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Especial lecturas veraniegas 2017

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Sobre la «bocina», a punto de arrancar el mes de agosto y con él las merecidas vacaciones —todavía no para un servidor pero ya queda menos, ya queda menos— para la mayoría de ciudadanos en este país. Y como ya es tradición en Indienauta, os hemos preparado una docena de sugerencias de lo más variadas —novelas que abrazan diversos géneros, periodismo literario y político, ensayos musicales, lecturas deportivas, cómic— y así echaros una mano en la elección de los libros que van a acompañaros en vuestro verano. ¿Comenzamos?


Mierda de música, V.V.A.A. (Blackie Books, 2017)
Debatir sobre música siempre debería ser un placer y un divertimento. Pero en la era del «troleo» y los omniexpertos que saturan las redes sociales se ha convertido en una auténtica tortura. Blackie Books, tras publicar Música de mierda y plantearnos que acaso seamos unos snobs por denostar a Céline Dion —que así sea— regresa con la que podría calificarse de su secuela, donde una docena de insignes plumas, tomando el libro de Carl Wilson como punto de partida,  departen sobre elitismo cultural, prejuicios, superioridades, autenticidad y buen gusto musical. Hay algún que otro «ladrillo», anécdotas que pretenden pasar por ensayos —¿Marisol?… pues vale, o que le digan a los fans de Enrique Iglesias si su concierto no fue una mierda— igual que determinados intentos que, simplemente, no cuelan —me encanta leerte Rodrigo Fresán, pero no voy a pasar por el aro Raphaeliano—, pero también textos vivos y relevantes, como los de Nacho Vegas —a mi juicio el mejor del volumen, obviando lo del affair Levy—, Marina Garcés —porque se atreve a contraatacar, lo que creo que también es más que necesario cuando lo «molón» es ser tan «antielitista» que la corriente de opinión lleva a decir que el reggaeton y el trap son la vanguardia, cuando quizá, sólo quizá, lo único que sean es el nuevo mainstream— o César Rendueles —por ser capaz de ir más allá, y pinchar realmente en el tuétano de la cuestión—. En fin, que aquí tenéis munición suficiente para seguir armando vuestro discurso sobre el «estado de la música», o material sobre el que descargar vuestra bilis tuitera. Mientrastanto, servidor seguirá aguardando el próximo lanzamiento de Flying Nun


Todo tiene una historia, Isaac Pedrouzo (Mont Ventoux, 2017)
Entre la música y la literatura —ideal para pasar de una categoría a la otra en este listado de sugerencias—. Entre los relatos, las reflexiones de barra de bar y la autobiografía, tenemos el debut literario —también editorial, Mont Ventoux es un proyecto cultural de lo más prometedor— de este ínclito ourensano conocido como DJ, copropietario del que muchos consideran el mejor local de música de Galicia, el Café & Pop Torgal, y columnista de La Voz de Galicia. Gestado en las redes sociales —no todo tienen que ser haters en esta vida— este compendio de historietas costumbristas y numerosas «batallitas» con alta graduación, humorísticas aunque con enjundia, y siempre con una banda sonora indisociable de ellas —cada cuento asociado a una canción—, nos habla de los desgarros emocionales. Los cotidianos, los del corazón —los más abundantes, con diferencia—, los que tienen que ver con crecer… y toda suerte de reconocibles miserias. «Viñetas» de una vida contada con desparpajo, sencillez y una playlist de lo más suculenta.


El banquete celestial, Donald Ray Pollock (Literatura Random House, 2017)
Mr. Pollock se va al oeste, preparaos amantes del western. Tras dar buena cuenta de los brutales relatos de Knockemstiff, algo así como la versión espeluznante y white trash de Winesburg, Ohio, nos topamos con una novela en la que las coordenadas del género norteamericano por antonomasia son utilizadas para construir una sátira con la esperable dosis de escatología e inmisericorde crueldad tan características del autor con sus personajes. Pollock nos hace retroceder un siglo para conocer a Cane, Cobb y Chimney, los hermanos Jewett, tres jóvenes que, tras el fallecimiento de su padre, deciden abandonar su vida de miseria y servidumbre —acabando en primer lugar con el terrateniente que los esclavizaba— en la frontera entre Georgia y Alabama, para convertirse en atracadores de bancos, forajidos cuyas cabezas tienen recompensa. Un sinfín de secundarios «robaescenas», heces —ese memorable inspector de letrinas—, vísceras, salvajismo sin edulcorar, homenaje al pulp a través la historia-guía de Billy Bucket, picaresca mordaz y sangrienta, en un país que se encamina hacia la Gran Guerra, en tránsito hacia convertirse en esa potencia que presume de su condición de «nación elegida» pero que solo logra hacerse valer mediante las armas. No apto para corazones sensibles ni para amantes de John Wayne, un insufrible pusilánime comparado con las creaciones de Donald Ray Pollock.


