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La grieta, Carlos Spottorno & Guillermo Abril (Astiberri, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

De la mano de Astiberri, hoy volvemos al cómic, en su versión más comprometida, transparente y devastadora, con La grieta, de los periodistas españoles Carlos Spottorno y Guillermo Abril. Un apabullante trabajo en el que la otrora noble profesión, junto al octavo y noveno arte, se funden para crear un «artefacto» de incontestable pegada y relevancia. Un testimonio sobre la vergüenza más execrable —hay muchas más, empezando por la montaña de corruptos y/o fascistas que copan el Parlamento Europeo— de la Unión Europea. La mal llamada «crisis» de los refugiados, un eufemismo cobarde para hablar de un genocidio por omisión del deber de socorro.

La grieta es el resultado de tres años de labor por parte del reputado fotógrafo documental Carlos Spottorno —largo currículum de publicaciones en medios nacionales e internacionales y premios, entre ellos un World Press Photo en 2003— y el reportero Guillermo Abril, habitual de El País Semanal. Precisamente, sería dicho semanario el que los conectase, colaborando en el cortometraje A las puertas de Europa, por el que recibieron el World Press Photo 2015. Ahora, en La grieta uno aporta cerca de 25.000 fotos y el otro 15 cuadernos de notas para contar lo que sucede en las fronteras —digamos las exteriores, otro día podemos hablar de las interiores que aún existen— de «nuestra» Unión Europea.

Y lo que han conseguido al sumar sus talentos es verdaderamente impresionante. En lo que se refiere al formato —la edición de Astiberri también contribuye, es impecable—, La grieta es un híbrido fascinante entre el reportaje fotográfico y la novela gráfica, entre el ensayo geopolítico y la narración acompañada de impactantes visuales, con las imágenes transformándose en viñetas mientras el texto conduce y aporta los datos, además de las ocasionales reflexiones. Quizás las palabras resulten menos memorables, la tarea de Abril quedando en un segundo plano ante lo sensacional y chocante de las fotos convertidas —«tratadas» sería la expresión correcta— en ilustraciones. Pero, en definitiva, La grieta es un hermosísimo, a la par que sobrecogedor, documental en viñetas.

Porque indisociable de lo visual, en lo que tiene que ver con el contenido, La grieta igualmente aturde, golpea y sacude. Estructurado como un diario de campo, los periodistas recorren los límites externos de Europa, de Melilla al Ártico finlandés. De Tracia —donde Grecia, Bulgaria y Turquía se unen— a Narva, Estonia, pasando por Croacia, Eslovenia o Hungría. La realidad de un viaje penoso, repleto de seres humanos desesperados provenientes de Siria, Libia, Afganistán o Camerún, intentando encontrar una segunda oportunidad en ese oasis de paz y derechos humanos que debería ser Europa… convertida en un club de hipócritas, reunidos para asignarse cuotas de refugiados —como pedazos de un pastel que, por una vez, nadie quiere— ridículamente insuficientes entre sus miembros, hacerse las fotos de rigor, y luego pasarse su propio acuerdo por el forro de los… En ese sentido, uno de los mayores méritos de Spottorno y Abril es exponer que, además de una tragedia humana que solo puede compararse con lo que el continente padeció a causa de las dos Guerras Mundiales, y que. de hecho, fue uno de los motivos de la creación de la Unión —¿no? ¿no era eso?—, la loable idea detrás de ella se ha ido, sin más, y mucho me temo que definitivamente, a la mierda.

Hay momentos terribles en La grieta, como las atrocidades que ocurren en Melilla, el bochornoso y criminal «muro español», mientras se juega al golf en el Club de Campo, pagado con dinero de la UE; en la desbordada Italia o; absolutamente aterrador, lo que acontece en el río más mortífero de Europa, el Evros, frontera natural entre helenos y turcos. Pero el libro no es sólo el necesario recuento de las tragedias, sino un poderoso vehículo para hablar de estados fallidos, desequilibrios sociales sangrantes —allí y aquí—, nacionalismos desaforados, islamofobia rampante, políticas inhumanas, y la desbandada general de los 28 en un continente a la deriva. ¿Europa? Habrá que repensarla y refundarla de nuevo, porque más que grietas, lo que muestra este trascendente cómic es un precipicio en el que no se vislumbra el fondo. Un abismo.

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