del otro mundo toma prestadas numerosas ideas de la ciencia ficción, como la eternamente clásica “rebelión de las máquinas”, los replicantes y el inquietante interrogante sobre “qué es real”… para retorcerlas a su antojo. Boudinot crea una historia que pasa de una insignificante y excéntrica bola de nieve rodando a un alud de dimensiones gigantescas en apenas 30 páginas. Quizás se le vaya algo la mano con tanto exceso, principalmente de páginas, también de protagonistas cuya relevancia no queda del todo clara y, sobre todo, con una narrativa demasiado a “lo Foster Wallace” –sin notas al pie–, es decir, mordaz, punzante, exigente e inquisitiva para el lector. El problema es que, a veces, igual que sucedía con la prosa del malogrado genio de Ithaca, uno tiene la sensación de que el autor posiblemente disfruta más que quien lee.

Pero es una queja menor, porque la mayor parte del tiempo, en Planos del otro mundo lo que denomina es la emoción de la incertidumbre, de encontrarnos ante una novela impredecible en la que todo puede pasar –esa alucinante idea de Nueva York Alki renacida en la isla de Bainbridge–. Además, pese a su elaboradísima trama, diría que aquí no hay intención del autor de tomársela demasiado en serio, siendo en cambio una muy negra, lacerante parodia de la realidad de nuestro día a día. Cada vez más tecnológico, individualista y artificial, a la par que menos humano. Cada día más delirante en sus ansias de producir más, mientras devasta su ecosistema, obviamente necesario para su existencia. O, en un planteamiento no solo irracional, sino aberrante, cada vez más atenazado por el miedo y la obsesión de la seguridad, y dispuesto a sacrificar sus libertades para garantizarla. Son las sangrantes paradojas que Planos del otro mundo señala bajo una gruesa capa de sarcasmo y una memorable demostración de lo lejos que puede llegar una imaginación desbordante. Tanto si os gusta la ciencia ficción como si lo que buscáis en una novela es que os sorprenda, aquí tenéis una gran opción.

 

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