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Entrevistamos a David Carabén de Mishima

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David Carabén nos comentó en persona las curiosidades del séptimo disco (quinto en catalán) de la banda catalana que lidera. Esta noche presentan en el madrileño teatro Lara su último disco, ‘L’ànsia que cura’ (Warner, 2014)

Mishima son de esas bandas que poco a poco van ocupando un lugar en tu universo.  A base de referencias urbanas, de crisis de juventud y madurez, que lo mismo te hablan de ‘hippies’, de borracheras, como de paisajes del campo, de la pereza y del deseo, te citan a Rilke o a Louis Aragon y a Georges Brassens. Culés de pro. Rondan los cuarenta, proceden de una clase media-alta acomodada con formación cultural y con conciencia social, pero sin mojarse demasiado ante la prensa. Aunque cuestionan los límites del lenguaje y de los significados, y de los conceptos, y su música contiene belleza sonora, junto a una rabia y una épica dignas de mención. “En el mundo de la música he encontrado una buena combinación de las cosas” asegura David Carabén. Escribe pero sabe que no es un poeta. “Respeto mucho el trabajo de los poetas. Ellos no tienen la música para ocultar, para rellenar las brutalidades que puedes llegar a decir. Realmente me sentiría sin red si tuviese que escribir poesía y dudo que lo pudiese hacer bien. También otras veces me lo han dicho, ¿Por qué no escribes alguna cosa? ¿Literatura o un cuento? Pero es tal la disciplina de hacerlo, creo que es admirable lo que hace un escritor que se encierra tanto tiempo en casa. Necesito que las cosas vayan cambiando, y trabajar en equipo”. Una banda profesional que sabe posicionarse y avanzar con su ya séptimo disco. Y abordar la vida desde sus letanías hasta su aspecto más mundano.

¿Sigues encontrándote bien cantando y escribiendo en catalán?

David Carabén: A partir del momento en que me di cuenta que escribir era algo importante para mí y que probablemente las canciones me cantaban más a mí que yo a ellas.  Y de que las utilizaba para verme a mí mismo desde otro punto de vista. Y que era algo importante para mí. También vi en aquel momento que el oyente agradecía la sospecha de que lo que cantaba pudiese ser yo. Y que eso hacia las canciones más interesantes. Y entonces cantar en catalán se convirtió en algo lógico. Y era la manera de hacerlo bien. Y desde entonces no dudo en escribir canciones en catalán siempre.

En este disco hay un David Carabén más sincero. Por ejemplo en la letra del “El Corredor”, dónde hablas de que ha salido mal un concierto, o de añorar la ausencia de tu pareja mientras estás de gira, de sentir la angustia que tiene la gente en estos tiempos difíciles…

David Carabén: En esta canción me permití ser autobiográfico por primera vez. Llevábamos siete discos y no habíamos hecho ninguna canción sobre el hecho de estar de gira. En este disco me he dado cuenta que he cubierto muchas cosas pendientes desde hace años: no había hecho una canción de accidentes, no había hecho una canción de gandules, ni de estar de gira,… Me he dedicado a hacer canciones que hacía mucho tiempo que quería hacer. Me lo he tomado más como un oficio, de alguna manera. Y una canción de gira tenía que incluirla, autobiográfica, también es una canción de celebración. De agradecimiento a los chicos, al resto de la banda. Y de agradecimiento al público. Que tanto la banda como el público me han permitido ser músico. Y es esta voluntad la que tiene la canción.

Los dos últimos discos especialmente tienen una forma de jugar con contradicciones, tanto ‘L’amor feliç’ (2012) y ‘L’ànsia que cura’ (2014) cuestionando el amor feliz y la ansiedad frente a la cura ¿Te gusta poner siempre en duda las cosas o los conceptos con los que se mueve la sociedad?

C: Las canciones, en realidad las obras de arte, que me han gustado reconciliaban cosas que en nuestra vida diurna o en nuestra conciencia se clasifica en compartimentos separados. Al arte le toca seguramente sacudir estas certezas. Poner en duda que el blanco y el negro sean opuestos. Y me gusta cuando lo consigues a través de una canción. Cuando entiendes una idea que va más allá. Creo que la idea de las canciones es ésta. Reproducir y jugar con los límites del significado de una palabra, la poesía lo hace mucho. Preguntarle a aquella palabra si tiene más significados. Preguntarle a una expresión si podemos ir más allá. Y si es posible crear nuevas expresiones, ponerse al límite del significado de las cosas.

Sí que hay algunos cambios en este disco. Habéis cambiado de productor ¿Por qué habéis elegido al Peter Deimel (ingeniero o productor de Anna Calvi, dEUS, Miossec, Shellac, The Kills, Weeding Present, Klaxons, Tinariwen, etc) porque Paco Loco funcionaba muy bien?

C: Sí, Paco funcionaba muy bien y estábamos muy contentos. Pero si que echábamos de menos la sensación de vértigo y de angustia, de novedad y de sentirnos desafiados otra vez. Volver a un lugar que nos generase el respeto de decir ‘aquí tenemos que demostrar de nuevo lo que somos’. Y que todavía tenemos retos por satisfacer y por conquistar.

Y ¿Cómo lo elegisteis?

