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El pájaro carpintero, James McBride (Hoja de Lata, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Mientras el _______ —el improperio queda a vuestra elección— ocupante de la Casa Blanca ahora la emprende con la élite del deporte americano a raíz del «caso Kaepernick», nosotros seguimos hablando de novelas sobre la esclavitud negra en Estados Unidos. Tras la excelente El ferrocarril subterráneo, hoy, gracias a los amigos de Hoja de Lata traemos El pájaro carpintero de James McBride, una mirada atrevida y original, en la que convergen picaresca, aventura y una imparable, contagiosa, vis cómica, a un período catártico, fundamental, de la Historia de los Estados Unidos: los albores de su Guerra Civil.

Ganadora del National Book Award en 2013, en El pájaro carpintero el neoyorquino James McBride, saxofonista de jazz y guionista además de novelista, reconstruye los hechos documentados a través de la autobiografía parcial de un personaje ficticio, Henry «Cebolla» Shackleford, como vehículo literario para hablarnos de esos años volátiles, coléricos, —y violentos, huelga decir—, así como, muy especialmente, de una de sus figuras más controvertidas —héroe americano para unos, asesino y terrorista para otros— y legendarias. El abolicionista blanco John Brown «el Viejo».

Shackleford apenas es un adolescente mulato cuando su destino quedará irreversiblemente ligado al de la cruzada antiesclavista de Brown en Kansas —pierde a su padre en el tiroteo que supondrá su ¿liberación? del negrero Henry «el Holandés» Sherman, y, en el primero de los múltiples e hilarantes malentendidos por venir, también su identidad masculina— pasando a formar parte, con o contra su voluntad, de su ejército de liberación del pueblo negro. A partir de aquí, gracias a «Cebolla», seremos testigos privilegiados de un periplo entre el surrealismo armado y el idealismo que abraza la locura —no estoy hablando de Cataluña, palabra—, hasta la batalla final en Harper’s Ferry, Virginia, de 1859, considerada por muchos historiadores como uno de los antecedentes catalizadores de la guerra entre el Norte y Sur.      

Fanatismo religioso enloquecido «nivel» Juana de Arco, más improperios que en cualquier edición de La Razón o Twitter, tácticas y estrategias militares suicidas, una milicia conformada mayoritariamente por desharrapados, indeseables, vividores y analfabetos, prestos a abandonar la expedición al menor revés… Bajo la superficie del disparate de empresa liderada por Brown «el Viejo», narrado por «Cebolla» con una mezcolanza de ingenuidad —generosa en puyas mordaces, eso sí— y la sabiduría obtenida por la distancia y la madurez que dan los años en los que, supuestamente, escribió sus memorias, McBride logra que su texto funcione a muchos niveles. Por un lado, es una obra entretenidisima, con acción, apenas ningún respiro, y muy muy divertida, hecho que debemos agradecer no solo a su autor, claro, sino igualmente a la estupenda labor de Miguel Sanz Jiménez —no me puedo creer que sea su primera traducción—. Por otro, bucea y fábula con la historia de su país sin miedos ni cortapisas, «bajando a la Tierra» acontecimientos, mitos y héroes —de la causa antiesclavista sólo Harriet Tubman, «la General», mantiene su aura icónica, mientras Frederick Douglass es vapuleado sin miramientos—, para dejarnos, a cambio, con un buen puñado de iluminados, mucho azar y aún más desesperados. Y aún me queda un tercer «lado» por desgranar

Porque, a través de la comicidad y refrescante chifladura de El pájaro carpintero, se abre paso la conciencia y el reconocimiento de la propia identidad de «Cebolla», que fácilmente puede extenderse a la de la toda población negra. Nuestro(a) protagonista primero quiere regresar a la —falsa— seguridad conocida de su amo, que a cambio de su servitud ofrece certezas como comida diaria y un lugar en el que dormir, mientras que su demente liberador le garantiza poco más que sermones bíblicos y una muerte precoz y sangrienta… Pero a medida que la novela avanza y «Cebolla» viaja junto a la inconcebible tropa, va adquiriendo el discernimiento de que la causa de John Brown, pese a todo lo quijotesca y quimérica —el lector conoce el desenlace de antemano— que pueda resultar, es una por la que vale la pena luchar. El disfraz de chica —elemento gracias al cual McBride apunta cuestiones acerca del papel de la mujer en la sociedad de la época, aunque no profundiza en demasía— no puede llevarse siempre… Es el pueblo negro despojándose de la máscara, asumiendo su propia voz.

Un personaje gigantesco, memorable, en John Brown —imposible no cogerle cariño al final del libro, por muy sonado que estuviera—. Aventuras y risas por doquier, invocando con éxito al espíritu de Mark Twain Épicas —vale, a menudo también esperpénticas— batallas. Una sanísima sensación de caos e irreverencia al tratar, de hecho revisionar, algunas de las páginas más sagradas de la historia yanqui. Y un fascinante trasfondo acerca del papel del individuo y los colectivos en las transformaciones socio-políticas. ¿Quién da más? El pájaro carpintero va directa a la lista de lo mejor del año para un servidor.

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