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Nick Drake: recuerdos de un instante, Gabrielle Drake y Cally Calomon (Malpaso, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

La colección musical de Malpaso nos ha deparado ya una buena cantidad de libros memorables. Por citar algunos, las memorias de John Lydon o Morrissey. El extraordinario trabajo de Dorian Lynskey en el indispensable 33 revoluciones por minuto. O los volúmenes, entre la memorabilia y el homenaje, dedicados a los cancioneros de Joy Division o Van Morrison… Una lista de lecturas a la que ahora hay que añadirle una referencia destinada a ser una de las «joyas de la corona» de la editorial. Me refiero a Nick Drake: recuerdos de un instante, la obra definitiva sobre el malogrado y —póstumamente— legendario músico folk británico.

Gestado gracias a la labor de recopilación documental de la hermana de Nick, la actriz Gabrielle Drake —conocida por sus papeles en series como UFO, Crossroads o Coronation Street—, junto a Cally Calomon, músico —batería y compositor de las bandas The Bears y The Tea Set — y custodio del legado del artista, Recuerdos de un instante es un libro tan fascinante como imposible de catalogar. Porque en él se dan cita la habitual reconstrucción memorialística de la breve y singular existencia de Nick Drake, fallecido a los 26 años tras sucumbir a la depresión, junto a una generosa cantidad de ensayos acerca de su escurridiza, e ignorada entonces, carrera musical. Pero hay mucho, mucho más…

Para empezar, el enfoque. Recuerdos de un instante es un libro coral, y para una figura tan enigmática como Nick Drake —que el 99,9% de nosotros ha conocido muy a posteriori de su temprana desaparición en 1974— la multitud de voces aquí reunidas, del ingeniero de sonido de sus discos al médico que no pudo salvarlo pasando por su familia, amigos, músicos con quienes colaboró, resulta, en mi opinión, la mejor manera de abordar la esquiva trayectoria del músico nacido en Rangún, Burma. Es un ensayo compuesto por decenas de ensayos, un puzle que no pretende —porque no podría— que todas las piezas encajen, sino ofrecer la fotografía más nítida posible… aún sabiendo que, por fuerza, va a ser borrosa, inexorablemente transformada por el paso del tiempo, el recuerdo y, claro está, la mitomanía.

Y luego, Recuerdos de un instante brinda algunos momentos literariamente brillantes y humanamente demoledores. Como la desarmante correspondencia mantenida con sus —maravillosos— padres a lo largo de sus años formativos y durante sus cruciales estancias en Aix-en-Provence y Marruecos. El género epistolar, en el que las misivas, sobre todo con su padre Rodney Drake, van adquiriendo un tono de sombría preocupación, unido al difuso diario llevado por éste de la convalecencia de su hijo hasta el conocido y fatal desenlace es casi una lectura paralela dentro del libro, con fragmentos ahora hermosos, otrora sobrecogedores. El lector, testigo privilegiado de una intimidad familiar con el más triste de los finales.  

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. Además de un apabullante compendio de todo tipo de material gráfico —presentado con esmero en la lujosa edición original, reproducida fielmente por Malpaso, que ha contado con Luis Murillo Fort en las labores de traducción—, Recuerdos de un instante también incluye un análisis pormenorizado de todas las canciones de Drake, tan exhaustivo que a los que nos contamos entre los fans del británico, a veces nos plantea la duda de si seguir leyendo, temerosos de que tanta disquisición sobre patrones de estrofas descendentes y acordes menores vaya a acabar con la magia de unas canciones que siempre habíamos considerado etéreas, sortilegios para oídos y mente.

En definitiva, Recuerdos de un instante son casi 500 páginas que seguramente no logran revelarnos el misterio de unas canciones eternas y una existencia truncada trágicamente y, huelga decir, demasiado pronto, pero nos aproximan al artista, su arte y sus circunstancias como nunca habíamos imaginado. Es un libro OBLIGATORIO —o un regalazo perfecto para estas fiestas— para quienes alguna vez hayan quedado atrapados entre las delicadas y melancólicas brumas de las canciones de Nick Drake, así como para todos los melómanos o «curiosos musicales» deseosos de adentrarse en uno de sus capítulos más indescifrables y sugerentes.

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