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“Britpop. La vida moderna es una basura”, Marcos Gendre (Lenoir, 2015)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Mi adolescencia fue britpopera. No puedo ni, en realidad, quiero negarlo, ya que —atención momento “abuelo cebolleta”, cómo pasan los años— comparado con lo que escuchan los adolescentes en la actualidad, de poco me puedo quejar. Entonces en la televisión aún había cierta consideración por la música. Teníamos el Sputnik, los 40 Principales —sí, en televisión además de una radio que todavía no daba vergüenza escuchar—, luego la MTV —ídem del comentario anterior—. Mi hermano se convirtió en fan acérrimo de Oasis y, sin llegar a esa devoción talibanesca —una década le costó admitir que Be Here Now era un pestiño—, también lo sería de Blur, Suede y Pulp. Sin duda la banda sonora de mi casa fue puro Cool Britannia durante varios años. Y, aunque el tiempo ha puesto a buena parte del movimiento en su sitio, dejándolo en no pocos sentidos como algo bastante ridículo y criticable, no puedo sino verlo con algo de nostalgia y bastante cariño. ¿Cómo podría meterme con algo que nos dio a Jarvis Cocker?

Y en esto llega Marcos Gendre, nuestro stajanovista cultural preferido y, de la mano de Lenoir ediciones, nos trae una obra que más que analizar el Britpop, ajusta cuentas con él. Porque La vida moderna es una basura, ya desde su diáfano subtítulo, no sólo hace el esperable repaso de las bandas clave del fenómeno, sino que nos introduce en los pormenores y las múltiples dimensiones del mismo: sus orígenes y contexto, su trasfondo cultural, su papel de acicate e influencia social, que merecería un estudio sociológico en profundidad y que, en mi opinión, provocó su patético uso político, flagrante ejemplo de manipulación que el autor no vacila en señalar.

Hay un poco para todos. Prensa sensacionalista, políticos supuestamente progres actuando cuál buitres carroñeros —nunca debe olvidarse que hablamos de un criminal llamado Tony Blair—, chovinismo Brit, orgullo de clase social mal entendido, guerra contra el grunge, rapiña vía descarado fusilamiento de las leyendas musicales de la Vieja Albion —sota, caballo y rey o traducido, Beatles, Stones, Kinks—, Londres en busca de su gloria perdida, la lad culture o cultura hooliganesca y machista disfrazada burdamente de modernidad… y mucha mediocridad. Uno no puede sino esbozar una sonrisa pensando en lo bien que se lo habrá pasado Marcos atizando a diversas bandas, efímeras y muy olvidables tipo Cast, Kula Shaker —atención a Luke Haines con ellos— Menswear, largo etc, que se sumaron a un carro que parecía incontestablemente ganador… cuando en realidad iba sin frenos.

Con lo señalado hasta el momento ya estaríamos ante un libro harto recomendable, pero hay más. Muchos más. Lo que hace especialmente valioso a La vida moderna es una basura lo tenemos en la más que encomiable voluntad de salirse de la historia habitual, ya contada y bien conocida. Como sólo los mejores directores de cine son capaces de hacer, Marcos nos ofrece un enfoque distinto, nos propone leer “el mismo cuento con una narrativa diferente”, o en este caso, complementaria.

Así, junto a la sobreexplotada y, hay que decirlo, penosa guerra Oasis versus Blur vamos a encontrarnos con sugerentes capítulos como el que se ocupa de Saint Etienne, involuntarios padrinos del Britpop. Al lado del auge, caída y resurrección de Suede y Blur tendremos las realmente frustrantes pero vindicables carreras de secundarios con —al menos— igual enjundia, casos de The Auteurs o Denim. Mientras desgrana a nuestro querido Different Class, también cuenta con la inestimable ayuda de Cesc Guimerà, responsable de uno de los momentos más sustanciosos de toda la obra, centrado en las mujeres del Britpop, poniendo sobre la mesa el papel, los objetivos y el rol de grupos tan dispares como Elastica, Shampoo, Kenickie, de riot grrrls a pin-ups al servicio de la Union Jack. O después de lidiar con los discos “más grandes que la vida”, la lengua y los egos de los hermanos Gallagher, podremos celebrar la inclusión de la que Gendre califica de“generación perdida”, coetáneos como, entre otros Stereolab —te has ganado el cielo incluyendo a Tim Gane y Laetitia Sadier, Marcos—, Moonshake o Disco Inferno, bastante más estimulantes que los archiconocidos grupos de masas del Britpop.

Siguiendo con la comparación cinéfila, al final, la sensación que deja este Britpop. La vida moderna es una basura, es similar a la de una magnífica película independiente. Es haber disfrutado de un libro que, sin disponer de grandes presupuestos o recursos infinitos, tiene una lucidez de planteamiento, eficacia en su desarrollo y claridad en su conclusión absolutamente sobresalientes. Si ponemos el énfasis en la superficialidad, estupidez, execrable apropiación sociopolítica, el Britpop fue lamentable. Sí, en cambio, rascamos sobre la superficie mediática y nos dejamos aconsejar por un autor alérgico a los artificios y las listas de ventas, o nos ceñimos a las varias obras perdurables que la época dejó, el balance es sin duda más satisfactorio… sobre todo comparado con lo que vendría después —menudo colofón—.

And if it all amounts to nothing / it doesn’t matter, these are still our glory days
Pulp, Glory Days

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