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Kafkiana. Relatos de Franz Kafka, Peter Kuper (Sexto Piso, 2019)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Kafkiana

Recuperar a los clásicos para hablarnos de nuestra realidad más turbadora y angustiosa. Eso es lo que nos propone Sexto Piso con Kafkiana. Relatos de Franz Kafka, la adaptación gráfica de catorce de las historias breves del genio checo a cargo del artista norteamericano Peter Kuper. Una vuelta de tuerca, esgrafiada y sombría, al cronista más aventajado y certero del absurdo y la alienación humanas… involuntario visionario de la cara más espeluznante del siglo XXI.   

Tan universal que incluso «acuña» un adjetivo que, además de titular esta obra, define una singular visión del mundo, Frank Kafka no necesita presentación —no debería, a menos que dicha visión englobada en «su epíteto» nos haya engullido ya sin remedio—, así que vale la pena centrarse en la figura de Peter Kuper. Nacido en Nueva Jersey, Kuper es un artista gráfico y profesor en The School of Visual Arts, cuya amplia trayectoria comprende ilustraciones para periódicos y revistas como el New York Times, Time, Newsweek, Rolling Stone, Entertainment Weekly o el New Yorker; la tira Spy vs. Spy en la revista MAD, de la que es responsable desde 1997; la revista política World War 3, de la que es fundador; y más de una veintena de libros, entre los que se incluyen revisiones gráficas de clásicos como A través del espejo o la mismísima La metamorfosis —publicada también por Sexto Piso en nuestro país—, celebrado antecedente de este Kafkiana.  

La labor de Kuper en la adaptación de estos relatos, muchos de ellos emblemáticos, caso de «En la colonia penitenciaria», el orsonwelliano «Ante la ley» o «Un artista del hambre», produce un impacto inmediato en el lector. Y es que la estética, deudora de artistas como Lynd Ward, Otto Dix, o Frans Masereel, influencias explicadas por el propio autor en el prólogo, nos sitúa en unas coordenadas visuales diáfanas: opresión, negritud, desesperación… siempre a un paso de lo pesadillesco o, incluso, a lo monstruosamente grotesco. En perfecta sintonía con los textos —traducidos al castellano por Ce Santiago— del más inmortal de los ciudadanos de Praga.

La mayoría de historias incluidas en Kafkiana son impecables en su objetivo de maridar lo visual con la prosa y el trasfondo de la obra de Kafka, amoldándose estilísticamente a cada uno de ellos, logrando una sorprendente uniformidad conceptual pese a la diversidad visual. Pese a ello, a mi juicio, algunos de los relatos padecen de la, por otra parte esperable, «compresión» en un número limitado de páginas, perdiendo algo de la sostenida, avasallante sensación de alienación y absoluta sumisión del hombre o el animal en favor del sistema, la masa o el poder, tan características del autor checo, en favor del anteriormente mencionado impacto inmediato. En cambio, los relatos en los que Peter Kuper decide disponer de más páginas, caso del trío destacado en el párrafo anterior, o del disneico «La madriguera», resultan simplemente sobrecogedores, permitiendo al norteamericano ir «más allá».  

Y es que, aunque «añejos» en la superficie, buscando la identificación con la época en la que los relatos fueron escritos, uno de los principales méritos de Kuper es conseguir introducir elementos de modernidad a las historias. Pequeñas subversiones o anacronismos que resitúan el conjunto de Kafkiana en un plano más actual. Los ejemplos abundan, caso de la exclusión social, expuesta sin ambages, de «Los árboles». Los objetos que rodean —tele incluida— al paroxísticamente paranoide topo de «La madriguera» en su búnker subterráneo, o los que almacena —previo paso por el súper— a la espera de la llegada de la amenaza exterior, clara metáfora del dislate post 11-S en el que vivimos en forma de recorte de libertades en nombre de la seguridad X. O el cambio del protagonista de «Ante la ley», argucia para denunciar el abuso y la falta de equidad en la justicia para los afroamericanos en pleno movimiento Black Lives Matter. Incluso… ¿soy yo el único que encuentra el rostro del sádico oficial de «En la colonia penitenciaria» sospechosamente parecido al bufón del despacho oval?

Kafkiana logra añadir una pátina de contemporaneidad a las historias del autor checo sin perder su esencia. La sublimación de la imagen deformada, extravagante, caricaturesca, caústica —ese humor negro, elemento en el que inciden tanto la editorial como el propio Kuper, que provoca sonrisas más bien gélidas— y ominosa, de individuo y sociedad frente al espejo, ahora en época contemporánea. Y, como les sucede a los clásicos, es también una notable demostración de que sus relatos pueden sostener incólumes mil relecturas y nuevos tratamientos. Franz Kafka está más vigente que nunca, lo que dice unas cuantas cosas —no precisamente buenas— sobre nuestra sociedad…

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