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Especial Rockdelux 300: hablan los fotógrafos

Autor: | @indienauta

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Este mes de noviembre publicaba Rockdelux, la que para nosotros es la mejor revista musical de este país, un número especial a colación de sus 300 números. En esta ocasión, el especial está dedicado a las fotografías más destacadas que la revista ha publicado en su dilatada trayectoria editorial.


Con este especial finalmente se hace justicia a un colectivo profesional muy habitual en conciertos y festivales, y que se ha mantenido al margen del protagonismo abrumador que ejerce la palabra en la mayoría de medios incluidos los musicales. En este número se dejan de lado las reseñas, las críticas de discos, los artículos de opinión y los reportajes; en definitiva, se apartan las palabras para que hablen las fotografías, convirtiendo a sus creadores en los protagonistas (y esperemos que sirviendo de precedente). Aquella tan manida frase de que "una imagen vale más que mil palabras" adquiere su sentido pleno si hojeamos esta edición especial de la revista, con algunas instantáneas impactantes y otras, porqué no decirlo, históricas en el devenir musical de este país.

Es por este motivo que desde Indienauta queríamos complementar esas fotografías con palabras, pero en esta ocasión dando derecho a opinión a algunos de estos profesionales que, concierto a concierto, se apostan en el foso con la intención de retratar lo que allí acontece. Y lo hacemos teniendo claro que, se diga lo que se diga (algunas cosas se cuentan en este reportaje que claman al cielo) y a pesar de que hoy en día cualquiera puede hacer fotos en un directo con una calidad más o menos aceptable (la tecnología parece haber democratizado esta opción), el ojo clínico del profesional de la fotografía musical es insustituible. Para saber qué opina parte de este colectivo, hemos citado a seis profesionales que han trabajado para la revista Rockdelux (protagonista indirecta de este artículo) durante todo este tiempo de vida de la publicación. Hemos querido que nos hablen de la tarea de retratar a músicos, un trabajo artístico sobre el que parece que se ciernen más nubarrones que claros. Seis excelentes profesionales (hay más pero no todos tenían cabida aquí) que representan parte del núcleo duro de la fotografía musical en nuestro país. Hemos conversado con Juan Sala, Óscar García, Jordi Vidal, Óscar Giralt, Xavier Mercadé y Alfredo Arias para que nos den su visión particular sobre la fotografía musical, de cómo han funcionado las cosas durante estos 300 números de la revista y de cuál puede ser el futuro que les espera.

Los inicios...

Es bien sabido que los inicios son, la mayoría de veces, duros y complicados. En la fotografía musical, como en tantos aspectos de la vida, uno tiene que intentar hacerse un hueco y demostrar su valía, cosa que desde luego cuesta lo suyo: lo más complicado es demostrar que merecemos ese espacio, y al final son pocos los elegidos. Los inicios también están llenos de ilusión y de ganas de labrar un futuro en lo que a uno le gusta, especialmente en una profesión tan fascinante como es la fotografía. En estos 300 números de la revista Rockdelux se hace patente la importancia de este arte para complementar la palabra, aunque tal vez muchas veces pecamos de adentramos en los textos y no somos capaces de ver lo que nos dicen las imágenes (sirva esto de toque de atención al lector cuando se lance a leer su revista musical favorita). Hemos querido preguntar a los seis protagonistas de este reportaje por sus inicios en esta veterana publicación, permitiéndonos de este modo conocerlos un poco más.

Juan Sala empezó en la fotografía en 1988. Durante un tiempo y como aficionado, empezó a hacer fotos en conciertos, guiado principalmente por su pasión por la música. De vez en cuando regalaba algunas fotos a los propios artistas, cosa que le llevó a encontrar sus fotos en un par de portadas. A partir de 1992 empieza a colaborar en Rockdelux haciendo fotos de conciertos y retratos, y en un par de años más entraría a formar parte de su plantilla encargándose del escaneado y reimpresión de imágenes; con el tiempo, su trabajo fue centrándose en la fotografía de conciertos. Paralelamente, trabaja para el festival Sónar desde su tercera edición, cubriendo el certamen; además, compagina su trabajo de fotógrafo con el de asistente de Alicia Aguilera y como retocador. Juan recuerda sus inicios como colaborador en Rockdelux marcados por las casualidades. Su primera foto para la revista vino de la mano de un concierto de Ride: "Fue en la sala KGB en abril de 1992, y no fue un encargo directo, yo hice las fotos como fan (sin fotopass)". Cuenta que fue gracias a que "no pudieron cubrir el concierto, y utilizaron mi foto" cuando empezó a colaborar para la revista.

