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La piel afilada. Un bestiario de amantes, Josan Hatero (Alfaguara 2010)

josanlibro

El cerebro humano está programado para buscar patrones en todo aspecto de la realidad; estamos condenados a buscar orden en el caos. En "La piel afilada. Un bestiario de amantes" Josan Hatero (Barcelona, 1970) juega precisamente a eso, a intentar categorizar y etiquetar elementos humanos tan poco racionales como el deseo y el amor. Es un trabajo construido como un listado, al modo de "Las ciudades invisibles" de Italo Calvino (influencia admitida por el propio autor en el prólogo, junto al "Libro de los seres imaginados" de Borges y "La antología de Spoon River" de Edgar Lee Masters)  o de otros libros  de estructuras no lineales, como el "Diccionario Jázaro" de Milorad Pavic.


A medio camino entre poesía y reflexión, o quizás un paso por delante o a un lado, imágenes y comportamientos se suceden, familiares e irreales a la vez y resulta difícil sustraerse al hechizo de la comparación. Como quién intenta ver sus propios esquemas de personalidad en una carta astral, es imposible no sentir, en estos amantes, retazos de uno mismo o del otro, aquel objeto de deseo pasado, presente o imaginado futuro. Es un juego de espejos de feria que caricaturiza, exagera, deforma o estiliza, pero en cuyos reflejos siempre encontramos, en el foco, algo nuestro.

Esa interacción con el lector, el verdadero jugador, es el gran acierto de "La piel afilada". Es un libro que no se acaba en su lectura, que realmente invita a pensar, que se pega a ti como un abrazo (o un desplante) y hace que te busques en esos amantes imaginados. ¿Tengo algo de turista? ¿No vi realmente aquella noche a un fénix? ¿Te acuerdas de aquella relación berlinesa? Qué idea ser un rotador, jugar en la piel de otro. Y en medio (¿contrapunto o corolario?), las entrevistas. Palabras auténticas de amantes auténticos, ajenas, pero matizadas y escogidas por Hatero hasta formar parte de su particular realidad, no por interpretada menos verdadera.

La obra funciona igual de bien como juego poético de evocadoras facetas, que como motor de preguntas y materia de autoanálisis.  Completa el cuadro una preciosa edición puntuada por las elegantes ilustraciones de Montse Bernal (¿qué es un bestiario sin imágenes?). Todo un triunfo para la más arriesgada, personal y mejor obra de su autor hasta la fecha.

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