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La Chica del Grupo, Kim Gordon (Contra, 2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Una de nuestras editoriales preferidas, Contra, acaba de publicar uno de los libros más esperados para indies, hipsters y gafap… perdón, quería decir, para todo melómano musical que se precie —en que estaría yo pensando—. Me refiero, claro está, a la autobiografía de Kim Gordon, la ex vocalista y bajista de Sonic Youth, uno de los grupos más referenciados, influyentes y respetados del llamado rock alternativo.

En la faja que acompaña la edición española de La Chica del Grupo encontramos la siguiente afirmación, cortesía de la propia autora. —“No quería escribir las típicas memorias del mundo del rock: quería que reflejaran mi vida. Y mi vida no ha sido un camino de rosas”—. No es un eslogan pensado como gancho comercial. Realmente Gordon ofrece en estas páginas bastante más que una simple cronología de datos, anécdotas y experiencias vividas a cuenta del rock. Es un relato personal en todos los aspectos de la palabra. Reflexiones acerca de la existencia, apuntes sobre el arte y el rol del artista, esbozos sobre la relación con otras personas encapsuladas en momentos y situaciones relevantes para la autora, impresionistas significados de canciones. Un collage fragmentado que conforma una vida intensa y singular al sumar sus complejas partes.

Con sabiduría y un poderoso sentido literario, Gordon empieza su biografía por el que sería el final: el último concierto de Sonic Youth. Es un recurso brillante. Al mismo tiempo que engancha al lector más “casual” y/o morboso, se quita de encima la espinosa cuestión del fracaso de su matrimonio con el otro fundador del grupo, Thurston Moore, a causa de su infidelidad, hasta uno de los últimos capítulos —aunque la sombra del engaño de su ex marido es alargada durante toda la obra—. Así puede centrarse en contar su vida. Porque hay mucho que decir.

Y esa es la lectura más importante de La Chica del Grupo. El final de Sonic Youth no significa el final de Kim Gordon. De hecho, el otro golpe de genio en estas memorias lo encontramos en el, ahora sí, verdadero final del libro. —“Lo sé, ahora parezco una persona totalmente distinta. Y supongo que lo soy”—, sentencia, y uno no puede más que imaginársela esbozando una sutil sonrisa. Una sonrisa de victoria, también de superviviente y, sobre todo, de quién no ha dicho su última palabra. Gordon es mucho más que la bajista de un grupo de éxito mundial, o la mitad de una de las parejas más admiradas de la música alternativa. Es una artista por derecho y tenacidad propias. Un personaje público tras el que se encuentra una mujer inteligente, despierta, inquieta, polifacética y atrevida. No esperaba menos de uno de los iconos, femeninos y feministas, más poderosos que jamás haya subido a un escenario. En ese sentido, La Chica del Grupo es más una reivindicación personal de alguien que, pese a sus más de 60 años, sigue buscando colmar sus ansias, tanto artísticas como vitales.

Dicho esto, no todos los capítulos de estas memorias resultan igual de interesantes —al menos para, repito, un seguidor inconsistente del grupo—. En especial los pasajes centrados en su infancia en Los Ángeles, en su entorno familiar de clase media marcado por la esquizofrenia de su hermano, algún fragmento dedicado a la moda y la importancia de la estética —el tufillo arty siempre presente— o al “famoseo” en general. No digo que no tengan sentido. Al contrario, encajan a la perfección para reflejar los intereses, anhelos y dificultades de la vida de Gordon. Incluso admitimos haber disfrutado con los pequeños palos a Billy Corgan, Courtney Love o Lana del Rey —bueno, éste no tan pequeño—. Pero resulta más de lo que necesitamos para quiénes no nos contamos entre sus fans más acérrimos.

En cambio, hay otros capítulos sencillamente apasionantes, como en los que lidia con su condición de mujer en el machista mundo de la música —machismo extensible a los medios, el universo paralelo de las celebrities y un largo y triste etc—; o en los que se centra a comentar las dificultades —muy lejos del glamour de la estrella del rock— de criar a una hija en un ambiente y un ritmo de vida tan peculiar; o en los que se zambulle en la historia de la música norteamericana de los 80 y 90. Y luego está el capítulo 51, una lucidísima disquisición sobre la evolución de la música desde los 50 hasta la actualidad. Cinco páginas que son punto y aparte, un ensayo sobre qué significa tocar y qué espera el público de un artista. Aviso, las conclusiones no tienen nada de hermosas, pero hay más verdad en ellas que en recientes libros que intentan categorizar “lo alternativo” en un centenar de páginas. Ojala estos capítulos fueran más largos.

La Chica del Grupo no es una crónica sobre la carrera de Sonic Youth. En ese sentido, seguramente decepcionará a los seguidores del grupo que esperasen un viaje por las interioridades compositivas de Moore, Gordon, Ranaldo y Shelley. Pero, a cambio tenemos otro tipo de viaje, individual e intransferible, de un ser humano audaz, decidido, vulnerable, y valiente hasta el extremo de ser capaz de enfrentarse a sí misma, a su pasado, a sus circunstancias y dolorosos reveses, salir adelante y contarlo. En dos palabras: Kim Gordon.

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