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Elogiemos ahora a hombres famosos, James Agee y Walker Evans (Ariel, 2017)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Uno siempre se «deja» ciertas lecturas para el verano. Libros que, antes de incluso comenzarlos, sabe que requieren de un tiempo adicional, extra, para su pleno disfrute. Para enfrascarse plenamente en ellos. Es el caso de Elogiemos ahora a hombres famosos, clásico de culto de James Agee y Walker Evans, felizmente recuperado ahora por la editorial Ariel. Una obra que desborda márgenes, técnicas y géneros narrativos para convertirse en un documento histórico de la Gran Depresión, a la vez que un ejemplo, tan paradigmático como inclasificable, de hasta dónde puede llegar la escritura.

Poco conocido fuera de Estados Unidos, la carrera del texano James Agee, fatalmente truncada en 1951 —un infarto dentro de un taxi en Nueva York—, con tan sólo 45 años, iba para legendaria. Articulista para Fortune y el Times, poeta, célebre crítico cinematográfico y guionista —atención— de La reina de África y La noche del cazador, adaptando la indispensable novela de Davis Grubb. En cambio, como escritor, nunca obtuvo un gran reconocimiento en vida. De hecho, Una muerte en la familia, ganadora del Pulitzer de ficción, no fue publicada hasta 1957, seis años después de su muerte. Y el libro que nos ocupa también tendría un más que tortuoso camino para ver la luz…

Elogiemos ahora a hombres famosos nació como un encargo de Fortune en 1936, siendo el resultado de un viaje y estancia de dos meses, julio y agosto, en Alabama, junto al reputadísimo fotógrafo «federal» Walker Evans, conviviendo y entrevistando a diversas familias blancas de arrendatarios del algodón en el sur de Estados Unidos. Pero Fortune nunca llegaría a publicar su trabajo y, para cuando Agee lo había transformado en un libro, éste fue rechazado. No sería hasta 1941, poco antes de que Estados Unidos entrase en guerra y que el New Deal encarase su recta final, que la obra sería editada. Pero no era el momento. El país demandaba héroes y historias de grandeza nacional, no una mirada épica, lírica y diáfana a la pobreza en el sur, a unas condiciones de vida de extrema dureza, muy lejos del «sueño americano». Así que hasta los años 60 este incomparable, excepcional «artefacto» literario, no empezaría a recibir la atención que merecía.    

Porque Elogiemos ahora a hombres famosos podría calificarse como un reportaje periodístico, escrupuloso, minucioso hasta el paroxismo, de las existencias de los Ricketts, los Gudgers y los Woods. Sin embargo, esa definición sería reduccionista hasta el absurdo, tanto por la diversidad estilística con la que uno se encuentra dentro del volumen, como por la voluntad poética en la prosa de Agee. Tampoco es ficción, al menos en el sentido habitual en que la entendemos, debido a la precisión clínica con la que el autor nos detalla cualquier nimiedad en torno a los objetos, lugares y quehaceres del día a día de los algodoneros, sumado a la icónica potencia de las fotografías —pese a ser harto conocidas, siguen mereciendo un artículo aparte— de Evans. No. Elogiemos ahora a hombres famosos es periodismo, naturalismo, realismo, trascendentalismo, humanismo, política sin mítines, denuncia sin soflamas, incluso incluye una perenne y profunda reflexión sobre los límites de la escritura y el oficio de reportero. Es toda una experiencia con forma de libro.


No puedo engañar a nadie. También es una lectura dificilísima, muy exigente, que por fuerza va a echar para atrás a muchos. Las secuencias descriptivas son extenuantes, a todas luces excesivas si el lector esperaba una crónica «al uso». Las cabañas que albergan a los tres clanes son desmenuzadas habitación por habitación, rincón a rincón, mueble a mueble. Las plantas del exterior. La comida. Los utensilios. Las vestimentas. El polvo. Incluso los silencios. Cualquier cosa es susceptible de ser narrada en manos del obsesivo Agee, en busca de ofrecer la verdad más completa y vital. Igualmente, los giros estilísticos y esa hiper sobrecargada prosa que trata de trasladar al papel olores, ruidos —o su ausencia—, sensaciones, así como la intencionalidad de Agee al abordar los diversos prismas —doméstico, económico, social, laboral, educativo, histórico, familiar— que conciernen el devenir de una situación, pueden resultar agotadores. No obstante, tiene todo el sentido del mundo. Porque de eso precisamente se trata. El objetivo es ambicioso, extraordinario. Captar la vida en su abismal integridad, contundencia, severidad. Y dignidad.  

Como si de un documental histórico que siguiera los preceptos del cine dogma o el cinema vérité, James Agee se lanza sin titubeos a una empresa titánica: condensar y reflejar la realidad humana. Son numerosas las ocasiones en las que el escritor, en un «tira y afloja» interno, se fustiga y nos hace partícipes de la frustración de quien sabe de antemano el déficit de la escritura para traducir las complejidades inherentes a describir el devenir de múltiples vidas en palabras. O el miedo a dejarse cosas en el tintero. Por no hablar de la imposibilidad de ser imparcial —aunque estoy en desacuerdo con él, la cámara tampoco es neutra—, pese a que, a medida que una avanza, es obvio que el de Knoxville no lo pretenda —no esconde sus preferencias ideológicas y ¡oh, sorpresa! no son las de la «revolucionaria» señorita Levy, precisamente—. La denuncia de los sueldos exiguos. La inseguridad de los puestos de trabajo en el campo. Sus furibundas diatribas contra una educación que condena a los niños a un futuro de pobreza. Incluso las andanadas que se lleva el Partisan Review por culpa de un cuestionario inoportuno y grandilocuente. Nada queda al margen de la pluma de James Age, siempre con la intensidad de un predicador y la curiosidad innata de quién realmente se interesa por su prójimo. Sólo de este modo, reconociendo «al otro» como su igual, puede un buen periodista convertirse en la voz de los excluidos y oprimidos. Eso es lo que, a su densa, complicada, honesta y fascinante manera, es Elogiemos ahora a hombres famosos. Un libro único


Las fotografías en esta reseña pertenecen a Walker Evans. 

 

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