Oscar García es fotógrafo y periodista. Colabora en Rockdelux desde 1996 cubriendo conciertos, realizando retratos y publicando artículos, críticas y entrevistas. Sus fotos han aparecido en medios nacionales e internacionales como El País, La Vanguardia, El Periódico y XLR8R, entre otros. Forma también parte del equipo de fotógrafos del festival Sónar desde 2003. Oscar recuerda su primera foto en Rockdelux "con emoción", y no era una emoción derivada de que saliera su nombre, sino porque "aparecía mi forma de mirar, mi forma de explicar qué había visto". La primera foto para la revista que le tocó la fibra ("no recuerdo si realmente fue la primera de todas", cuenta) fue una fotografía de Ian McKaye, de Fugazi, en la sala Razzmatazz de Barcelona, publicada casi a página entera. "El cuerpo, arqueado hacia atrás, apenas apoyado en las puntas de los pies, y con las mejillas hinchadas, resoplando. Para mí, mostraba a la perfección la intensidad de aquel concierto. Hace más de 10 años de ello".

Jordi Vidal Sabata estudió fotografía en el Institut d'Estudis Fotogràfics de Catalunya. Empezó a hacer fotos de conciertos en 1985, y se dedica profesionalmente al sector desde 1990; además, expone su trabajo y da charlas sobre fotografía de espectáculos con regularidad. Ha colaborado de forma habitual con sus fotos, además de en Rockdelux, en las revistas Solo Blues, Guitarra Total, Batería Total, Ruta66, Ritmos del Mundo o Jaç. Además, sus fotos han sido publicadas en una larguísima lista de medios entre los que destacan El País, La Vanguardia, El Periodico, Sunday Times, L.A. Entertainment, The Guardian, Avui, MTV Networks, Billboard Magazine, Forbes, Vogue Italia, BBC UK, Los Angeles Times, Rolling Stone, NBC Universal, ABC News, Wall Street Journal, CNN o Televisa. Empezó su colaboración habitual en Rockdelux en el año 2004, y recuerda que "las fotos eran de grupos nacionales, de unos conciertos organizados por la revista en la FNAC". Éstas no fueron las primeras fotos que publicó, pues ya colaboraba con otras revistas desde hacía años. Para Jordi, ver una de sus fotos impresas siempre es motivo de satisfacción, aunque destaca que "la primera que publiqué en un medio internacional (Living Blues, Estados Unidos) a finales de los ochenta fue la que hizo que se me removieran más las tripas"; para él, ésa fue una fotografía que "abría una puerta y me daba esperanzas a competir en un mercado que había escogido como profesión".

Oscar Giralt Jonama está en activo desde el año 1995. En lo que a la fotografía musical se refiere, además de en Rockdelux ha colaborado con Enderrock, El Periódico de Catalunya, la discográfica Nuevos Medios, el Departamento de Cultura de la Diputació de Barcelona y con el ICUB (Institut de Cultura de Barcelona, dependiente del Ayuntamiento de Barcelona). Sintió una "gran satisfacción, esperanza e ilusión" al ver su primera foto publicada en la revista: "Fue en un concierto de Caetano Veloso en el Poble Espanyol, un verano de hace 15 años".

