James, sala La Riviera, Madrid (11/09/2019)

James volvieron a triunfar en su última visita a Madrid

Uno de los primeros conciertos de la temporada –y de la vuelta a la rutina–, fue el que ofreció James el pasado miércoles en La Riviera, después de que adelantara un día la fecha programada inicialmente por cuestiones de logística.

Este cambio, y que coincidiera con Buffalo Tom, parece que no trastocó demasiado, ya que la sala presentaba un lleno casi total con un público –talluditos ya todos, se notaban los inicios del grupo allá por el año 81– ferviente admirador de la voz y de los movimientos espasmódicos de Tim Booth, que entró en masa a escasos diez minutos de la hora prevista de inicio del concierto.

Los fans más acérrimos habían asistido con entrada VIP al soundcheck del grupo y llevaban una hora afianzado el sitio –conociendo a Tim Booth, era bien sabido que iba a estrechar manos, nadar y pasearse entre el público– en las primeras filas, mirando de reojo la pasarela preparada para el mancuniano.

El repertorio comenzó con Five O y con la primera ovación de la noche también para Saul Davies al violín. Booth iba calentado voz y cuello (literalmente, con esos movimientos que ejecuta) para entrar ya en terreno de jolgorio, brinco general y salto al público con Waltzing Along.

James ha sido una banda situada quizás en un segundo plano, pero puede presumir de tener muy buenos músicos –así lo demostró Andy Diagram en Ring The Bells–, un muy buen directo y uno de los mejores frontmen en activo que consigue que, en temas no tan potentes como Heads, o con algunos problemas de sonido como en Picture of this Place (la acabó sustituyendo, megáfono en mano, por What’s It All About‘, en la que destacó un elegante David Baynton a la batería), no puedas evitar verte absorbido por ese llamémoslo baile psicodélico o trance.

El público recuperó la sonrisa y el modo himno con la coreada Sit Down y con una versión más delicada y semi acústica de She’s a Star, para después ponerse algo más serios con Broken by the Heart –en la que Booth pidió que cerráramos la “puta boca”– y Feet of Clay.

Iba llegando el tramo final del concierto, cuando Booth quiso demostrar que entusiasma con lo más nuevo –para quien dice que el último álbum, Living in Extraordinary Times, no acaba de cuajar– y lo más antiguo, colocando Leviathan y Sometimes (del año 1993) seguidas en la lista de canciones.

Quizás él ya sabía cómo iba a acabar la noche, así que aprovechó el penúltimo tema para las reivindicaciones políticas y mostrar, por un lado, su rechazo a Trump y su muro y al “fucking” Brexit y, por el otro, una mezcla de unión total y esperanza, ya no tanto con la gente como público sino como seres humanos, con Many Faces.

La primera locura del final llegó con Getting Away With It (All Messed Up),con un Tim Booth paseándose por la barra del bar para deleite de los que habían visto el concierto desde las zonas VIP.

Los “oé, oé, oé” fueron tan rotundos y tan sólidos, que la banda no tuvo más remedio que regalar –llegábamos ya a las casi dos horas de concierto– dos bises, Stutter y Attention, y un tercero que desató la segunda locura –y remate final de la noche– con Come Home y medio centenar de afortunados subidos al escenario, bailando y disfrutando de lo lindo.

Texto: Belen Purroy

Fotos: Adolfo Añino