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George Orwell fue amigo mío, Adam Johnson (Seix Barral, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Felizmente —muy felizmente para un servidor—, el año pasado fue memorable en lo que se refiere a libros de relatos. Alan Heathcock, Lucia Berlin, Colin Barrett, Ann Petry o John O’Hara, por citar algunos «imprescindibles», pusieron el listón por las nubes. Parecía imposible seguir con la «racha», pero aquí llega este fenomenal George Orwell fue amigo mío de Adam Johnson, recién publicado por la siempre recomendable Seix Barral, para recoger el testigo en este 2017. Y este defensor a ultranza de la «forma breve» no podía estar más entusiasmado.

Inesperado ganador del Premio Pulitzer en 2013 gracias a su novela El huérfano —fulgurante entrada en mi lista de must-reads—, George Orwell fue amigo mío, su segunda colección de relatos —queremos Emporium y lo queremos ya— aterriza en España después de cosechar también toda suerte de parabienes y el National Book Award de 2015. Con merecimiento, porque estos seis relatos logran lo que hoy parece un absoluto milagro. Lo que viene a continuación está basado en «rigurosos hechos reales».

Te llevas el libro contigo al metro, comienzas a leer su primera historia, Nirvana, y esta te atrapa de tal forma que ya no existen los niños hiperactivos ni sus mamás/papás hipercondescendientes o hiperagotados, prestos a ponerles el jueguecito de turno, generoso en ruiditos molestos. Ya no te importan los doscientos bips de otras tantas conversaciones de Whatsapp —¿por qué necesitáis el volumen si lleváis el móvil cuál anexo de la mano, SIEMPRE?—. Ya no escuchas el horrible reggaeton ni te molestan el manspreading ni el bagspreading —que no entiende de géneros—. No, Nirvana requiere toda tu atención. No puedes dejarla hasta concluirla, aunque pongas en riesgo tu vida debido al tráfico —que incluye a bicis, patinetes y skates asesinos— y a los semáforos que no funcionan. Porque es desoladora, combinando la dureza de la convivencia diaria con una enfermedad cruel que consume a una pareja, y la ciencia ficción más triste —hablo de tristeza nivel «lágrimas en la lluvia» de Blade Runner, ese nivel— y reconocible, de hecho, a la «vuelta de la esquina». Y es el mejor homenaje literario hecho jamás a Kurt Cobain. Magistral es poco.

Le siguen Huracanes anónimos y Datos interesantes, que aunque no alcanzan las estratosféricas cotas del anterior, son más que notables. El primero, porque transmite a la perfección ese desasosiego vital, esa sensación de derrota inescapable en una Luisiana intentando reconstruirse tras los desastres consecutivos del Katrina y el Rita. Y el segundo, porque tras una apariencia más ligera, cuasi humorística en algún momento, se esconde otra inmersión cruda en el drama que supone lidiar —y sobrevivir— al cáncer. Un juego literario con elementos sobrenaturales en el que Adam Johnson transforma el género autobiográfico en pura ficción. Eso sí, habría que preguntarle a su mujer que piensa del relato…   

A continuación nos topamos con la historia que da título a la colección, George Orwell fue amigo mío, segundo imprescindible del libro gracias a su portentoso retrato de un exfuncionario de Hohenschönhausen, la prisión berlinesa de la Stasi, que permite a Johnson adentrarse en una ambiciosa y desasosegante reflexión sobre el pasado —el personal y el universal, indisociables— y su evocación en la actualidad, así como la empatía ante el sufrimiento de los otros, la consciencia y la subjetividad, que inevitablemente rigen nuestros pensamientos y actos, ya seamos turistas interesados en la historia reciente de la humanidad, estudiantes «obligados» por la escuela, víctimas o verdugos. Imposible olvidar la resolución del relato.

Pero no se vayan todavía, que aún hay más. La tercera joya en forma de cuento se titula Pradera oscura y trata un tema si cabe aún más espinoso que el anterior, la pedofilia. Johnson narra en primera persona la tortuosa existencia de un tipo que se debate entre el rechazo a su repugnante trastorno y la llamada —también literal— constante del «lado oscuro». Y el resultado es sencillamente brutal, algo similar a que el Bill Maplewood de Happiness, la película fundamental de Todd Solondz, tuviera un spin-off en papel. Un escritor arriesgando sobremanera, haciendo equilibrios en la cuerda floja, pero sin estridencias ni escabrosidad morbosa. Logrando exponer no sólo las tremebundas contradicciones que asolan «al monstruo», sino mostrando al lector que, tras la ominosa abominación, en realidad existe un desdichado ser humano. Turbador y verdaderamente emocionante.

Claro, comparado con la inquietante potencia del relato precedente, La sonrisa de la fortuna, encargado de cerrar el libro, puede parecer un relato «menor». Lo que resulta injusto, ya que esta historia de las dos Coreas, la del Norte, abandonada en busca de futuro, y la del Sur, donde la acogida y la integración no es posible para uno de los personajes centrales, vuelve a ser demoledora. Otra sorprendente «vuelta de tuerca» a la realidad y a la política, que golpea sin miramientos al individuo, atrapado en su experiencia previa y su angustia actual. En definitiva, tres grandes relatos y tres obras maestras de un autor superlativo, que hace buenos todos los elogios. Los cuentos de Adam Johnson son una de las lecturas obligatorias de este arranque de 2017.  

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