Xavier Mercadé empezó a colaborar con la publicación que nos ocupa a principios de los años 90. Lleva en activo desde el año 1984 fotografiando todo lo que se mueve sobre un escenario. Fundó la revista Enderrock en el año 1993 y es jefe de fotografía de las revistas del citado grupo (Enderrock, Jaç, Sons, 440 Clàssica, Rockol·lecció...) y sus fotos se han podido ver en toda la prensa musical de este país: Ruta 66, Rockdelux, Rolling Stone, Rock Zone, Go Magazine o Playboy. Hasta la fecha ha publicado tres libros de fotografías sobre el rock en vivo: "Pasión por el rock (Editorial La Máscara, 1999, titulado Passione Rock en la edición italiana y Rock on stage en la francesa), Freaks, la cara oculta del rock (Quarentena Ediciones, 2010) y Odio Obedecer (Quarentena Ediciones, 2011). No recuerda cuál fue su primera foto en Rockdelux, pero sí recuerda "la ilusión de haber subido un peldaño en la cadena al conseguir publicar en una revista que era todo un referente desde que en mi infancia leía la revista Vibraciones. Todavía guardo la colección de Rock Espezial de los años 80".

Alfredo Arias-Horas ejerce de fotógrafo freelance desde 1998 para distintos medios y empresas: desde El País, pasando por El Viajero, Conde Nast Traveler, GQ, Rolling Stone, NOX, RENFE, MTV, Volvo, Tommy Hilfiger o Hojiblanca. Fue ganador del concurso de foto-Reportaje ARCO 09 y acumula varios accésits y segundos premios en distintos galardones como el Foto Nikon 2008/09/10 o Canson Infinity. Actualmente ha creado Los Lunes de Foto, un foro de debate sobre la fotografía con distintos fotógrafos que se realiza todos los lunes en La Champanería María Pandora de Madrid. Alfredo comenzó a trabajar para Rockdelux en 1999 y siempre que ve sus imágenes en papel "me hacen ilusión, como cuando tengo un vinilo entre mis manos, un lujo poder verlas así". No recuerda muy bien si su primera foto en esta publicación fue "una de Romodance, un grupo con un par de discos compuesto por críticos musicales, que entre sus filas contaba con Raül Refree". A partir de ahí empezó a hacer conciertos para la revista y en el 2000, retratos.

La evolución de la fotografía musical en estos 300 números de Rockdelux

Las cosas han cambiado de forma substancial: seguramente más en la forma que en el fondo, pero han cambiado. Juan Sala ahonda principalmente en el apartado técnico; así, destaca cómo "a finales de los 80 y principios de los 90 para hacer fotos en conciertos tenías que conocer al dedillo tu material y las diferentes emulsiones con las que trabajabas, qué película aguantaba mejor los forzados...". No era precisamente barato, pero tenía un tiempo largo de amortización: "Utilicé una Nikon90x durante 15 años", cuenta. Además del apartado mecánico, explica cómo uno tenía que ser lo suficientemente avispado para no encarecer el trabajo: "Tenías que seleccionar los disparos que hacías, porque usar más de un carrete por concierto era impensable si querías ganar algo de dinero". Ésa era la situación, en contraposición a una fotografía digital que es la reina casi absoluta en estos momentos y donde "se gana inmediatez", pero que según Sala "durante años estuvo muy por debajo de los resultados que se obtenían con las transparencias". Si añadimos con respecto a la fotografía digital que "tienes que cambiar los cuerpos cada 3-4 años como máximo, además de las ópticas (diferentes formatos de sensor) si no eres previsor, invertir en ordenadores, discos duros, además del tiempo extra que se tiene que dedicar al procesado y retoque de los RAW", las ventajas desde luego no eran tantas como podría parecer. Obviamente, estos aspectos han mejorado con el tiempo, aunque sigamos "metidos en esta espiral de lo obsoleto, que nos lleva a invertir en cuerpo-equipo-discos-cuerpos-equipos indefinidamente". Oscar García nos presenta estos años de evolución con una pincelada más romántica, pensando en lo que la fotografía musical ha dejado atrás: "Hemos asistido al fin de la inocencia: de una relación mucho más anárquica en la que el fotógrafo tenía libertad para plasmar lo que veía, se ha pasado a una más pautada, con limitaciones a menudo ilógicas a la hora de fotografiar una actuación". Afortunadamente, esa acotación de las posibilidades parece diluirse algo en los "conciertos minoritarios, en los que todavía permanece un cierto halo de libertad". Jordi Vidal centra la evolución de la fotografía musical en la falta de recursos existentes en nuestro país, y no cree que pueda ser analizada de la misma forma que en el extranjero: "Es una cuestión de industria y mercado. También de la poca importancia que se le da a la fotografía en las revistas, y en la falta de editores gráficos en ellas por cuestiones de presupuesto." Oscar Giralt va más allá, y la evolución de la fotografía musical desde el punto de vista económico la presenta como un auténtico desastre: "Hemos ido de más a menos". Desde un punto de vista más divulgativo, la fotografía ha mejorado al masificarse: "el soporte digital a través de webs, blogs y redes sociales llega a mucha gente". Para Xavier Mercadé ha habido una clara evolución técnica, "tanto a nivel de cámaras y objetivos como a nivel de iluminación de los escenarios"; pero en su opinión, lo que sí ha empeorado ha sido el trato con los fotógrafos, y es que parece que "cada vez nos quieren más alejados de los escenarios". Por su parte, Alfredo Arias opina que la fotografía musical ha evolucionado mucho, y manifiesta que "el concepto gráfico ha mejorado, además los que empezaron hace unos años ahora ya son unos profesionales y su trabajo es mucho mejor". Destaca, refiriéndose a Rockdelux, que "la línea de la revista ha marcado un estilo, que dentro de la visión de cada uno es reconocible y ha creado escuela".

