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La fabulosa taberna de McSorley, Joseph Mitchell (Jus, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

No hace todavía un año servidor descubrió al periodista y escritor Joseph Mitchell. Fue gracias a El secreto de Joe Gould, publicado por Anagrama y destacado en nuestro ‘Especial lecturas veraniegas’ de 2016 como más que una lectura recomendable, un regalo a atesorar. Por eso, había muchísimas ganas de ponerle la mano encima a La fabulosa taberna de McSorley y otras historias de Nueva York que ahora nos trae la efervescente editorial Jus. Una especie de Best Of donde se reúnen las mejores crónicas —más algunos relatos— del autor norteamericano sobre algunos de los lugares y personajes más singulares de la «ciudad que nunca duerme». Vamos, un festín periodístico-literario de aúpa.

Nacido en Carolina del Norte, pero más knickerbocker que Woody Allen, afortunadamente para nosotros, Joseph Mitchell no cumpliría su sueño de labrarse una carrera como reportero político a partir de su llegada a la «Gran Puta de Babilonia» como denomina a la gran manzana el reverendo Hall en el magnífico, divertido y desconcertante Pasmo y espasmo. A cambio, se convertiría en un narrador memorable desde los años treinta, gracias a sus perfiles y crónicas aparecidos en el New Yorker —que no dejó hasta su fallecimiento en 1996—, sobre los «bichos raros», vividores, marginados, antihéroes, involucrados en inusuales situaciones o costumbristas lugares que configuraban el paisaje humano, el auténtico, de la ciudad durante las décadas de los 30 y 40.

El método de Mitchell era claro. Salía a buscar sus historias. Iba a esos sitios, observaba, preguntaba y escuchaba, dejando hablar a los verdaderos protagonistas, para luego trasladarlo al papel, inoculándole su personal mirada. Dicho así parece sencillo, pero lo que logra Mitchell en buena parte de estos ¿artículos? ¿relatos? es pura magia. Cojamos, por ejemplo, el texto que da título al volumen La fabulosa taberna de McSorley, una obra maestra sobre la taberna más antigua de la ciudad, una oda al polvo, al serrín, a la mala iluminación, a los taburetes desvencijados, a las paredes vetustas y, por supuesto, a los fieles «parroquianos», beodos, entrañables y míticos que, en manos de Mitchell, se transforma en todo un fresco fascinante de la época y, por ende, de esa «vieja Nueva York».

De figuras del calipso a obreros indios. De crápulas a tipos embarcados en cruzadas imposibles como la de erradicar las palabrotas. De mujeres barbudas a clanes gitanos. De «cofradías del bistec» a contemporáneos cavernícolas okupando Central Park. De almejeros a criadores de tortugas. Sin olvidar a Joe Gould, el Profesor Gaviota, el texto que lo encumbraría —¿también el causante de su legendario bloqueo posterior?—. En La fabulosa taberna de McSorley el lector va a encontrarse con un compendio de existencias y coyunturas únicas, en el que lo aparentemente anecdótico se revela como una pieza indispensable del puzle, de ese melting-pot que hace diferente a Nueva York. Porque a través de ellos Joseph Mitchell nos está narrando los relatos de la inmigración, a veces también los de la pobreza y la marginalidad, otras de la picaresca y el ingenio de la supervivencia y, en su mayoría, de lo que queda oculto, opacado tras las refulgentes luces de neón…

Exceptuando los relatos finales, secundarios, más claramente humorísticos, y algo prescindibles si los comparamos con los perfiles, la prosa de Joseph Mitchell, es pulcra y concisa, siempre poniendo por delante la historia frente a la verbigracia del autor, y va transmitiendo un tono ligeramente —por no decir bastante— taciturno. Una especie de nostalgia de tiempos pasados que ya no volverán, como ese socarrón Réquiem por un bar de mala muerte —¿recordáis el capítulo de Los Simpsons en el que Moe transforma su bar en un ultramoderno recinto para hipsters? pues ésta es su versión años 40— que al lector actual, a medida que va degustando estas crónicas, le va calando —y si vive en Barcelona, directamente golpeando—. ¿Dónde quedaron esas ciudades, ahora tristes clones para turistas cortesía de Airbnb, Inditex, Apple y McDonalds? Y, a renglón seguido, ¿dónde ha quedado esa manera de entender el periodismo? Aquí tenéis una máquina del tiempo de menos de 500 páginas que os permitirá hacer un viaje apasionante a una ciudad desbordante, interminable, exuberante. Viva.   

 

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