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Especial Angela Davis

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

«Cierren los ojos y piensen lo que significa ser mujer, ser negra y ser comunista». Angela Davis

Se cumplen cincuenta años de la fundación del Partido de las Panteras Negras, la icónica organización revolucionaria de extrema izquierda creada para defender al pueblo negro. Pero como el año pasado, más o menos hacia estas fechas, ya dimos cuenta de su líder y figura más universal, Malcolm X, en este 2016 y gracias a la colaboración de Capitán Swing y Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, nos ocupamos de Angela Davis, una de sus activistas más conocidas y, aún hoy, una de las voces más lúcidas y vigentes de su país.

Nacida en Birmingham, Alabama, en 1944, Davis llegó a las Panteras Negras a través del Partido Comunista —candidata a la vicepresidencia del país por el partido en dos ocasiones— y sus estudios de filosofía marxista —es catedrática de Filosofía en la Universidad de California—, convirtiéndose rápidamente en una de sus figuras más poderosas en la labor del agresivo movimiento en defensa de los derechos civiles… y en uno de los principales enemigos públicos del FBI en los años sesenta.

Acusada de asesinato y secuestro en 1972 —inequívocamente la condena hubiera supuesto pena de muerte—, la victoriosa lucha por su libertad proporcionó al Partido una popularidad sin precedentes, haciendo de Angela un símbolo internacional, en particular para las mujeres de color. Pero su compromiso social no se reduce a décadas pretéritas, sino que se extiende hasta la actualidad, como líder del movimiento feminista, cabeza visible de la cruzada contra el complejo industrial penitenciario, denodada defensora del colectivo LGBT, Occupy Wall Street, Palestina… Una vida dedicada a los derechos humanos, desmenuzada en dos obras que se complementan a la perfección para conocer a Angela Davis.

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Autobiografía, Angela Davis (Capitán Swing, 2016)

¿Una autobiografía escrita con solo 28 años? Parece algo reservado a —penosos— fenómenos de fans tipo Justin Bieber o futbolistas saturando Sant Jordi de panfletos infumables —perdón— en forma de libro. Pero no es el caso con Angela Davis. Publicada en 1974, su relato trasciende estrictamente lo personal para devenir historia y ejemplo del movimiento negro y también del feminismo en unos Estados Unidos en ebullición, siempre con la sensación de estar a un paso de la explosión. Cuarenta y dos años después, Autobiografía continúa resultando radical al lector y, sobre todo, pertinente, actual. Pensad en Trump, el UKIP, la familia Le Pen, Austria, el escandaloso trato que estamos dispensando a los refugiados en la UE, Ferguson y la retahíla de penosos episodios policiales en Estados Unidos contra la población afroamericana. No, el racismo sigue ahí, enseñando nuestra cara más vergonzosa.

La obra, pese a no tener una estructura estrictamente lineal, puede dividirse fácilmente entre su formación y evolución como profesora que muta en activista política y el proceso judicial que la llevó a la cárcel, vinculado con el célebre caso de los Soledad Brothers. Davis nos habla de sus comprometidos padres —ambos maestros y activistas de la NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color— en una Alabama en la que eso significaba serios riesgos; de filosofía —Marcuse, Adorno—; de pensamiento marxista y de una frustrante colisión entre la intelectual-teórica y la mujer valiente, independiente y concienzuda dispuesta a exponerse y pasar del pensamiento a la práctica. Está claro que lo logró. Con creces.

Debido a su militancia en el SNCC, el Partido Comunista y las Panteras Negras, Davis nos ofrece un somero panorama del movimiento negro de la época, tan complejo como honesto, ya que no nos regatea detalles. El resultado es una narración que se aleja abismalmente de la hagiografía. Luchas intestinas, debates hacia ninguna parte, recelos paralizantes, costosas decisiones que tomar mientras la persecución, los ataques y las muertes en su bando proliferaban. Hasta que la propia Angela pasó a ser uno de los objetivos principales de la oficina de J. Edgar Hoover.

