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Departamento de especulaciones, Jenny Offill (Libros del Asteroide, 2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Celebremos los libros que son capaces de darle la vuelta, como un calcetín, a la historia más vieja jamás explicada: la vida. Las obras que fascinan por su audacia, por su capacidad para sorprendernos y contarnos lo que hemos leído mil veces de una nueva y refrescante forma. Las historias que miran sin miedo a las complejidades, menudencias y miserias de la existencia. La literatura que consigue que lo personal se transforme, gracias al arte de la palabra precisa, quirúrgica, en universal. Los autores con una voz única. Celebremos pues este Departamento de especulaciones de la norteamericana Jenny Offill que nos trae Libros del Asteroide.

Publicada en EE. UU. hace un par de años y convertida en fenómeno literario, contando con el aplauso de la crítica —en el top ten de los libros de 2014 para The New York Times— y los lectores, Departamento de especulaciones es una radiografía de la vida en papel. Practicando una suerte de prosa fragmentada, a veces apenas un esbozo de una idea, una imagen, o un momento mundano y familiar, y estructurada en capítulos breves, Jenny Offill arma una novela única. Inusualmente breve, tan sólo 150 páginas, pero de una pegada brutal. Despojada de sentimentalismos, casi diría que con una draconiana imposición de distancia por parte de la anónima narradora —los personajes centrales, la familia, no tienen nombres, responden a los lacónicos «la esposa», «el marido», «su hija»— , pero desgarradora en toda su incontestable composición de la duda, la vulnerabilidad y la complejidad de las relaciones humanas.

Offill es una maestra ABSOLUTA de la elipsis. Sublima la «teoría del iceberg» de Ernest Hemingway —la idea que el escritor, como poseedor de la información de una narración en su totalidad, debe ser capaz de administrarla en todo momento, sabiendo que en buena parte no es indispensable para el buen funcionamiento de la misma, como un iceberg cuya dimensión real no vemos pero podemos intuir— hasta elevarla a categoría de arte. Su Departamento de especulaciones es el tuétano, desnudo, quebradizo y expuesto, del devenir de una pareja, la maternidad y crianza de una hija, junto a una trama, digamos secundaria, sobre la propia realización profesional de la protagonista como autora. Un coloso compuesto no por hielo, sino por escenas conyugales, domésticas, cotidianas, incluso nimias en múltiples ocasiones. Todo lo necesario está ahí, condensado ante nuestros ojos, aproximándose a un ritmo vertiginoso y constante. Además, sabemos la montaña congelada es de dimensiones gigantescas. Y va a la deriva.

Más incisiva que Lydia Davis, más certera —y mucho menos pretenciosa— que Renata Adler, Offill logra construir un artefacto literario de primera magnitud con una sucesión de “escenas” del día a día, en las que la introspección del personaje central no ahoga el dinámico ritmo del libro. Departamento de especulaciones podría haber caído en la intrascendencia, en una superficialidad insustancial dada su brevedad y arriesgada estructura. O por el contrario, haber sucumbido a la filosofía de revistucha femenina, o al sentimentalismo de trazo grueso dada la peliaguda temática/s central/es —sin spoilers, las vicisitudes del matrimonio y la maternidad—. Pero ni por asomo. Aquí hay chinches —memorables—, una obra absurda a lo Carl Sagan por escribir, un sentido del humor resolutivo, que tanto revela ingenio como fragilidad, junto a las cargas de profundidad que Offill va detonando, con avezada mano ejecutora. Inclasificable, intensa, implacable. En definitiva, lectura recomendadísima.

 

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