El vendido, Paul Beatty (Malpaso, 2017)
Ganador del último Man Booker Prize —entre otros premios—, aquí va otra sátira, una con una difícilmente comparable, irrefrenable y sanísima «mala uva», a costa de uno de los temas más espinosos del debate político-social contemporáneo en América: el racismo. Beatty apuesta por un «artefacto» literario que arranca como una sesión de stand-up comedy vitriólica y delirante, donde la digresión parece desplazar al surrealista planteamiento de la trama. A saber, nuestro anónimo protagonista, siempre anónimo, aguarda la resolución de su caso ante el mismísimo Tribunal Supremo, acusado de intentar restaurar la segregación en su natal Dickens, suburbio de Los Ángeles, además de poseer un esclavo en el siglo XXI. ¿Cómo un negro puede haber perpetrado semejante abominación contra los suyos? ¿Los suyos? Ahí reside el meollo de la cuestión. Beatty, sin ataduras ni cortapisas, arriesgando en más de una ocasión perder el hilo de lo que supuestamente es una novela —algo más estructurada en su segundo tramo—, se lanza a derribar las convenciones, las asunciones dadas y convertidas en mantras de uno y otro «bando», acerca de «qué es lo negro». El resultado es un libro que avanza libre y firme, que hace reír con sus burradas e incorrecciones extremas, pero que «pega duro» donde debe, por un lado exponiendo lo vivo e integrado que está el racismo en la sociedad, por el otro las sandeces perpetradas en nombre de la integración o incluso el vano narcisismo negro. De este modo, El vendido invita a la reflexión y a ser leído varias veces, tanto para disfrutar de los aguijonazos de la caústica superficie, como para darle vueltas a las cargas de profundidad que subyacen en su interior.


Recursos inhumanos, Pierre Lemaitre (Alfaguara, 2017)
Punzante y pegada a la cruda realidad de esta época en que destruir los derechos laborales conseguidos a base de muchas luchas es el forward thinking, el «indiscutible» camino a seguir por el bien de la economía tras la crisis —corrijo, la gran estafa— económica. Así es la última novela aparecida en nuestro país del Premio Goncourt y superventas Pierre Lemaitre. Recursos inhumanos tiene forma de thriller, pero la mala leche, la paroxística angustia almacenada en el personaje central de Alain Delambre —ex directivo en paro cercano a los sesenta—, desborda el género. ¿Dignidad o trabajo? El autor parisino no tiene reparos en apostar fuerte y abordar la situación extrema y rocambolesca —retorcida, sangrante y vengativa— para plantear al lector lo lejos que estamos dispuestos a llegar para lograr y conservar un empleo… Pero, como es ya marca de la casa, nada es lo que parece, y la novela nos tiene preparados más de un giro inesperado, también de lo más arriesgado, que hará saltar por los aires el desarrollo y nuestras expectativas respecto al libro. Una lectura adictiva, valiente y feroz.


Tiene que ser aquí, Maggie O’Farrell (Libros del Asteroide, 2017)
No podía faltar una propuesta más sentimental —vale, aceptamos romántica— en nuestro especial. En este Tiene que ser aquí la prolífica autora de la «Isla Esmeralda» nos plantea una de esas historias que hablan de relaciones humanas y proyectos vitales inconclusos. Los protagonistas son Daniel y Claudette. Él es un profesor de lengua norteamericano, divorciado y con dos hijos, que emigra a Eire para reencontrarse con sus raíces  —y, sobre todo, huir de su presente—. Ella es una actriz de éxito que decide borrarse del mapa —hasta el punto de no querer salir de su vivienda— y trasladarse con su hijo a la campiña irlandesa. Ambos se conocerán por casualidad y, de esta, surgirá un matrimonio que, pese a las dificultades, decidirá mirar hacia el futuro… hasta que Daniel deba regresar a Estados Unidos y se reencuentre con todo aquello de lo que lleva huyendo durante años. Sus hijos, su familia, su padre, su primer amor… una «bomba» de emociones con efectos devastadores. Más arriesgada en la estructura y planteamiento que en la historia en sí, O’Farrell se servirá de múltiples voces, personajes, formatos narrativos, momentos y tiempos  —pasado, presente y futuro se mezclaran en los capítulos— para recordarnos algo que ya sabemos, pese que nos empecinemos en negarlo: que el pasado se arrastra, las experiencias marcan y las heridas deben cerrarse para poder progresar porque no vale de nada «barrerlas» bajo el felpudo.