Las nuevas tecnologías, arma de doble filo

Y las nuevas tecnologías llegaron para llevarnos a lo largo de un viaje que no tiene fin, especialmente en lo que respecta a la ansiedad que genera la palabra "obsoleto". También han traido facilidad de uso e inmediatez, y también los problemas en forma del "aquí todo el mundo es fotógrafo". Juan Sala opina que "con la inmediatez de Internet la fotografía digital es imprescindible, pero para la prensa escrita no creo que hayamos ganado nada". Oscar García tiene claro que las nuevas tecnologías tienen cosas positivas y negativas: "Entre las primeras está la inmediatez del resultado. Entre las segundas, que parece que hayan sido creadas para propiciar una política de usar y tirar - antes cambiabas de carrete, ahora de cámara - más que una de conseguir mejores resultados". Acaba sentenciando que "la tecnología no me importa. A mí lo que me importa son las fotografías". Para Jordi Vidal, las nuevas tecnologías son fantásticas y de gran ayuda para el trabajo del fotógrafo profesional, en tanto que "agilizan los procesos y ofrecen más herramienta". Respecto a los costes, al igual que Sala, Jordi cree que "se puede pensar que disminuyen pero no es cierto. A nivel profesional, no han hecho más que encarecerse y mucho". Jordi tampoco es muy partidario de "abusar del Photoshop" como hacen algunos, en tanto que le parece que en los últimos tiempos hay fotografías que "más que fotos, parecen ilustraciones: a mí no me gustan". Oscar Giralt se muestra, en cambio, reacio a las nuevas tecnologías al afirmar que "están haciendo mucho daño al fotógrafo profesional" porque simbolizan "la cultura de trabajar gratis, o casi, y sin ningún respeto sobre la propiedad intelectual". Xavier Mercadé se decanta por las consecuencias para el día a día de los fotógrafos profesionales, es decir, el momento de la captura de las imágenes en los conciertos. En este aspecto cree que "ha habido una masificación de cámaras entre el público que hace que ellos tengan más oportunidades de hacer mejores fotos que nosotros durante las tres únicas canciones que donde se nos permite fotografiar, además con todo tipo de trabas". Aun así, sentencia que a diferencia del material producido por un fotógrafo profesional, "el 90% de las fotos que se hacen entre el público son simples píxeles que no sobrevivirán al paso del tiempo, al cambio de formatos o a los discos duros estropeados". Para Alfredo Arias las nuevas tecnologías han creado una democratización que ha arrastrado a la profesión de fotógrafo hacia un "todo vale": "Se ha perdido la necesidad de valorar el trabajo profesional", apunta, y afirma que esto ha provocado que muchos fotógrafos no se sientan valorados: "Se llega a unas tarifas de risa y por tanto no se consigue afianzar la profesionalización del sector, que es lo que tanto fotógrafos como medios deberían buscar". También destaca que "gracias a las nuevas tecnologías, el profesional ha pasado de ser sólo fotógrafo a ser también técnico de laboratorio, algo que no debería ser su labor". Pero no todo son pegas, en tanto que "todo es más rápido y algo más fácil. Ahora terminas un trabajo y sabes que lo tienes al disparar, antes también lo sabías pero ahora es más evidente".

