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Asombroso, fantástico, increíble. Unas memorias maravillosas, Stan Lee, Peter David y Colleen Doran (Planeta Cómic, 2019)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Asombroso, fantástico, increíble. Unas memorias maravillosas, Stan Lee, Peter David y Colleen Doran (Planeta Cómic, 2019)

Fallecido el pasado noviembre a los 95 años, la legendaria figura de Stan Lee, «el rey de los superhéroes», merecía unas memorias. Eso es lo que nos trae Planeta Cómic en Asombroso, fantástico, increíble, creadas por el propio Lee junto a Peter David en el guión y Colleen Doran en el dibujo. La biografía gráfica del tipo responsable del imperio Marvel, «padre» de Spiderman, Hulk, Iron Man, la Patrulla X o Thor, entre otros, e icono indiscutible de la cultura pop.

Publicadas originalmente en 2015, coincidiendo con el setenta y cinco aniversario de Marvel, Asombroso, fantástico, increíble. Unas memorias maravillosasA marvelous memoir en el subtítulo inglés— no son las primeras memorias sobre el editor, escritor, productor y «especialista» en cameos cinematográficos, pero si resultan innovadoras al presentarse en suntuoso y colorista formato gráfico. Una decisión que le viene como «anillo al dedo» a unos textos que son pura escritura pop, alborozada y sempiternamente jubilosa —esas jocosas rupturas de la «cuarta pared»—, reflejo de una vida —en su parte más edificante— extraordinaria, nunca mejor dicho. ¡Excelsior!

Y eso que la infancia y juventud de Stanley Martin Lieber en el Bronx no auguraba un futuro demasiado halagüeño. Nacido en Nueva York en las postrimerías de 1922, el pequeño Lee conoció las penurias económicas y un cierto aislamiento social, compensado por una muy temprana pasión por la lectura y el cine de aventuras. Tras variopintos trabajos, su llegada al mundo del cómic —las conexiones familiares posibilitaron su entrada como ayudante en Timely Comics, propiedad del marido de su prima Martin Goodman—, por aquél entonces una industria «en pañales» en el que el horror, el western y el romance parecían ser los únicos géneros posibles, tuvo bastante de casual, con un aprendizaje editorial de lo más curioso —y venéreamente socarrón— en el Cuerpo de Señales del ejército durante la Segunda Guerra Mundial.

Mientras Stan Lee pasaba de hacer sus «pinitos» como guionista con el Capitán América a labrarse una prometedora carrera como innovador creador y guionista de cómics, Timely Comics se transformaba en Atlas Comics en la década de 1950, paso previo a convertirse en Marvel Comics desde 1961, ya bajo su responsabilidad. Eje central de Asombroso, fantástico, increíble, donde el talento de Colleen Doran a los lápices brilla con fastuosa luz propia, será en ese período —60s y 70s— con él como editor jefe junto a míticos dibujantes como Jack Kirby o Steve Ditko, cuando la otrora limitada editorial cosechará una sucesión incontestable de éxitos. Creaciones como los 4 Fantásticos, el Hombre Araña, La Masa os los X-Men harán que los superhéroes se hagan con «el trono» de la historieta mundial, con Lee pasando a ser el rostro más reconocido de la llamada «Edad de Plata» del cómic norteamericano. Y también que la corporación Marvelpelín agotadora en la actualidad— ya asomase la cabeza.  

Hagiográfica y expansiva, Asombroso, fantástico, increíble se detiene con delectación en subrayar la influencia cultural y el legado de Marvel, así como el boom empresarial a posteriori fraguado a base de merchandising y séptimo arte. En mi opinión, hay una cierta exageración sobre la complejidad psicológica de sus superhéroes —otro día hablamos de las películas, que comen aparte—, saludado como el gran aporte de Stan Lee al género. También hay una cierta preponderancia excesiva de su figura en un arte tan colaborativo como el cómic, aunque es verdad que las memorias sí rinden un homenaje a los fabulosos dibujantes que lograron la inmortalidad de esos superhéroes. Pero, ¿pueden construirse los grandes mitos sin egos equivalentes?

Asombroso, fantástico, increíble no se detiene cuando Lee cede el testigo editorial a su ayudante Roy Thomas —quien firma la sucinta introducción— para convertirse en el «embajador Marvel» por antonomasía. A mi juicio, ese tramo final resulta más prescindible, apenas un reguero de anécdotas con demasiado famoseo —George Bush II, «Brangelina», los Kiss o  Paul McCartney—, y en las que, en cambio, los malos momentos —personales, laborales o empresariales— se soslayan o se apuntan con celeridad. No obstante, incluso ese tramo de la biografía algo hueco se muestra de lo más revelador. ¿Acaso el Stan Lee personaje fagocitó a la persona? La respuesta quedará, por desgracia, en el aire o reservada al terreno de la especulación. En cualquier caso, estamos ante un cómic de lo más atractivo, súper entretenido, visualmente descollante y con un tramo central que es vibrante historia del cómic. Definitivamente, Marveloso

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