Crónicas de la América profunda, Joe Bageant (Libros del Lince, 2008)
Pasamos al periodismo y el ensayo en nuestras propuestas. Mientras uno se documentaba para la reseña de Hillbilly, una elegía rural, varias eran las referencias a una obra de temática similar al inesperado superventas de J.D. Vance, pero escrita bastante antes del «asalto» y secuestro» de la democracia norteamericana por parte de Donald Trump y sus esbirros. Ese libro es Crónicas de la América profunda, que rescatamos en este listado por varios y contundentes motivos. El primero es que su autor, Joe Bageant, fallecido en 2011, articula un discurso socio-político bastante más elaborado y sustancioso que el de Vance, denunciando pormenorizadamente como Estados Unidos ha empobrecido —las políticas republicanas—, marginado, olvidado y, finalmente —mediante la perversa «pinza» del utilitarismo conservador y el elitismo liberal— estigmatizado —el sistema es sagrado, el fracasado eres tú— al obrero blanco mientras niega tajantemente que en su país haya un problema de clases sociales, simplemente porque ni siquiera existen en «la tierra de las oportunidades» y la libertad. El segundo es que Bageant fue un comunista redneck —¿cómo no iba a caerme bien?— así que la teoría marxista, algo nada habitual por estos lares, se entremezcla con su propia vivencia sureña. Él nació y se crió en Winchester, Virginia, pura América rural, y ese es el lugar al que regresa para reflexionar acerca del «estado de las cosas». Y el tercero es, precisamente, la apasionante, abisal lucha interna entre el cazador y el soldado que se fue a Vietnam y el ilustrado rojo contracultural, harto de que desde los centros de poder se metan con «sus» paletos… que sabe derrotados, resignados, prestos a dejarse consolar por el fundamentalismo religioso o el alcohol, pero también cabreados con todo lo que les rodea. Alguien debió pasarle este libro a Obama y Clinton en su momento…


Off the road. Miedo, asco y esperanza en América, Andy Robinson (Ariel, 2016)
Con nuestro adorado y añorado Hunter S. Thompson —eres más necesario que nunca, Doc— como referente, el también periodista Andy Robinson se lanza a la carretera para enseñarnos una radiografía social, demográfica, política, económica, urbanística y medioambiental de la actual sociedad estadounidense. Siguiendo su Off the road escudriñaremos que hay bajo todo el cartón piedra de la mismísima «ciudad del pecado», Las Vegas, descubriendo de paso su siniestra conexión con Barcelona y Madrid —¿verdad, Esperanza y Artur?—; llegaremos a Detroit, donde la bancarrota y el desahucio de unos contrasta con el resurgir de otros; visitaremos San Francisco, donde la lucha y contracultura de antaño ha dado paso a hipsterlandia con sus startups, cafés fashion, airbnbs y el individualismo más feroz; y aterrizaremos en San Luis para lidiar con el racismo rampante. Pero no todo es desolación en la «dolarocracia» yanqui. Robinson también se detiene en reductos positivos, como la Nueva York más combativa, la del movimiento 99%, o el Vermont de Bernie Sanders, que durante un instante le hicieron creer en un posible resurgimiento de la conciencia de clase… hasta que el fenómeno Trump le —nos— devolvió a la cruda, aterradora realidad. No sé si el libro califica como gonzo, pero como periodismo «auténtico», el que importa, sin duda. 


Todos los hombres del presidente, Carl Bernstein y Bob Woodward (Libros del Lince, 2017)
Recién reeditada, leer hoy la investigación del escándalo Watergate que acabaría con la presidencia de Richard Nixon, no es solo sumergirse en las procelosas aguas de un clásico del periodismo de investigación —uno de esos Pulitzers indiscutibles, de cajón—, densa, repleta de nombres, conexiones, rebosante de dificultades, tenacidad y pasión por un trabajo que consistía —sé que uso el verbo en pasado, no es un error— en buscar la verdad para contarla. Es volver a clase, con los mejores profesores, para tomar la mejor lección posible. Pero también es recibir un mazazo. Darse contra una pared llamada «triste realidad». ¿Qué pasaría hoy con Bernstein y Woodward? ¿Qué diario aguantaría la presión política cuando, para empezar, ya no queda apenas ninguno que se rija por la independencia informativa? ¿Qué podemos esperar cuando hemos pasado de gigantes como Ben Bradlee y Katherine Graham a Cebrián y Marhuenda? ¿Cuándo El Washington Post ha dejado paso a Breitbart o Ok Diario? Y lo que es mucho peor, ¿alguien cree que la población dejaría sus móviles o sus hateos sociales durante siquiera un segundo para interesarse por un escándalo de semejante magnitud pero complejo de seguir? ¿Os acordáis de los Papeles de Panamá? ¿O de que hace poco tuvimos una moción de censura porque el presidente de gobierno lidera una organización criminal —según la Guardia Civil, ojo—? ¿O cómo puede seguir Trump en el despacho oval? Adentrarse hoy en Todos los hombres del presidente es apasionante, doloroso y más relevante que nunca desde la caída de Tricky Dick. Recuerda que otro periodismo es posible… y más que necesario.