La fotografía musical amateur versus la profesión de fotógrafo musical. Con el intrusismo hemos topado.

Y con las nuevas tecnologías, y la consecuente democratización de la posibilidad de hacer una foto con una cámara digital compacta, llegó la figura del intruso: fotógrafos amateurs que ofrecen sus fotos por nada o casi nada con tal de ver su nombre publicado en la revista de moda, muchas veces sin ser conscientes de lo que ello implica. Juan Sala no culpabiliza tanto al aficionado/intruso, sino para empezar, "al promotor del concierto, que debería decidir qué medios y fotógrafos son los que pueden acreditarse en cada actuación de forma que se pueda trabajar dignamente". Para Juan, "es inadmisible que seamos 50 en un foso". Y después pone énfasis en un segundo responsable de este dislate, los medios, los cuales "tendrían que tener criterio suficiente para ver qué fotos tienen una mínima calidad para ser publicadas y no aceptar cualquier cosa con tal de que sea gratis, o casi". De su parte, Oscar García sigue en la línea marcada por la opinión de Sala. Tiene claro que la fotografía amateur es encomiable, "pero no así su uso por parte de publicaciones que se aprovechan". Y claro, todo fotógrafo ha pasado por su etapa amateur, pero "todos debemos aspirar a ser profesionales, y si nuestra fotografía es suficientemente buena como para que sea publicada, ¿no lo es para que sea valorada?". Oscar infiere en la problemática la filosofía de las oportunidades para todos, de la democratización de la cultura, en contraposición la mayoría de veces a los intereses de todo un colectivo, algo que les pertenece: "Soy el primero en defender otro sistema que no sea el capitalismo puro y duro, pero me pregunto: si una web publica un anuncio, ¿lo hace gratuitamente? Y si no es así, ¿por qué lo hace cuando ofrece contenidos que, no nos engañemos, son los que atraen visitas?". Y es que bajo la excusa de dar una oportunidad o escudándose en las buenas intenciones, muchos medios al final no pagan, "la explotación pura y dura" dice Oscar. Él vivió en sus carnes la eclosión de las revistas de tendencias gratis-total, que considera "la mayor lacra que hemos vivido y que ha propiciado la situación en la que nos encontramos ahora". Así de contundente. Para Jordi Vidal la fotografía musical amateur no está sólo en blogs y webs de música, sino que "también está en las principales revistas y periódicos de nuestro país". La decisión de qué foto se publica, en el medio que sea, "corresponde el editor gráfico, o al redactor jefe, o al director, o a quien decida eso". Jordi no se atreve con el término intromisión: "Cada cual decide lo que quiere poner y porqué lo pone. Hoy todo el mundo es fotógrafo, periodista, editor y redactor jefe, sólo tienes que tener una cámara y un ordenador, todo el mundo sabe de todo", en contraposición al auténtico profesional: "Yo soy de otra época y tuve que estudiar varios años para tener unos conocimientos mínimos para iniciarme en el mundo de la fotografía, fui haciéndome fotógrafo a medida que ganaba años de experiencia". La relativización de la fotografía entre algunos responsables de medios queda patente con esta anécdota que cuenta Jordi: "No recuerdo si era el director o el editor gráfico de una revista muy conocida de tendencias, que decía que para ser fotógrafo sólo hace falta un rato para leerse el manual de instrucciones de la cámara. Me parece fantástico". Oscar Giralt se muestra también contundente y no se anda con rodeos al afirmar que "la fotografía musical amateur ha provocado la desprofesionalización de la profesión de fotógrafo". Xavier Mercadé se muestra más condescendiente y recuerda sus inicios como amateur, cuando pasó años llevando la cámara escondida a los conciertos en los que se pagaba su entrada, y lo hacía "con toda la ilusión adolescente". Deja claro que "todo el mundo se merece su oportunidad" y se ve a él mismo (y lo mismo pensarían en su momento de él) como "un intruso cuando empecé a llevar la cámara en los conciertos a los que iba en el año 1984". Consecuentemente, no se atrevería a "ser tan pedante como para criticar a quien haga lo mismo". Alfredo Arias en cambio lo considera una intromisión en toda regla: "Si entro en un bar y le digo al camarero que yo mismo me pongo la caña y que no la pago me sacan a bofetadas; eso mismo se hace en la fotografía de música y parece que no pasa nada". La culpa, volviendo a opiniones anteriores, no es tanto de esa supuesta intromisión profesional sino de los medios, pues "con un todo vale no se valora el trabajo bien realizado". Y también se hace referencia a la relativización de toda una profesión cuando "los dueños de alguna web con éxito e ingresos me han dicho que para qué van a molestarse en sacar fotos buenas si las que tienen les salen gratis". Alfredo tiene claro que "si un medio quiere un material malo o gratuito, lo que hace es tirar piedras sobre su propio tejado", cosa que a todas luces "pasa factura con el tiempo". Y aunque finalmente acaba reconociendo que "en la fotografía amateur, como en todo, hay excepciones y gente que se lo toma en serio", también es taxativo al afirmar que en la mayoría de sitios que utilizan estas fotografías "casi nunca se encuentran cosas buenas".

