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Especial Kate Tempest

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Siendo políticamente correctos, digamos que «no me va» el hip-hop. Uno necesita guitarras —mientras suenen más «acuáticas», más antipodianas, mejor— y melodías para respirar, lo siento. Pero siempre me han interesado, incluso obsesionado, las letras  —¿se puede ser menos hipster?— de las canciones y hace unos meses me topé con Europe is lost, la «punta de lanza» del segundo disco de Kate Tempest y la letra más importante escuchada en mucho, mucho tiempo. Y ahora, aprovechando que esta semana pasará por el Primavera Sound y, gracias a la colaboración de La Bella Varsovia y Sexto Piso, podemos adentrarnos en la faceta literaria, en poesía y prosa, de la multifacética artista británica. ¡Ah! Un último aviso para navegantes antes de comenzar. Si eres de l@s que piensas que Bob Dylan no se merecía el Nobel de Literatura —[sic]— mucho ojo, porque a la señorita Tempest las disciplinas y géneros artísticos supuestamente estancos no pueden contenerla. Felizmente…

Mantente firme, Kate Tempest (La Bella Varsovia, 2016)

«He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por los smartphones»
Suspiro, Kate Tempest

Porque la de Brockley, sudeste de Londres, pese apenas haber superado la treintena, ya ha facturado tres discos —Balance, junto a Sound of Rum y, ya en solitario, Everybody Down y Let them eat chaos—, cuatro proyectos teatrales y de spoken word, colaborando junto a la Royal Shakespeare Company, la novela de la que hablaremos más abajo, y tres libros de poemas que le han llevado a ser considerada la revelación de las letras inglesas gracias a premios como el prestigioso Ted Hughes —la galardonada más joven en la historia del premio— a la Innovación en Poesía. Mantente firme es el primero que llega traducido a nuestro país.

En una impecable y muy de agradecer versión bilingüe a cargo del también poeta Alberto Aracete, este compendio lírico se disfruta, al menos en parte, como los textos de unas canciones que aún no han visto la luz. Usando la figura mitológica del adivino ciego Tiresías, mediador entre dioses y hombres —gracias a sus dotes proféticos—, vivos y muertos —a causa de su extrema longevidad, hombres y mujeres —debido a su androginia—, como eje vehiculador de la obra, Tempest «tira con bala» sobre su tema predilecto: la sociedad en la que vivimos.  

Armada con un lenguaje rápido y coloquial, las rimas de Tempest son ásperas, desafiantes, tensas, con un uso implacable, mortificador, de la ironía «Por favor, no os molestéis en levantar los brazos para dispararnos; nos dispararemos nosotros solos. No, de verdad, insistimos». Sus versos son vívidos y directos, fácilmente imaginables como las ráfagas que son lanzadas de forma osada y urgente entre ritmos fieros y sincopados. Y, a través de ellos, la reflexión sociopolítica de Mantente firme llega sin prédica ni adoctrinamiento, de forma sutil, aguda. Y, sobre todo, apasionada y poderosa.

La británica logra la cuadratura del círculo en Mantente firme. No solo tiene el raro don de dotar de enjundia y «actualidad» al género literario más estético y, con frecuencia, distante, sino que consigue enhebrar un relato que va del símbolo y la tradición —Dylan aparecerá por ahí, igual que Joyce, Hemingway, Bukowski o Céline, entre otros— al trayecto personal —hermosos en su transparencia El cypher y Que le den al poema— y la cotidianidad de nuestros días con suma naturalidad. Tiresías y la Grecia Antigua entre resultados de partidos de fútbol, luces de neón, incontables horas perdidas en pubs y frente a la televisión. Acercándose de forma inexorable a la conclusión, demoledora, de los poemas finales, como Progreso«La alegría de ser quienes somos por virtud de la ropa que compramos»— o Bien, gracias«Descubrir la verdad del estado de las cosas es letal»—. El profeta preferirá guardar «sus ojos en una bolsa de plástico»… porque «¿Para qué sirven los ojos, después de todo, en tiempos como estos?». La poesía será un arma cargada de futuro en manos de autores tan brillantes como Kate Tempest

Cuando la vida te da un martillo, Kate Tempest (Sexto Piso, 2017)

Y pasamos a la prosa con Cuando la vida te da un martillo, primera novela de Kate Tempest, una epopeya urbana con un sorprendente lirismo, notable pulso narrativo, evidente trasfondo sociopolítico y personajes potentes —especialmente los femeninos, algo que empiezo a sospechar es también una «marca de la casa» de Sexto Piso, menuda racha—. Pero también hermana de sangre de su labor como intérprete de spoken word. Y, sobre todo, íntima, indisociable compañera de su celebrado debut musical Everybody down —finalista del prestigioso Mercury Prize— reescribiendo, amplificando, la historia comprendida en el álbum.