La soledad de Anquetil, Paul Fournel (Contra, 2017)
Igual que el año pasado para estas fechas —a punto para el recién concluido Tour de Francia— Contra vuelve a apostar por el ciclismo con un multipremiado ensayo —Premios Jules Rimet y Lire al Mejor Libro Deportivo del Año— acerca de una de sus leyendas más fulgurantes: Jacques Anquetil, ganador de cinco Tours, dos Giros y una Vuelta a España, y alguien tan insondable e indómito sobre la bici como lejos de la competición. Fallecido hace exactamente treinta años, con apenas cincuenta y tres años, el deportista de Mont-Saint-Aignan fue un personaje excesivo, tan lenguaraz, polémico —admitiendo con insolencia su dopaje, por ejemplo—, bon vivant, dandi y mujeriego, que pese a sus triunfos para muchos nunca dejó de ser «el villano». O para sus adoradores, un misterio a intentar resolver… o con el que fabular desde la perspectiva del tiempo. Eso es lo que consigue el escritor y editor Paul Fournel, entonces joven fanático del rodador francés, ahora maduro autor dotado de una resonante y lírica prosa, junto a una imaginación audaz, en este La soledad de Anquetil. Un breve pero muy intenso retrato sobre mitos, «magia» y ciclismo.


Black Hammer. Orígenes Secretos, Jeff Lemire, Dean Ormston y Dave Stewart (Astiberri, 2017)
Entre nuestras recomendaciones no podían faltar los cómics, con un par de propuestas cortesía de la siempre fiable Astiberri. En primer lugar, tenemos Black Hammer, firmado por el canadiense Jeff Lemire —guionista de Marvel o DC Comics— quien tras lo que podemos calificar como una larga odisea personal y laboral —que tiene a bien explicarnos al final del volumen— finalmente consiguió publicar la historia de superhéroes con la que estaba obsesionado junto al deslumbrante, dúctil, polifacético, lápiz de Dean Ormston. Un relato embebido de los clásicos del género —de nuevo imperdible ese corolario que cierra el trabajo— pero con un espíritu independiente y transgresor de lo más actual. Un sexteto de superhéroes retirados y semi recluidos en una granja, atrapados literal y metafóricamente y acompañados permanentemente por sus propios fantasmas y pasados… que podrían estar a punto de reaparecer. Misterio, ciencia ficción, terror, interesantes perfiles psicológicos de una riqueza inusual en el mundo del cómic, y una poderosa sensación de riesgo, de que esta serie no se ajusta del todo a ningún canon y, en cambio, augura darnos grandes momentos…


Sex Criminals. Un truco sucio, Matt Fraction y Chip Zdarsky (Astiberri, 2017)
Y de una historia más bien «tradicional» en el mundo del cómic a una que podríamos calificar como transgresión en estado puro. ¿Cómo sino definiríamos a una protagonista que consigue paralizar el tiempo mediante sus orgasmos? Ese es el superpoder de Suzie Dickson, y en este arranque de serie conocemos, entre la estupefacción y la fascinación —visualmente el trabajo de Zdarsky es abrumador, todo color y repleto de explosiones pseudo psicodélicas— tanto el modo en que nuestra singular heroína descubrió esa «habilidad» extrasensorial de su cuerpo —una biografía en la que podemos vislumbrar una crítica velada a la mojigatería hipócrita de la sociedad norteamericana—, así como a Jonathan, un compañero con la misma «peculiaridad» que ella. Juntos, además de disfrutar del sexo más onírico y surrealista jamás dibujado, se embarcarán en una peligrosa aventura al margen de la ley… y las convenciones. Ganadora de los premios Eisner y Harvey a la mejor serie de cómic en 2014 —parece que ya hay una serie de televisión en la agenda—, esta primera entrega de Sex Criminals ofrece frescura, irreverencia, drama, humor, acción, ciencia ficción y, claro está, mucho sexo.     

¡Felices y literarias vacaciones para todos!

 

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