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El faro de Dalatangi, Axel Torres (Contra, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Con sinceridad, pensaba que este El faro de Dalatangi era una opción perfecta para llevarse al metro —sí, somos cada vez menos, pero aun quedamos algunos que leemos en transporte público y no necesitamos el móvil para respirar—. Creía que la obra de Axel Torres que hoy nos trae Contra tenía todos los ingredientes de un libro «ligero». Porqué… ¿fútbol?, ¿fútbol islandés?, espera, espera, ¿sobre Guðjohnsen?  —no es broma—, ¿qué también es un volumen de viajes? ¿y con tantas imágenes majestuosas en su interior que uno duda si no es un fotolibro? Muy exigente no puede ser. Y no, claro, no hablamos de Proust. Pero detrás de este peculiar híbrido aventurero-balompédico-literario se esconden muchas más sorpresas y desgarros emocionales de los que uno podría esperar…

Y es que Torres, joven periodista deportivo barcelonés aunque ya con una dilatada trayectoria —Radio  Salud, Cadena COPE, Radio Marca, Gol Televisión, beIN Sports, Cadena Ser, además de dirigir la web marcador.int— y autor de las obras 11 ciudades. Viajes de un periodista deportivo y Franz. Jürgen. Pep, también publicadas por Contra, hace «trampa» en El faro de Dalatangi. Porque aunque el tipo es un especialista en ligas remotas y equipos que parecen inventados, el balón es apenas una excusa —de hecho, él no lo esconde y se sincera pronto—. Aquí no se trata de conocer de antemano qué se «cuece», deportivamente hablando, en la isla de Björk y Sigur Rós —la banda de Jónsi es la banda sonora sin discusión del libro—, en la que podría ser —lo sería— la historia más curiosa y memorable de la entonces futura y, a excepción de la «gesta vikinga», soporífera Eurocopa. O de encontrarse con el padre y las raíces de Gudjohnsen, héroe nacional como el futbolista más laureado y popular del país. Islandia es una válvula de escape. Un lugar para esconderse. Huir. Y reencontrarse. En realidad, al avanzar en la lectura, a uno le queda claro que Islandia es una necesidad.  

De este modo, Axel y su compañero de viaje, el también periodista Heimir Hallgrímsson, afrontan un periplo de lo más singular. Ven equipos que entrenan y juegan en parajes imposibles. Conocen la realidad de un deporte en clara progresión pero aun primigenio, puro —ya sé que es una palabra peligrosa—, real —ídem— y charlan, además de con el célebre progenitor de Eiður, con el dentista metido a seleccionador e inminente leyenda nacional Heimir Hallgrímsson. Pero, por encima de todo, se adentran en esos paisajes del «fin del mundo». Cruzan carreteras solitarias. Se detienen en localizaciones absolutamente aisladas del ruido y el ritmo absurdo de la urbanidad consumista. E interactúan con seres que han decidido llevar a cabo la vida que Thoreau experimentó en Walden, sin estridencias, demostrando que es posible. Que existe otra manera. Dos futboleros transitando un trayecto que les fuerza a enfrentarse con ellos mismos. A contraponer qué son y qué querían ser.

Ahí es donde El faro de Dalatangi se revela como un inesperado hallazgo. Además de alguna que otra cuita sentimental de lo más peliaguda —bronca monumental incluida—, Axel comparte con el lector su inquietud ante un juego transfigurado, irreversiblemente, en simple y penosa mercadotecnia. Nos hace partícipes de su desazón ante una profesión, otrora excitante y apasionante, transformada en el rebuzno sistemático de cuatro bufones serviles sin gracia alguna. Y en donde el contraste entre ese fútbol rudimentario y modesto, jugado frente a fiordos, y ese otro que alimenta paraísos fiscales, convierte en dioses inalcanzables a auténticos niñatos y genera un circo de idioteces que parece regir el devenir de medio mundo —luego nos extrañamos de quién gana las elecciones— es tan elocuente que duele, con independencia de que te guste o detestes el balompié. Porque refleja a la perfección que una sociedad que idolatra a «ídolos de césped» ha perdido el norte. Y frente a ello, un pueblo como el islandés, de gente obstinada y tenaz, acostumbrada a las inclemencias y, sobre todo, con otras prioridades y formas de entender la vida. ¿La esencia del fútbol y la del ser humano? No tengo muy claro si el libro logra explicar las razones que llevaron a la selección islandesa a conseguir su insospechada hazaña en la competición europea. Poco importa. A cambio, El faro de Dalatangi llega mucho más lejos. Insisto, muy grata sorpresa. Gol por toda la escuadra.

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