C: Una vez que supimos el sonido que queríamos para este disco, que fuese un sonido más próximo al directo. Vaciar mucho la sobreproducción y la tendencia natural que tenemos de arreglar más de lo normal. Eliminar esta tendencia y que todos tocásemos exclusivamente lo que podemos tocar en directo. Aclarar la procedencia de cada instrumento sin renunciar a la rotundidad y al impacto del sonido del directo. Y tuvimos la idea de ir a Francia, porque pensamos que los únicos que lo habían conseguido y lo habían hecho bien eso de combinar un sonido con intencionalidad artística y un respeto por la voz y por el texto, eran los franceses. De hecho esta fue la razón por la que acudimos a Paco, porque había trabajado con grupos de este estilo. De hecho, Paco es un fan de Lou Reed, y tiene esta idea de que las letras se entiendan bien pero que también haya una mala hostia sonora, un tratamiento abstracto del sonido. Pensamos que los renovadores de la chanson, de principios de los 90 Dominique A, Miossec, Katherine, lo habían hecho mucho y por eso pensamos en ir a Francia.

Me acuerdo que en vuestro directo del Palau de la Música va a colaborar Laetitia Sadier (Stereolab) haciendo los coros en la canción “L’amor feliç” ¿Os gustaría contar con más colaboraciones?

C: Sí. Pero no hemos hecho apenas básicamente porque creo que es algo que ha pasado naturalmente. O que haya una infinidad auténtica con un tipo de artista o que creas que su sonoridad puede enriquecer la tuya. Y lo hemos encontrado en alguna ocasión pero no nos lo imponemos como una estrategia de marketing. Que está muy bien, porque los resultados son buenos. Pero por ahora no lo hacemos.

¿La canción más irónica que has hecho nunca es “Els vells hippies”?

C: Si, puede ser. Es un texto que había escrito hace dos veranos. Una noche saliendo de marcha con mi mujer, un viejo hippie estaba mirándola, intentando ligar con ella, un hippie francés que hace veinte años que va a un camping de L’Ametlla de Mar. Y después pasamos la noche charlando con él y riéndonos como unos locos.

Era una tontería, unos versos que había escrito para reírme con mi mujer. Me di cuenta que el paraíso podría ser una temática central. Y hacer una canción que fuese una discusión sobre caricaturas del pequeño burgués que se siente desafiado por un viejo hippie. Un burgués que dice cosas ridículas, cargantes como “sabes que fuman maría para despertar el subconsciente” o que dice “déjale la mujer tú” como si la mujer no pudiese elegir. Pero me venía bien lo de hablar del paraíso, porque ‘L’amor feliç’ fue un intento de crear un paraíso en la tierra. Y el sueño hippie de crear un mundo mejor aquí y ahora, es intentar reproducir el paraíso. Estar en un jardín, disfrutando unos de otros, con una sensualidad extrema. Y tiene gracia apuntarlo desde este punto más humorístico y jugando con los estereotipos del hippie que cree en el amor libre y el burgués que piensa que el amor no es libre. Y este es el origen de la canción.

Por debajo de todo este deseo está el miedo a perder lo que tienes y el ansia de perder estado de bienestar. El miedo de llegar a la tierra prometida, de la independencia o de lo que sea, el ansia de ser músico y de poder seguir siendo músico. Tengo la sensación que todo esto es muy frágil y que se coge por los pelos. Es un mundo inestable. Yo siempre he sido un trabajador asalariado durante muchos años y ahora no lo soy. Y la sensación de inseguridad y de incertidumbres te hace escribir este tipo de canciones o como “Mai més”, que habla de eso de que me siento como medio un gandul pero no quiero trabajar más…

¿Cómo se ve con distancia la trayectoria?

C: La historia de Mishima siempre ha sido la historia de un crecimiento lento y paulatino. Casi no reconocíamos a la gente que se montaba al carro. Desde hace tres discos sí que observamos un crecimiento más amplio. Sí que notas la buena recepción fuera del territorio de habla catalana, y que cada vez es más grande. Y que generas unas ciertas fidelidades. En este último disco hemos hecho más prensa en Madrid que con el disco anterior. El hecho de estar en Warner también ayuda. También es importante que el público considere que nuestra propuesta tiene un sentido y que tiene recorrido.

Os vi en el último Faraday de 2013 en un formato más reducido con Dani Vega a la eléctrica y tú con la acústica, y me gustó mucho como quedaba ¿No os gustaría acudir a otros formatos?

C: Lo hemos hecho durante muchos años. Pero Nos gustaría mucho pero creemos que si quieres profesionalizarte en esto tienes que ofrecer un producto. Porque sino el promotor coge lo más barato. Con banda Mishima suena como tiene que sonar. Y hace justicia a cómo trabajamos y al concepto de Mishima.

¿Es tu disco, a nivel de letras, más triste?

D. C: No, creo que no. Creo que ‘Trucar a casa. Recollir les fotos. Pagar la multa’ (Discmedi, 2005) era más duro, porque estaba todavía sufriendo la muerte de mi padre y había una sensación más clara de tristeza. Y también arrastraba la crisis de los 30. Esa despedida de la juventud, que a veces nos hace adoptar un cierta nostalgia de todo. A partir de un cierto momento pensé que esa manera de pensar era absurda. Y creo que son más optimistas los discos que escribo ahora. Y el sonido de la banda también, porque hemos tocado más y aprendes a ofrecer un tipo de canción que se adapte a todas las circunstancias. Y entonces tiendes a cantar, a la manera de la música negra, las máximas desgracias con un estilo y una manera festiva. Y es la manera de que funcione siempre.

Foto: Alberto Polo

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