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“Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock”, Ian Svenonius (Blackie Books, 20014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Fue verlo en la pasada edición del Primera Persona e inmediatamente saber que no estábamos ante un músico cualquiera. ¿Disfrutamos su show? ¿Lo entendimos? Soy incapaz de asegurarlo. Pero una cosa es segura: Ian Svenonius, líder de The Make-Up, Nation of Ulysses y Chaing and the Gang, gurú de la escena de Washington D.C. y activista músico-revolucionario, no te deja indiferente. Esa es exactamente la sensación que me ha dejado esta singular ¿guía? para aspirantes a tener una banda de rock.

Precisamente su presencia en Barcelona el pasado mes de mayo sirvió para presentar este Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock que nos llega traducido por Blackie Books. A tenor del vídeo promocional —un divertido anuncio en forma de canción— servidor esperaba una parodia acerca de los tópicos que envuelven al nacimiento, existencia, evolución y desintegración de las bandas de rock. Y aunque, efectivamente, algo de eso hay, en realidad esta obra esconde un ensayo con una ingente dosis de mala baba sobre el mundo moderno y el papel de la música en la actualidad.

Apuntalando su discurso en una doble estructura, abre el libro con una primera parte planteada como una sesión de espiritismo en busca de resolver las “grandes preguntas” sobre el rock y el origen de los grupos. Los espíritus de leyendas del rock como Brian Jones, Jim Morrison y hasta Paul McCartney —dardo envenado al ex-Beatle— pero sobre todo los espectros de Richard Berry –creador de Louie, Louie–, y la pionera Motown Mary Wells son los que acuñan la teoría de Svenonius: el rock fue introducido como arma para inocular el capitalismo en la época de la Guerra Fría por parte de unos Estados Unidos temerosos ante el auge del comunismo, mientras que las bandas musicales tienen un origen violento, su germen se encuentra en las pandillas. Toma ya.

Pero es sobre todo en la segunda parte de Estrategias sobrenaturales, en la que los espíritus convocados hacen transcribir sus recomendaciones por escrito, donde Svenonius reparte a diestro y siniestro, especialmente contra su país –recordamos que su primer disco con Nation of Ulysses llevaba por título 13-Point Program to Destroy America, más claro el agua–. Tiene para todos –un capítulo por tema, atención al que nos dedica a los críticos– y no se anda con cortapisas. ¿Razones para fundar una banda? Deben ser sociales o estéticas, si buscas fortuna, fama o sexo, mejor dedícate a la política –pam, pam, pam–. O anhelas la revolución, o solo la más pura vanidad.

Constituida la banda, el siguiente paso serían las canciones. Error. Lo más importante es la fotografía del grupo –”Un grupo sin foto es como una tierra sin mapa o un país sin bandera”– suelta para luego deconstruir la icónica imagen, cual banda de rock, del consejo de ministros de Bush II con perlas como –“Don Rumsfeld es el batería clásico: un showman idiota y megalómano, que rabia de resentimiento por no poder ser la estrella”–. Después vendría el nombre, encontrar a los compañeros con los que tocar, gracias al zodíaco, ensayar, grabar, el productor, la furgoneta y un detallado, chocante y vitriólico etc.

Svenonius descoloca al lector. A veces con brutal mordacidad, como el capítulo dedicado a la disciplina, en el que usa el código del Vietcong como referencia, otras con suma lucidez, como en la Declaración final del departamento de trabajadores posfísicos del rock, en las que advierten que se abusa de la música, que ésta es más peligrosa para la salud que el alcohol y las drogas y, que en el fondo, a la gente no le gusta. Pensadlo un segundo, y cito: “la música se utiliza para calmar a los clientes potenciales en tiendas y supermercados, –o para sobreexcitarlos, sino pasearos por las infernales tiendas de ropa femenina de las principales avenidas de cualquier ciudad hecha para turistas–, y para hipnotizar a los espectadores de anuncios. Se utiliza como ruido blanco en ascensores, fiestas, salas de espera. La sociedad actual la impone, como impone la perversión sexual y la imbecilidad”. Nos han inoculado la necesidad de que nos guste. Y por ahí se ha pervertido un arte, dócil, inerme, anquilosado y vanidoso –el indie no se salva precisamente– que pese a su origen capitalista, para Svenonius, podría, debería, ser una actividad de sublevación y espíritu contestatario.

Estrategias sobrenaturales para montar un grupo de rock os hará reír. A veces os parecerá absurdo o incluso farragoso. Pero sobre todo os hará pensar. Ya os lo decía al comienzo. Svenonius no puede dejaros indiferentes.

 

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