Gente normal, Sally Rooney (Literatura Random House, 2019)

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Hype con todas las de la ley, toca ver qué hay detrás de Sally Rooney, jovencísima autora irlandesa convertida en la superventas voz literaria de la generación millennial, de la mano de Gente normal, segunda novela que nos trae Literatura Random House. Una historia de amor agridulce, clásica y sencilla sobre la superficie, pero muy elocuente respecto a las relaciones humanas en el siglo XXI.

Nacida en 1991 en Castlebar, capital del condado de Mayo —noroeste de Irlanda—, Rooney estudió Lengua Inglesa en el Trinity College de Dublín —becada, detalle relevante al leer el libro—, para luego cambiar un máster en Ciencias Políticas, que dejó incompleto, por otro en Literatura Norteamericana. Trabajó en labores administrativas en un restaurante antes de convertirse en escritora, con sus primeros cuentos apareciendo en 2015 y 2016. Al año siguiente publicó su exitosa novela de debut, Conversaciones con amigos y, en 2018, Gente normal, provocando el surgimiento del «fenómeno Sally Rooney». Más de medio millón de ejemplares vendidos hasta la fecha, parabienes de todo tipo de celebridades y reconocimientos como el Costa Novel Award, el Irish Novel of the Year, finalista del Man Booker Prize o el Women’s Prize for Fiction, planes de adaptación a serie , y una atención mediática acorde con quién es saludada como «autora generacional». Y todo ello con una obra que, en realidad, es el relato más antiguo del mundo… «revisitado» acorde a los tiempos que corren por una narradora mayúscula. 

Gente normal es la historia de Marianne y Connell, dos compañeros de instituto cuyos opuestos «índices de popularidad» —el delantero centro que cae bien a todo el mundo él, una de las «raritas oficiales» del lugar ella— deberían impedir cualquier tipo de contacto. Sin embargo, las vidas de los dos jóvenes se cruzan diariamente, mediante la madre de Connell, limpiadora de la mansión de la madre de Marianne. Y con ello florece una relación cambiante, compleja y absolutamente determinante para sus respectivas existencias, que vamos a ir conociendo, de forma fragmentaria pero siempre reveladora, durante cuatro años, entre enero de 2011 a febrero de 2015.

No voy a engañar a nadie. Con semejante planteamiento, de buenas a primeras a uno le entran ganas de cerrar el libro y salir corriendo. La amenaza de una bazofia romántica planea amenazadoramente. Afortunadamente, no hay motivos para el pánico. Gente normal está en las antípodas de los bodrios de Richard Curtis. En primer lugar, porque Rooney es una escritora formidable, de precisión quirúrgica y magnífico sentido del ritmo, con crucial uso de los diálogos —la traducción no podía haber caído en manos mejores que la de Inga Pellisa—, verdadera fuerza motriz del libro. Nada sobra, todo es sustancioso. Minimalismo emocional de gran hondura, que hace pensar en otro Richard, Linklater. En segundo lugar, y a renglón seguido, gracias a esa minuciosa, sagaz narración, desarrolla unos personajes rotundos y absorbentemente complejos. Y, finalmente, porque a través de su relato, minucioso e intuitivamente clarividente, la irlandesa nos está hablando de las comezones, frustraciones y anhelos emocionales de una —la de quien escribe, sin ir más lejos— época.

Un tiempo que, ¿sorprendentemente?, no resulta tan alejado de «lo viejuno», pese a los recursos tecnológicos de la era digital o la incertidumbre económico-social de esta década que ya agoniza. La popularidad y el deseo de encajar. El bagaje que se lleva a cuestas —ese perenne «quiénes somos» tan complicado de cambiar—. Las diferencias de clase. Los contextos en los que se desarrolla Gente normal son reconocibles con independencia de la edad, y no están presentados de forma maniquea. Y sí, las redes sociales tienen un papel, pero para Rooney son meros instrumentos en la comunicación —o desencuentro— de los protagonistas. Un vehículo más para desentrañar su privada conversación sentimental, que a lo largo de 250 páginas se muestra entrecortada, confusa, intensa, frustrante, siempre viva… y transformadora para ambos.

Invitados de excepción a ese íntimo diálogo, a través de las idas y venidas en la relación de Connell y Marianne, en Gente normal se nos invita a explorar los comportamientos humanos ante el fracaso, los errores y las malas decisiones, o el daño provocado al otro, que son parte tan esencial como los momentos de conexión, que van del amor imposible que, sin embargo, avanza, al que debería ser probable pero resulta infructuoso, pasando por la amistad sincera y trascendente. La evolución de ambos resulta absolutamente creíble y, aunque el trayecto personal de Connell pueda ser más convincente que el de Marianne —a mi juicio, el único borrón de la novela es la impresión de que su «intrahistoria», terrorífico drama familiar mediante, es una innecesaria justificación a su aislamiento y comportamiento sexual—, para entonces el lector ya se ha enganchado irreversiblemente al devenir de la pareja.

Gente normal quizás no resulte demasiado sorprendente en su planteamiento o desarrollo, pero si atrapa inmediatamente, gracias a una aparente sencillez y economía de recursos que enmascaran un apabullante dominio narrativo para captar el desasosiego emocional, logrando ser —¿lo más importante?— inmensamente empática con el lector. El hype de Sally Rooney era merecido.