Buena parte de este volumen se centra en su experiencia judicial-carcelaria, en particular al mencionado proceso contra ella en 1972. Davis se explaya con extremo detalle, lo que en no pocas ocasiones empantana el dinamismo del libro entre legalismos, idas y venidas de abogados y personajes relevantes del movimiento. Aunque uno debe admitir que responde a la perfección a su voluntad de mostrar y demostrar un sistema opresor, clasista y racista, en todas sus dimensiones: policía, cárceles, jueces, medios, política. Todo cuenta para Angela Davis, porque todo está relacionado en la lucha por la igualdad y la libertad. Hasta el pelo a lo afro… No es la autobiografía más sencilla de leer, pero no tiene desperdicio.

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Una historia de la conciencia: ensayos escogidos, Angela Davis ( Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, 2016)

«El que no habla es vulnerable». Angela Davis

Como ya hemos podido comprobar con su Autobiografía, el activismo de Angela Davis es indisociable de su pensamiento. Y eso es lo que nos ofrece esta completa selección de textos, hasta dieciséis, divididos en cuatro bloques: biografía, feminismos, prisiones y conferencias. Una antología, seleccionada por Mireia Sentís y traducida por Inga Pellisa, de una trayectoria intelectual insobornable. No son lecturas ligeras —algunos pueden considerarse bastante farragosos, de hecho, o necesitan de un conocimiento o interés previo notable por parte del lector— o circunscritas a la época en que fueron recogidas. Son los fundamentos filosóficos de una militancia inquebrantable.

La sección Biografía se abre precisamente con un fragmento de su Autobiografía, con un revelador pasaje justo antes de su primera visita a París, en el que Davis toma conciencia de que su incipiente lucha era parte de un movimiento de alcance internacional. Le sigue Notas sobre autorrepresentación, en el que expone sus motivos por los qué decidió asumir su propia defensa en 1972. Pero las primeras sorpresas llegan con los dos documentos siguientes, dedicados a la moda, la fotografía y su correlación con la historia afroamericana, un lúcido intento de analizar la identidad del pueblo negro mediante su representación fotográfica o las implicaciones sociológicas de una estética epitomizada con el peinado afro con el que la propia Davis se convirtió en icono.

Feminismos, el segundo y más extenso bloque de artículos, resulta de lo más ambicioso. Tenemos ensayos históricos sobre el Nacionalismo Negro, el Movimiento Antiesclavista y su vinculación con el nacimiento de los derechos de las mujeres. Pero Angela va mucho más allá, radiografiando el feminismo, «blanco y negro», en su país desde múltiples perspectivas: económica —centrada en la desigualdad de la mujer en el mundo laboral—, social —derecho a voto—, pero también sexual —control de natalidad y esterilización forzosa basadas en teorías eugenésicas— y hasta la politización racial en la atención sanitaria a las mujeres. La sección concluye con Ahí viene mi tren: el tema del viaje en el blues femenino, una de las joyas del volumen debido a su originalidad y profundidad de análisis a través de las letras del blues interpretadas y a menudo compuestas por Gertrude ‘Ma’ Rainey y las legendarias Bessie Smith y Billie Holiday. ¿El blues sólo es cosa de hombres? Piénsalo dos veces…

La tercera sección, Prisiones, nos devuelve a terrenos más conocidos —sobre todo si ya hemos leído la Autobiografía—, poniendo en tela de juicio el sistema penal norteamericano. Pero el valor de estos ensayos reside en su vigencia, ya que Davis centra su análisis en subrayar y denunciar su expansión y bochornosa privatización, para asestar a continuación su demoledora conclusión: si el sistema penal hoy es una industria en busca de beneficios económicos, no es más que la continuación moderna de la esclavitud, especialmente para la población de color y las minorías.

Una historia de la conciencia se cierra con tres conferencias recientes en las que Davis da cuenta de las cuestiones fundamentales que han conformado su activismo político, señalando rasgos y vías para no desfallecer en el objetivo de lograr una sociedad más igualitaria y justa. «Libramos las mismas batallas una y otra vez. Nunca las ganamos para siempre, pero en el proceso de luchar juntos, en comunidad, aprendemos a vislumbrar nuevas posibilidades que de otro modo nunca habrían surgido ante nosotros, y expandimos y ampliamos nuestra propia concepción de libertad». Parafraseando a Frederick Douglass, sin compromiso ni lucha no hay progreso. Han habido pocas luchadoras tan comprometidas como Angela Davis.

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