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El corazón de los hombres, Nickolas Butler (Libros del Asteroide)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Fue una grata sorpresa. En 2014, Nickolas Butler consiguió un merecido —he ahí buena parte de la novedad hype literario— con su notable debut Canciones de amor a quemarropa, más que recomendable historia sobre la amistad pese su «halo hipster» —mediante esa singular conexión con Bon Iver. Por eso, había ganas de ver si el autor, nacido en Pensilvania pero muy ligado a Wisconsin, es otro hit one wonder de las letras, o, por el contrario, es capaz de repetir hazaña con su segunda novela, El corazón de los hombres, que nos llega de nuevo de la mano de Libros del Asteroide con la impecable traducción de Marta Alcaraz.

El corazón de los hombres nos hace regresar a los parajes de Wisconsin para presentarnos una trama generacional acerca de experiencias traumáticas, el valor —y los valores— humanos, y sus complejas relaciones a través de distintas épocas. La saga, dividida en tres veranos, 1962, 1996 y 2019, nos sitúa en el campamento boy scout de Chippewa, presentándonos a varios personajes centrales que gravitan en torno a un protagonista principal, Nelson, alias «El Corneta». En la primera parte, es un prometedor y recto adolescente con serios problemas en casa y no precisamente menores ante el resto de su púberes compañeros. Odiado por el grupo, convertido en una especie de paria y en el objeto de desgarradoras humillaciones debido a su destreza —es un coleccionista de insignias— y su cercanía con Wilbur, el jefe de tropa. Sólo otro joven, el popular Jonathan Quick, entablará amistad con él, siendo prácticamente el único asidero al que agarrarse cuando deba afrontar la disyuntiva de hacer lo correcto o ser aceptado por los demás.

En la segunda parte, con un salto temporal de 34 años, el foco se desplaza a Jonathan y su hijo Trevor, a punto para pasar unos días en el campamento, que ahora tiene a Nelson como máximo responsable. Pero no habrá lugar ni tiempo para rememorar «batallitas» junto a su antiguo compañero, porque lo que el padre —o Butler, lo que uno prefiera— le tiene preparado al íntegro y enamorado muchacho, es tremendo: la presentación de su amante, una agria discusión, Vietnam, y una juerga con strippers incluida. Una peculiar y bastante despiadada forma de darle una lección a su vástago. La vida es dura y hay que estar preparado para encajar sus golpes…

Finalmente, en un futuro a la vuelta de la esquina —si Trump y «Rocket Man» se dejan de jueguecitos— tenemos el último tramo de la novela, protagonizado por Rachel, la que fuera novia de Trevor, ahora convertida en su viuda, que lleva a su hijo Thomas al mismo campamento, claramente en decadencia, que sigue dirigido por Nelson, ya anciano. A través de su relato y sus vivencias, conoceremos la vida del malogrado Trevor, trasunto de la rectitud de Nelson muchos años después, así cómo del último eslabón de la estirpe, ese Thomas que se expresa a través de Whatsapp. Todo convergerá en un desenlace con aires de thriller que, de nuevo, es una exposición de la crueldad de la vida.   

La ambición de Nickolas Butler en El corazón de los hombres supera con holgura la de su primer libro. No sólo por la estructura y la polifonía de personajes, tan sólidamente encadenados uno al otro como perfilados por el autor —seguramente la única excepción sean la madre de Nelson, demasiado distante, casi inconcebible, en mi opinión, junto al joven Thomas—. Cada uno de los tres episodios ofrece escenas indelebles en el lector, poderosas en sí mismas y repletas de «cargas de profundidad» en ellas. Pienso en el humillante descenso a la letrina, la reunión y borrachera final entre Rachel y Nelson en la cabaña de éste, o la cena a cuatro en el restaurante, situada, para nada casualmente, en el epicentro del libro. A través de la acción, Butler nos habla de perversión, inhumanidad, frustraciones, inocencia, coraje, mentalidades, actitudes vitales, el peso de las decisiones, edades y generaciones, la pérdida, y las relaciones, ya sean amistades, paterno-filiales o de pareja. Más de medio siglo de emociones humanas, una familia, y un país comprimidos con franqueza y lucidez en apenas 400 páginas.

Personalmente, me cuesta algo comprender ese concepto de heroísmo —«hombres de verdad», se repite cual soniquete— y la, digamos, «necesidad» de la guerra. Hay algo hobbesiano en el planteamiento de El corazón de los hombres, como de película clásica, de blancos y negros que no dejan demasiado espacio a los grises, y donde el fatalismo de la violencia se encuentra siempre a la vuelta de la esquina. Probablemente sea una decisión consciente, adscribible tanto a Estados Unidos como a los tiempos en los que nos ha tocado vivir. Pero siempre resulta creíble. Además, lo realmente importante es que Butler sabe introducir los «colores» a su obra, en forma de dilemas, desengaños, victorias y heridas que marcan con maestría a los personajes, redondos y siempre verosímiles en sus aristas y complejidades. El resultado es un libro que sorprenderá a quienes esperen un Canciones a quemarropa II. Seguramente la «melodía», de apariencia clásica, sea más áspera y elaborada, pero también más duradera…

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