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¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, 1980-1995, Luis Costa (Contra, 2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

«La mákina»… Cómo la odiaba. Con todas mis fuerzas. Para mi era la anti-música, asociada como estaba además a la «ruta», o lo que pensaba eran sinónimos: drogas y desfase general —en mi opinión— muy cazurro. Pero hete aquí que llegan los majérrimos de Contra y se sacan de la manga este ¡Bacalao! Historia oral de la música de baile en Valencia, a cargo del periodista y DJ Luis Costa y a este humilde servidor le dan toda una lección. ¡Qué poca parte —y que sesgada— de la historia conocía!

¡Bacalao! repite la exitosa fórmula del relato oral que ya hemos disfrutado en lecturas imprescindibles como Pequeño circo —sobre el indie nacional de los 90—, Todo el mundo adora nuestra ciudad —el grunge—, Por favor, mátame —el punk— o Der klang der familie —el techno—. Multitud de voces enfrentadas a la entrevista/s del autor, que en este tipo de obras no sólo es la pluma del libro, sino un auténtico «montador», responsable de ensamblar las piezas-respuestas más suculentas de este «documental escrito» para hilvanar la crónica más completa e interesante. Aquí Costa se las ve con nada menos que cincuenta protagonistas de esos 15 años en los que Valencia fue la capital de la vanguardia musical en Europa. ¿Cómo? ¿Valencia?  

Eso es. El sorpresón mayúsculo y el mérito extraordinario de este libro. Exponer con todo detalle y con las propias palabras de sus personajes principales que, antes del «chunda-chunda» atroz —al menos para quien escribe— y esa borreguil obsesión por «deskontrolar» e irse de «ruta del bakalao», hubo algo más. Mucho más. De hecho, lo que ¡Bacalao! demuestra es que «la historia conocida», y muy mediatizada, fueron tan sólo unos años que se salieron —pero mucho— de madre y pusieron el triste punto final a una década, más o menos, durante la cual un lugar inesperado —no hablamos ni de la capital, entonces epicentro de la «movida modernosa», ni de Barcelona, siempre presumiendo de ser la más cool y cosmopolita del panorama estatal— se convirtió en la escena más interesante del país y un referente a nivel europeo. Esta absorbente lectura te deja la sensación de haber sido engañado durante mucho tiempo. Como si hubieras visto un iceberg y dado por hecho que el bloque de hielo, desbocado y sin rumbo iba, efectivamente, derechito a estrecharse… Pero en realidad era únicamente la punta de algo mucho más memorable. Y tristemente ignorado.  

Y es una pena, porque es una historia sin duda singular y atractiva, que gracias a su estructura coral pero bien delimitada por Costa en sus capítulos, en ningún momento desfallece ni satura. También resulta algo naíf y anacrónica, inconcebible en estos tiempos de cinismo y estupidez generalizada vía redes sociales, aunque, sin embargo, es muy reveladora de la situación de un país en la que, por entonces, la juventud buscaba sacudirse las décadas de oscurantismo de la dictadura franquista. Y en Valencia, sin nada remotamente parecido a las posibilidades de Madrid, adquirió la forma de un puñado de pioneros dispuestos a ofrecer una música muy distinta, fundamentalmente anglosajona, a la imperante en discotecas y bares musicales de la época —rumba, funk, disco, vamos, el horror del capitán Kurtz antes de la llegada del reggaeton y la música latina—. Punk, new wave, gótico, garage y los primeros atisbos de electrónica con guitarras… Grupos que despuntaban en Reino Unido y que, sorprendentemente, llegaban primero a Valencia mediante la importación vía tiendas de electrodomésticos o grandes almacenes. Spain is differentVery.

Era terreno virgen, con abundancia de espacios olvidados a reformar y aprovechar a las afueras de ciudades y pueblos. Así, sin mucho que perder y toneladas de entusiasmo por salirse de lo establecido, lugares como Barraca, Chocolate, Espiral, Puzzle, Spook Factory brotaron como inesperados oasis musicales con una creciente clientela en la que el boom turístico nacional es un factor a tener muy en cuenta. A rebufo suyo, también lo hicieron drogas como la mescalina —según el libro, casi una exclusiva de la zona—, tiendas de discos como Zic Zac y promotores de conciertos que en esa década de los ochenta traerian a Valencia, y antes que nadie, a bandas como The Cure, Depeche Mode, Soft Cell, los Stone Roses o los Happy Mondays —por no mencionar otras mucho más minoritarias—, o alguna banda local con su momento de gloria como Glamour. Una inesperada conjunción de elementos y actores que convirtieron a la zona del Turia en uno de los «epicentros de la modernidad», no solo estatal, sino europea. No, por supuesto, Rita Barberà y compañía aún no estaban…

Como suele ocurrir, la escena acabaría fagocitándose a ella misma. Es el «bajón», la «cara B» de ¡Bacalao!, que nos sitúa en un terreno más conocido y explotado por los medios. La degeneración de un modelo cuyo valor, en buena parte, residía en su espontaneidad y verdadera pasión por la música, transformado en otra cosa, una marca. ¿Motivos? Varios se apuntan con claridad en el libro, con los protagonistas renegando de esos noventa que se lo llevarían todo por delante, incapaces de disimular un ápice su frustración ante lo que consideran una decadencia fomentada por unos pocos que poco o nada tuvieron que ver con ellos. El efecto llamada que masifica y sobredimensiona el fenómeno, La consiguiente entrada de empresarios que ven las evidentes posibilidades de negocio. El aumento descontrolado —la proverbial laxitud legislativa española, que permitió el surgimiento de la escena, se tornaría luego en una amenaza nada baladí— de horarios. La competencia entre DJs, antes basada en pinchar antes que nadie esa novedad alucinante y enlazarla con temas ahora infalibles, ahora descubrimientos indispensables, luego desfigurada en lucha feroz por abarrotar la discoteca durante más tiempo. La entrada de una música más simple y puramente «llenapistas», salpicada de infamias sónicas englobadas bajo el término «cantadita» o «pastelito» —y que, por cierto, ahí siguen—. Otras drogas…

En ese sentido, es curioso que en ¡Bacalao! estén reunidos todos los protagonistas principales. Carles Simó, Juan Santamaría, Toni «El Gitano», Juan «Torpedo», Fran Lenaers, Vicente Pizcueta, José Conca, Kike Jaén, Arturo Roger, Germán Bou… Todos menos uno, Chimo Bayo. Precisamente el más famoso de ellos y, a tenor de esta lectura, el más controvertido —eufemismo—, por ser el epítome de esta segunda fase de la escena valenciana. Y aunque su decisión de no participar nos escatima otro punto de vista —y alguna que otra guerra— sobre el ocaso de la ruta, al mismo tiempo cohesiona sobremanera el libro, convertido en documento fundamental de una historia, cercana en tiempo y distancia geográfica, que estaba por descubrir —la gran pregunta sería por qué ese olvido—. Gracias a Contra y Luis Costa por rescatarla.

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