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Historias reales, Helen Garner (Libros del Asteroide, 2018)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Seguimos «sumergidos» en las procelosas «aguas» del periodismo y la no ficción con una de las autoras contemporáneas más relevantes de mis queridas antípodas que, por fin, desembarca en nuestras costas. Y es que Libros del Asteroide nos trae Historias reales de Helen Garner, un volumen en la que se reúnen —seleccionados por ella misma— sus principales piezas de no ficción, reportajes y artículos. Una colección de textos capaces de condensar y desglosar la vida en prácticamente todos sus aspectos a través de una intuitiva observadora —con frecuencia, también parte activa o protagonista de la historia— y, sobre todo, extraordinaria narradora, capaz de combinar con pasmosa naturalidad clarividencia, sencillez formal y profundidad humana.

Nacida en 1942 en Geelong, Australia, Helen Garner inició su carrera profesional como profesora en varios institutos, hasta que en 1972 fue despedida por sus sorprendemente abiertas clases sobre sexo —ella misma da cuenta del episodio en el genial «La profesora»—. Y aunque los jóvenes australianos seguramente perdieron a una profesora honesta y cercana, el mundo ganó una pluma extraordinaria. Periodista, ensayista y novelista de dilatada trayectoria, Garner ganó el National Book Council de Australia con su primera novela, Monkey Grip (1977), que sería llevada al cine en 1982. Entre sus obras más conocidas destacan The First Stone (1995), Historias reales (1996), el muy controvertido reportaje La habitación de invitados (2008) y La casa de los lamentos (2014). La cantidad de galardones y reconocimientos obtenidos a nivel nacional, incluido el Melbourne Prize for Literature a toda su carrera, darían para un artículo aparte.

Saludada como «la Joan Didion australiana», la prosa de Helen Garner aguanta la comparación con la leyenda de Sacramento en cuanto a estilo diáfano, lacónico, minucioso, así como en la hondura en la disección del comportamiento y las relaciones humanas. También resultan acertadas las comparaciones con otra minimalista norteamericana —pese a nacer en Praga, entonces Checoslovaquia— de postín, la «francotiradora de la palabra» Janet Malcolm. Pero en Historias reales no hay lugar para la mala leche o la acritud, ni siquiera para la distancia, tantas veces laudada como necesaria, entre autora y lector. No, su compilación, intachablemente traducida al castellano por Cruz Rodríguez Juiz, es una «rueda de experiencias» trascendentales a las que Garner nos invita a presenciar. Ella es a veces testigo, otras «actora» principal. Pero siempre mirada y voz únicas. Inquietud vital y honestidad brutal.

Escritas originalmente para prensa, podríamos decir que las piezas de Historias reales, agrupadas en cuatro partes, recorren el ciclo de la vida sin aspavientos ni estridencias, con un tono distendido que, sin embargo, aguarda el instante de iluminación que, agazapado, acontece ya sea con un detalle solo al alcance de una «espectadora proactiva» excepcional, o en forma de un sucinto fragmento impecablemente medido, tanto en estilo como en alcance. En la primera de ellas, titulada «Un álbum de recortes», Garner nos habla de ella, su truncada experiencia de profesora ya mencionada anteriormente, y su familia, invitándonos a conocer a su hija, los diversos hogares en los que ha vivido, así como a sus hermanas en el maravilloso texto homónimo, en el que el anonimato formal con el que sus parientes son descritas se convierte en un recurso sublime para transformar lo personal, íntimo y, en principio, intransferible, en universal.

En cambio, la segunda parte de Historias reales, «Canta por la cena», posiblemente la más farragosa o menos destacable, está dedicada a su labor profesional, reuniendo varios de sus artículos de crítica literaria-cultural, con referencias muy variadas, que van de la obra del insigne Premio Nobel Patrick White, que suscita a la autora a desarrollar una notable reflexión sobre el arte y el artista, a la teoría feminista de Germaine Greer. No obstante, para quien escribe, la palma de esta sección se la lleva el muy disfrutable «Cipreses y chapiteles: escribir para el cine», en el que da cuenta de su experiencia como guionista entre juiciosa y risueña.  

Finalmente, la tercera y cuarta parte, compiladas bajo los epígrafes «La chaqueta violeta» y «De crucero», nos ofrecen una panorámica más cercana al cajón de sastre, aunque el elemento común es, de nuevo, que la escritora australiana es juez y parte de todas las historias. Puede contarlo porque lo ha vivido de primera mano… y viceversa. De su mano, visitamos una feria agrícola y otra de armas, así como un depósito de cadáveres —magistral «En la morgue»— y una sala de partos; nos vamos de boda; viajamos en tren y en un crucero ruso no excesivamente recomendable —aunque literariamente delicioso—; desgranamos casos truculentos; hablamos de sexo, matrimonio, soledad y hacernos viejos; o sobre la controversia —auténticos ríos de tinta y algo de vitriolo mucho antes de que se inventase Twitter— suscitada por su novela The first stone. Helen Garner tiene de todo y para todos. Nos ha llegado tarde la oportunidad de poder descubrirla, así que toca disfrutarla inmediatamente. Una privilegiada «intérprete» de la vida.

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