Estafadoras de Wall Street

La crisis financiera

Las intenciones de una película como Estafadoras de Wall Street -engañoso título en castellano- se hacen evidentes cuando entre sus créditos descubrimos que Adam McKay y Will Ferrell aparecen como productores del proyecto. El director y el actor han colaborado en una serie de títulos empeñados en denunciar el desolador panorama social, económico y moral de su país, unos Estados Unidos en los que cuando el capitalismo va bien todos se apuntan a la fiesta, pero cuando aparece una crisis -como la financiera de 2008-, todos corren para salvar sus culos.

Tras La gran apuesta (2015), El vicio del poder (2018) y la serie Succession, McKay y Ferrell aparecen detrás de esta película, que parece conjugar Showgirls (1985) y El lobo de Wall Street (2013) desde la óptica femenina que imprime la directora y guionista Lorene Scafaria, que debuta con la historia -real- de Destiny (Constance Wu) una mujer que, en busca de la independencia -económica- se convierte primero en stripper y luego en estafadora.

Hay una cuarta personalidad que marca este film, la de una estrella como Jennifer López, que a sus 50 años luce estupenda y que busca aquí un papel con enjundia que, sin duda, se beneficia de su experiencia y de su carisma. Estafadoras de Wall Street es una crítica del capitalismo, sí, pero cargada de feminismo. Hay algo de venganza en la labor de las protagonistas, que como Robin Hood roban a los ricos que, además de corredores de bolsa sin escrúpulos, son tíos babosos que utilizan a las mujeres como objetos para demostrar su poder, su dinero y en definitiva, su virilidad.

No hay un solo retrato masculino que salga favorecido en esta cinta, en cuyo corazón late la amistad entre sus mujeres protagonistas, que deciden ayudarse y defenderse de una sociedad tan hostil como machista.