¿Y qué hay que tener para ser un buen fotógrafo de conciertos?

Dejando (de momento) de lado la problemática que está afectando a la fotografía musical profesional, queremos desplazarnos a terrenos menos movedizos, a la esencia de esta profesión artística; y para ello, qué mejor que saber gracias a estos experimentados fotógrafos qué cualidades hay que tener para ser bueno en este ámbito. Juan Sala cree que "tienes que conocer muy bien tu equipo, pues en tres canciones tienes que tener la foto sí o sí, sean cuales sean las condiciones de luz". Además, esto tiene que conjugarse con "ser muy respetuoso con el artista, y sobre todo, con el público que ha pagado su entrada". Lo más complicado es "conseguir una fotografía que capte la esencia del grupo y del concierto, una imagen que cuando la veas te haga decir: sí, yo estuve allí". Oscar García cree que "hay que conocer aquello que vas a fotografiar, tener capacidad de observación e instinto, siendo quizás esto último lo más importante". Y aquello que se dice acerca de la asombrosa capacidad cerebral para procesar la información queda patente cuando Oscar nos dice que "hay veces que no entiendes porqué tomaste una foto hasta que la miras a posteriori, y te das cuenta que tu cerebro, inconscientemente, ha tomado decisiones que tienen una lógica aplastante". Va más allá asegurando que "cuando sigues a un músico por el visor de la cámara, es como si estuvieras bailando con él: y a veces lo mejor es dejarse llevar, y otras eres tú el que tienes que dirigir". Para Jordi Vidal, un fotógrafo especializado de cualquier tipo (sea en música, danza o bodas), tiene que tener "un conocimiento amplio del tema de su especialización"; es decir, en el caso que nos ocupa, tiene que saber de música. Eso sí, "no hace falta ser un super friki conocedor de hasta el último detalle o la última tendencia, pero sí tener una visión amplia del tema". También es preciso dominar las habilidades técnicas que te requerirá el tipo de fotografía que has escogido hacer, pues "sea cual sea la situación, hay que salir siempre con resultados". Y también la paciencia es un grado: "El arte de esperar horas y horas para a veces nada, es otra cualidad a tener en cuenta". Para Oscar Giralt, "hay que dominar la técnica que requiere cualquier especialización, controlar la luz, el encuadre, la composición y la acción, saber estar en el lugar adecuado en el momento adecuado", aunque en su opinión lo más difícil es "reflejar en la imagen fotográfica la tipología y personalidad del concierto". Xavier Mercadé, al igual que Jordi Vidal, destaca como aspecto importante "la paciencia y perseverancia". Cree que puede ocurrir que la buena foto no salga "hasta el final o quizás, simplemente, no aparezca". También da vital importancia a "estar muy pendiente de los detalles, de las miradas, de la acción y saberlos conjugar al instante con la iluminación, el espacio y las características del equipo". Alfredo Arias piensa que "hay que ser rápido y pensar mucho cual es el ángulo o el movimiento que mejor refleja al grupo o la escena que quieres representar, y adelantarte a ellos". Volviendo al tema de tener conocimientos sobre el objeto de la mirada fotográfica, Alfredo señala que "conocer al grupo y el repertorio siempre ayuda, pero en cambio ser fan va en contra porque ves con buenos ojos algo que no es tan bueno: hay que mantener una mirada distante siempre". "No podemos olvidar que esto es un trabajo y parte de una profesión" remata.