Cuando la vida te da un martillo nos sitúa en un Londres contemporáneo que, mal que le pese a los brexiters, es el paradigma de la Europa caníbal, depredadoramente neoliberal y evidentemente colapsada tras una crisis económica que, pese haber expuesto sin tapujos sus vergüenzas, ha optado por «huir hacia delante» —siempre puedes esquilmar al débil un poco más—, llevándose por delante a millones de personas e hipotecando el futuro de una juventud que, como nuestros protagonistas Harriet (Harry), Becky y Pete, se ve abocada a intentar cualquier cosa para mantenerse a flote. Cuando el «tanto tienes tanto vales» es la única norma, lo correcto se difumina hasta que sólo importa sobrevivir, no cómo lo consigues.  

Así, mientras Pete sufre las mezquindades del paro y trabajos basura, Harry es la camello de la «gente bien» de la City en busca de los recursos que le permitan montar el local de sus sueños, y Becky da masajes eróticos, con «final feliz», para pagarse las clases de danza. Caminos peligrosos y desagradables… que van a cruzarse de forma decisiva —también rocambolesca, las conexiones y lazos familiares que Tempest establece a veces parecen sacados de una peli de Iñárritu— en una odisea realista de lucha por encontrar afecto, vínculos y, en definitiva, un lugar en la vida.

Con una trama ambiciosa y una estructura que disloca la previsible linealidad pero nunca deforma la dirección del relato, Kate Tempest tiene tiempo para sacar a relucir su extraordinario don con la palabra, con letanías fabulosas, puro spoken word, como la brutal primera página de Abandonar, capítulo encargado de abrir el libro. O cada vez que nos invita a acompañarla por esos locales de perdición nocturna de la capital. O, mientras sigue a alguno de los protagonistas en su deambular, filtra esa mirada sobre «su» sudeste de Londres en pleno proceso de derribo, comprado y vendido a los buitres de la especulación una vez se va consumando la destrucción de los barrios y la expulsión de la población —algo demasiado reconocible para un barcelonés—.

Sin embargo, la propia y más que saludable «promiscuidad» de géneros y esa voluntad lírica también produce ciertos desequilibrios en Cuando la vida te da un martillo. Porque no todas las escenas requieren de una sucesión deslumbrante de metáforas. Y tampoco es necesario que cada descripción sea una concatenación de hallazgos de un verbo privilegiado. La sombra del exceso está presente en determinados pasajes de la novela, en los que el talento de Tempest para encapsular con facundia e inventiva cada situación, por secundaria que sea, resulta desmesurado. Luego, algo en realidad esperable cuando la obra se bifurca en varias historias que se entretejen, es que nos hallamos con fragmentos desiguales, como algunos flashbacks para contextualizar los orígenes de los protagonistas, o esos encuentros familiares que parecen oportunidades que la autora se brinda a sí misma en los que rebajar la carga dramática del texto. O que, simplemente, Pete es un personaje bastante más previsible, menos magnético, que Becky y Harry, en mi opinión las auténticas anclas y motores de la novela.

No obstante, los méritos de Cuando la vida te da un martillo superan con creces las posibles limitaciones de este debut. Kate Tempest es una narradora elocuente y con una voz personalísima, atrevida y relevante en los tiempos que nos ha tocado vivir. Ha creado dos protagonistas inolvidables, dos fuerzas motrices, generadoras de una electricidad que ilumina cada pasaje en la que sus acciones o pensamientos toman las riendas de la trama. Y, algo que no muchos escritores poseen, transmite una empatía, una humanidad contagiosa tanto por sus personajes, como por la época y circunstancias en las que viven —vivimos—. La nueva promesa del micro y las letras de Gran Bretaña ya es toda una realidad. Cita más que recomendada en el Primavera Sound… y en cualquier buena librería de tu ciudad.

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