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La señora Fletcher, Tom Perrotta (Libros del Asteroide, 2018)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Hoy regresamos a la «América de los suburbios» de la mano de Libros del Asteroide y La señora Fletcher, la más reciente novela del escritor y guionista Tom Perrotta, conocido tanto por sus obras como sus adaptaciones al cine —Election y Juegos de niños, por cuyo guión fue nominado al Oscar— y las series, siendo el creador de la exitosa The Leftovers. Sexo, decepción y aburrimiento en la era digital con un libro que apuesta por la sátira —a la que hay que defender si cabe con mayor hincapié en estos tiempos funestos contra la libertad de expresión y pensamiento— para retratar lo absurdo de la vida actual. ¡Ah! Se me olvidaba. Pronto en todas sus pantallas, cortesía de HBO, por supuesto…

La señora Fletcher nos habla de Eve, la dama del título, una calladamente atribulada mujer divorciada en el epicentro de la cuarentena, dispuesta a combatir el «síndrome del nido vacío» y, aún más importante, su soledad, una vez que su único hijo Brendan, el otro protagonista del libro, se ha marchado a la universidad. Entre lo jocoso y lo patético, el lector presencia como Eve, híper responsable —es la directora del centro para mayores de Haddington, Newark—, seria, eficiente y culta, decide aprovechar su mayor tiempo libre apuntándose a un curso universitario sobre «género y sociedad», tanto para alimentar su sed de conocimientos como para conocer nuevas amistades… al mismo tiempo que se «engancha» a la pornografía en Internet. Mientras tanto, las expectativas de Brendan sobre un presente de juergas interminables, múltiples escarceos amorosos y hacer lo que a uno le venga en gana en todo momento, muy pronto se darán de bruces con una realidad universitaria muy distinta a la de su limitada imaginación. La «bola de nieve» comienza a rodar…

Perrotta es atrevido y, con frecuencia, punzantemente ocurrente con este planteamiento, siempre con la mirada puesta en proponer una acerada radiografía social de los «tiempos que corren». Selfies subidos de tono, sexting, perfiles de Tinder, MILFs, «privilegio blanco», identidades de género confundidas con puntuales e inexplicables apetitos sexuales, yoga, Netflix, kale, listas evidentemente absurdas, la vida «proyectada» en una red social… En ocasiones, La señora Fletcher parece un ataque en toda regla al «universo hipster», pero el autor de Nueva Jersey sabe utilizar esos elementos secundarios para mostrarnos con mordacidad la angustia de unos personajes profundamente frustrados con sus expectativas de vida, impelidos a caer en esas nuevas adicciones del siglo XXI que acontecen frente a una pantalla de móvil o cualquier tipo de dispositivo electrónico. Y, de paso, también las de unas generaciones —padres e hijos— sobradamente preparadas, evolucionadas digitalmente y, sin embargo condenadas a trabajos precarios, hipotecas y deudas masivas y un vacío emocional cuasi mayor que la cantidad de pornografía que aguarda al adocenado internauta en el que debería haber sido el «invento de inventos» de la pasada centuria.  

El problema de La señora Fletcher es que, mientras el personaje de Eve es notable, lleno de sutilezas que matizan los arquetipos que Perrotta satiriza, resulta mucho más complicado —por no decir imposible— empatizar con Brendan, algo demasiado parecido a un capullo en potencia, un niñato consentido, egoísta y pasivo, lo que provoca que una parte del libro pase de lo ingenioso a rozar lo enojoso. Quizás sea precisamente esa la voluntad del autor —insinuar temas como el «privilegio blanco» anteriormente mencionado, a un simple paso del «nini», el «bully» e incluso el violador en ciernes—, cuyos trabajos anteriores ahondaban en el lado más oscuro de las adicciones y miserias humanas. Pero, en cambio, el contraste con el tono general de esta novela, liviano, irónico y amable, es palmario, y hace que ésta, al menos mi juicio, se resienta. Pese a ello, La señora Fletcher es una lectura entretenidisima, muy dinámica —a lo que sin duda contribuye la fluida traducción de Mauricio Bach—, convincentemente actual, voyeuristicamente morbosa, e irremediablemente adictiva. Cuidado con lo que deseas…  

 

 

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