El devenir...

Y volvemos a las cosas mundanas, en este caso a la ansiedad de pensar en el mañana, en un futuro que a priori parece no ser demasiado halagüeño. Juan Sala pinta tiempos poco esperanzadores: "En España creo que no habrán más de 5 personas que vivan exclusivamente de la fotografía de conciertos". Juan cree que la profesión seguirá siendo "muy vocacional, donde el fotógrafo será fan de muchos de los grupos que retrate, y compaginará esta actividad con otras relacionadas, o no, con el mundo de la fotografía". Oscar García, que se muestra contundente y pesimista, cree que desde un punto de vista profesional "no existe ni presente ni futuro en la fotografía de conciertos, al menos en nuestro país", aunque la vertiente más romántica sigue y seguirá vigente ("nadie de los locos a los que me encuentro en el foso se dedican a esto para vivir de ello: lo que nos mueve es la pasión, es lo único que nos sustenta"). El pan de cada día, el poder vivir de lo que te gusta, parace convertirse a cada paso en una cuesta arriba: "Puedes - y debes - cobrar por las fotos que publicas, pero, que yo sepa, sólo un fotógrafo de Barcelona vive de la fotografía de conciertos, y le respeto enormemente por ello". Para Jordi Vidal "preguntar por el futuro de la profesión de fotógrafo de conciertos es un chiste". Se muestra tajante al afirmar que "en toda la historia de este país, si ha habido dos fotógrafos que hayan malvivido de la fotografía de conciertos ya es mucho, y desde luego es algo que no sucederá con toda certeza en el futuro" y sentencia con una frase (más bien un autoreproche) al decir que esta situación ocurre "básicamente porque los fotógrafos lo han querido así". Oscar Giralt también lo ve negro y se imagina "un futuro precario por desgracia". Xavier Mercadé separa la vertiente vocacional ("mientras hayan conciertos seguiré haciendo fotos, pues no concibo estar delante de un escenario sin una cámara en el cuello") de la profesional ("veo un futuro chungo, pero como en todos los sectores"). Para finalizar, Afredo Arias aporta una visión menos catastrofista y más pragmática: "Lo veo igual que ahora, no creo que cambie mucho ni para bien ni para mal: los pensamientos apocalípticos no llevan a nada". Y no es por falta de buenos profesionales: "Hay un buen número de fotógrafos que hacen un buen trabajo o luchan por profesionalizarse con él, y creo que van a seguir luchando por su profesión". Alfredo cree que "el tiempo de lamentarse ya acabó y no lleva a nada, lo que hay que hacer es trabajar duro y demostrar que somos grandes profesionales". Y de veras que lo son.

 

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Willl Oldham por Juan Sala                                    Vic Chesnutt por Oscar García

 

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Kanye West por Oscar Giralt

 

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Anímic y Will Johnson por Jordi Vidal                Benjamin Biolay por Alfredo Arias

 

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U2 por Xavier Mercadé


Todas las fotografías por cortesía de Rockdelux

 

 

 

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