Heather Woods Broderick “Invitation” (Wester Vinyl 2019)

No sería la primera vez que se le das más importancia a la anécdota que al hecho y con este disco de Heather Woods Broderick es fácil caer en lo anecdótico. De lo que nos habla en este disco va más allá de haber colaborado con Sharon Van Etten o de ser una magnifica interprete del piano, la flauta, la guitarra o el cello, incluso de que se mudase a su pequeña ciudad natal Pacific City y allí compusiese este disco.

Si la verdadera patria es la niñez, como dijo Rilke, Broderick la recorre con mirada adulta, nos enseña esos espacios y los llena de sensaciones, de pensamientos. Con el tema que abre el álbum A stilling wind ya nos deja claro en la primera frase, que está lejos de lo que esperamos, al borde del cabo, balanceando los pies en la atmósfera.

Y sin pausa, en su segundo tema I try se desvela un mundo íntimo, muy íntimo, con frases descarnadas como Para conocer cada miedo que pueda habitar en mí que destilan sinceridad y no dejan de parecer un grito por ser entendida, arranca con un predominio del piano que deja paso a una batería cadenciosa, machacona que refuerza ese mensaje de estar intentándolo una y otra vez.

Quizás el tema más rockero del disco sea Where I lay, donde su hermano Peter Broderick la acompaña en algunos momentos y mantiene esa tensión de los temas anteriores respirando el ¿y si?, la batería sigue muy presente, pero en este caso los coros son los que ganan presencia durante los estribillos, el tema termina de una forma seca, tajante.

Las cuerdas en My sunny one, son el máximo exponente de la calidad músical que rodea todo el disco, temas mimados y donde la música acompaña a las letras de una manera magistral, como en These green valleys donde esta vez su hermano colabora con los sintetizadores y unas magníficas cuerdas sustentan el tema y  llevan en volandas a la batería hasta terminar en un precioso solo de piano.

Y con el fondo de unos grillos y el piano en Invitation nos despedimos de este disco, delicado, lleno de veracidad. 

¿Y no es anecdótico que en los agradecimientos, recuerde las galletas de chocolate de The Grateful Bread?

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