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Let’s Festival: Ornamento y Delito + Cuchillo + Pony Bravo

letscuchillo

Fin de semana de final del Let’s. La Salamandra acogía el viernes a Joan Colomo, Adanowsky, Depedro y Gato + Yoset dj, además de los Pin&Pon en el Depo. La noche del sábado la protagonizaban Ornamento y Delito, Cuchillo y Pony Bravo. Pese a una lluvia que auguraba el fin del mundo, gran cantidad de personas se acercaron a L’Hospitalet hasta casi colgar el cartel de lleno total. El sonido, una vez más, fue espléndido, y el público amante del buen indie con sello nacional disfrutó de lo lindo.


Ornamento y Delito salieron ante una audiencia algo escasa pero con la ventaja de tener unas letras muy del gusto de Barcelona, en las que dejan a Madrid a la altura del betún con elegancia y frases crípticas. Así, desplegaron su pop oscuro y enigmático plagado de referencias que a algunos les parecerán de lo más polémicas, incluyendo referencias directas a, por ejemplo, Miguel Ángel Blanco. Desde luego, no se puede decir que no se entregaran, con el guitarrista en continuo éxtasis musical y muy contentos todos de estar allí. Entretenidos y curiosos, acabaron diciendo que quien no quisiera entender, que dejara un comment en Jenesaispop. Y muy bien que hicieron.

Borja Domínguez.

Cuchillo llenaron la sala con la inmensidad de su sonido. Su propuesta hace del espacio un entorno denso en el que parece que te puedes dejar caer porque la propia masa sonora hará que caigas sobre esa música como si fuera un colchón. Lo de Cuchillo en directo es una experiencia sensorial. Texturas, intensidades, los desarrollos que crea este dúo son de quedarse sin habla. Como si de una travesía por el desierto se tratase, los punteos de guitarra  resuenan como en el lejano oeste, como en un duelo. El sonido es superlativamente orgánico. Los samplers grabados en el momento hacen de un concierto de Cuchillo algo difícil de explicar con palabras. Es impresionante cómo estos músicos consiguen llenar no sólo un escenario sino una sala como Salamandra, y cómo los grados de afectación de los temas van creando un ambiente de éxtasis catárquico. Son unos auténticos marcianos, unas raras avis en el panorama mundial, y merece la pena verlos. En serio, es una experiencia, es bonito vivirlo. Sus canciones pueden parecerse entre sí, pero en directo no caen en la monotonía ni un segundo. La guitarra suena impecable y certera, y las percusiones son ampulosas y envolventes. Uno a uno los temas de su disco homónimo y de su recientemente estrenado Duat suman unas progresiones hipnóticas que nos dejan varados en el rock infinito y con ganas de escuchar sus canciones en momentos de intimidad mental. Imprescindibles.

Henar Ortega.

Por su parte, Pony Bravo dieron la sensación de ser candidatos a The Next Big Thing del indie español: la Salamandra estaba a rebosar de fans que coreaban sus canciones y les jaleaban como si no hubiera un mañana... ¿Serán los próximos Love of Lesbian? Repasaron sus dos trabajos haciendo gala de un sonido que lo mismo tiraba del pop de los 80 que de la música de feria (sí, sí, esa de organillo y cabra) pasando por el rock de toda la vida. No se puede negar que estos chicos arriesgan con su propuesta, que a muchos puede no gustar, pero que visto lo visto tiene una legión de seguidores preparada para el ataque de cualquier detractor. Animaron el cotarro y dejaron alguna que otra perla. Sorpresa absoluta el éxito de esta banda sevillana, que cerraron una noche ecléctica, como todas las del Let's Festival.

Borja Domínguez


Fotos: Borja Domínguez

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