La venganza de las punks, Vivien Goldman (Contra, 2020)

La venganza de las punks-indienauta

Gracias a nuestra querida editorial Contra, os propongo celebrar un 8 de marzo no solo reivindicativo, sino punk, de la mano de la periodista cultural, música, y «catedrática» del género Vivien Goldman y su flamante La venganza de las punks. Una historia feminista de la música punk de Poly Styrene a Pussy Riot. Una ambiciosa y necesaria vuelta de tuerca al movimiento musical más incendiario —y, una vez leído el libro, no tan efímero—, desde mediados de los setenta hasta la actualidad. ¡Las chicas delante!

Cuesta imaginar alguien más idóneo para semejante empresa. La trayectoria como periodista de Vivien Goldman es dilatadísima, habiendo escrito para NME, Melody Maker, Sounds, The Village Voice, The Guardian o Pitchfork. Lo que entronca directamente con su actual labor de profesora adjunta en el Clive Davis Institute of Recording Music de la Universidad de Nueva York, donde imparte clases sobre punk, reggae y afrobeat, temas recurrentes en su extensa bibliografía de ensayos musicales. Además, Goldman ha sido documentalista del programa musical Big World Café de Channel 4 y relaciones públicas en Atlantic y Island Records, donde trabajó con Bob Marley. Y, como artista, colaboró en el debut de los Flying Lizards en 1979, fue la mitad del dúo Chantage y en 1981 grabó «Launderette» junto a Vicky Aspinall de las Raincoats, Keith Levene de PiL y Robert Wyatt. Lo dicho, una imbatible maestra punk.  

Basada en su vasta experiencia y en sus múltiples encuentros mantenidos con bandas y solistas, y escrita de una forma amena —la traducción de Carolina Smith de la Fuente incide en ese dinamismo, en apariencia ligero— pero sin renunciar a las «cargas de profundidad», la historia del punk de Goldman se estructura en cuatro grandes áreas/capítulos o temas fundamentales: «Identidad femenina», «Dinero», «Amor/desamor» y «Protesta». Cada uno de ellos se vehicula en torno a una selección de artistas y bandas y algunas de sus canciones más relevantes —al menos, en el contexto de lo abordado en el libro—, sólidamente concatenadas. La consecuencia es que La venganza de las punks posee una estructura narrativa inusualmente ágil para un ensayo musical.   

Dicha división no es para nada arbitraria, ya que permite a la británica tratar una sobresaliente diversidad de cuestiones respecto al fenómeno punk y la condición femenina. Las mujeres como creadoras; su frágil situación económica —la terrible «feminización de la pobreza»—; su denostada posición dentro de la atávica, machista industria, transformada tras la llegada de internet; su cosificación y mercantilización, tan actual en esta era de pop y sonidos urbanos «hipertuneados» de ¿preeminencia? femenina; la reescritura de los patrones sexuales y de género; la lucha no solo contra la censura, el acoso y las agresiones sexuales, sino frente al relato único de la «historia oficial» del rock; su legado… Sorprende la cantidad de debates y reflexiones que La venganza de las punks alberga en menos de 250 páginas.

Pero más allá de las cuestiones analizadas, es la personalidad arrolladora de Vivien Goldman, su manera de abordar dichos capítulos y la amplitud de miras con la que confecciona la banda sonora asociada a cada capítulo los factores que, a mi juicio, resultan más sorprendentes. Así, junto a celebridades eternas como Patti Smith, Debbie Harry o Chrissie Hynde; sheroes  indiscutibles, caso de la gran Kathleen Hanna o Sleater Kinney —habrá que perdonarles The centre won’t hold—; o excelsas secundarias como las Slits o las Raincoats, Goldman rompe los habituales patrones anglófilos para ofrecernos un panorama auténticamente global que resulta particularmente fascinante. 

El mapa del mundo punk de Vivien Goldman visita todas las latitudes. Las conocidas Pussy Riot en Rusia; Asia, con las japonesas Shonen Knife; Tika and The Dissidents desde Indonesia; las chinas Hang on the Box; o las Indias Pragaash —víctimas del fanatismo religioso— y The Vinyl Records. Lugares como Jamaica con Grace Jones o Tanya Stephens; Nigeria con Sandra Izsadore; o las colombianas Fértil Miseria, entre muchas otras. Incluso la España recién salida del franquismo tiene su momento en La venganza de las punks, con la conocida «controversia» de Las Vulpes versus TVE y «Me gusta ser una zorra». El punk hecho por mujeres no tiene fronteras.

Esquivando con gracia la densidad habitual del estudio feminista y/o musical, situando las canciones y sus compositoras en el primer plano, La venganza de las punks es un ensayo de tipo introductorio rebosante de alicientes para el lector. Es una historia alternativa de casi cinco décadas de música hecha por mujeres, reveladora de una realidad mezquinamente ofuscada. Es un relato pergeñado de una forma tan desenvuelta como expeditiva, diáfanamente vindicativo sin recurrir a la acritud. Es una obra dotada de una refrescante perspectiva global del género sin pretender ser enciclopédica. Es un libro que invita a otras lecturas y escuchas. En fin, es un must-read de manual…  

¡Feliz y combativo 8 de marzo «mujeres salvajes»!