Las madres no, Katixa Agirre (Editorial Transito 2019)

Katixa nos cuenta la historia de dos madres, la narradora, que decide ser menos madre para escribir y la historia de la asesina.

Estoy tan ensimismada leyendo “Las madres no” de Katixa Agirre que, solo cuando termino y lo cierro, reparo en que mi hija se ha sentado a mi lado con otro libro. Me extraña porque ella misma me recuerda a menudo que “odia leer”, quizás porque a mí me entusiasma y ha comenzado a matar a la madre.  Le pregunto si ese libro le gusta y me dice que sí. Le comento (porque al final soy la madre coñazo que juré no ser) que, como en todo, hay que probar hasta encontrar lo que te va. Después por hacerme la romántica la cago (como siempre porque no sé) y le digo que a mí no me gustaban los niños hasta que la encontré a ella. Entonces mi pequeña cierra el libro, me mira muy seria tras sus gafas (que eligió negras) y me fiscaliza: “¿estás diciendo que no querías tener hijos?”.

Pido un receso a la jueza. Pienso rápido y puede que para los hijos las madres siempre hemos sido madres y nunca fuimos nada antes, y si yo no quería tener hijos debe significar algo muy turbio en su cabecita que la coloca a ella en un lugar inadecuado.

Katixa nos cuenta la historia de dos madres, la narradora, que decide ser menos madre para escribir (todo el mundo ha de saber que el ejercicio de escribir es inversamente proporcional al ejercicio de madre y no solo por el tiempo dedicado, lean sus checklists) y la historia de la asesina. Katixa consigue, como solo hacen las buenas, que el hecho más horrible que podemos imaginar y el monstruo que lo comete nos resulten menos ajenos de lo que quisiéramos. Con una prosa inteligente y limpia de artificios, Katixa nos va descubriendo puntos, momentos e incluso sentimientos que la mayoría de madres podríamos reconocer, aunque las buenas madres no dejamos que afloren. Pero debe ser por esas sombras que no conozco a ninguna madre que no piense que todo el tiempo lo hace mal. Madres que no se perdonan y a las que no perdonamos, esa culpa porque no vigilábamos cuando el niño se cayó o porque nos olvidamos de preparar la merienda.

“Hay quien se acerca al abismo del alma con tanta frecuencia que al final es dominado por uno de estos dos impulsos: tirarse uno mismo o empujar al de al lado. Pulsión de muerte. La mayor dosis de poder que puede probarse. El poder de acabar con todo. Algo que puede llevarse a cabo de manera tan simple, tan rápida, tan fácil y tan eficaz que, una vez ejecutado, es la incredulidad el sentimiento que se impone, por encima de la culpa o el arrepentimiento.”

Katixa, además, nos regala una exhaustiva e interesantísima indagación sobre cómo, aún hoy, los niños no son considerados personas a ojos de la ley en todos los rincones del mundo. Tampoco en nuestra sociedad, ¿cómo cabría en otro caso el debate sobre la idoneidad de darle un cachete o un golpe a un niño cuando se lo merezca? ¿Cabría ese debate cuando nuestra mujer o nuestro compañero de trabajo nos ha molestado?

Katixa te atrapará en este thriller donde deja un hueco tierno para un final íntimo y sobrecogedor e incluso para reflexiones desde el humor, porque al final reírnos de nosotras mismas se parece bastante a perdonarnos.

Ah, ¿cómo salí airosa de la pregunta de mi hija? Estoy segura de que toda madre lo sabe.