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Entrevista con Nacho Umbert

Autor: | @indienauta

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“Si comparo mis letras con las de Albert Pla me siento como una monja”


Un superhéroe, refranes valencianos, una chica espectacular, modernos de Barcelona, putas y una madame septuagenaria, herencias disputadas y su peculiar Compañía. Esta es la comparsa que baila alrededor de Nacho Umbert en las diez canciones que conforman No os creáis ni la mitad, su segundo disco en solitario tras la larga ausencia que supuso la disolución de Paperhouse en 1995. Afortunadamente, en esta ocasión sólo un año separa este trabajo de Ay…, un debut extraordinariamente bien acogido. La buena fortuna, a tenor de lo visto en las listas de lo mejor de este 2011, sigue acompañando a Umbert: una mayor riqueza de sonidos e instrumentaciones, una puesta en escena más sólida y unas letras teñidas de cruda pero a la vez tierna cotidianidad son sus armas para crear canciones que son como pequeños retratos.

Tu primer álbum en solitario gozó de una gran recepción. ¿Eso te provocó más presión a la hora de crear el segundo, o por el contrario fue una tranquilidad saber que contabas con esa red de seguridad?

Sinceramente, se dieron las dos cosas. Es tranquilizador saber que lo que haces le gusta a la gente, pero por otra parte la expectativa te pone algo nervioso a la hora de volver a publicar. De todos modos intenté no darle mucha importancia a ese hecho, porque se trata de circunstancias completamente ajenas a la creación, pero es verdad que sí sentí un runrún que no existía con el primer álbum. Con Ay… estaba mucho más libre y limpio en este sentido.

En este caso, has creado un trabajo más ácido y crítico; quizá bajo la sombra de nuestras actuales circunstancias sociales, políticas y económicas, más necesario.

Es un disco más ácido, pero no he intentado reflejar el momento actual; pienso que la mayoría de canciones son atemporales en toda su crudeza. Obviamente, hablo de cosas que están próximas a mí y la actualidad está ahí, pero aunque ésta me preocupe mis canciones no hablan de la gente de la calle. Repasando mentalmente los temas que conforman este disco, me doy cuenta que explican historias que podrían estar situadas a día de hoy, o hace veinte años. Lo único que reflejan son mis preocupaciones, lo que me gusta y lo que no.

Respecto a lo que no te gusta, vale la pena remarcar que te reprimes más bien poco; lo de “guardar la compostura”, como dices en una de tus canciones, no está hecho para ti.

En ciertas ocasiones me da apuro escribir según qué cosas e intento hablar en plata, pero es cierto que escribir sobre temas que me preocupan y a la vez guardar las formas es algo que me toca las narices. Es verdad, no obstante, que ciertas frases que he escrito me quitan el sueño porque no soy ni mucho menos una persona con una seguridad absoluta en sí misma. Por eso a menudo le pido consejo a mi compañera, que hace las veces de editora, para saber cómo se ven desde fuera. Tampoco es que haya escrito un disco como los de Albert Pla, ¡porque si me comparo con él me siento como una monja! Cuando alguien me dice “cómo te pasas”, les respondo que escuchen el primer disco de Pla y verán lo que es pasarse. Lo he vuelto a escuchar hace poco y hay muchas cosas que digo en este trabajo por las cuales él pasó hace mil años y con mayor contundencia. Eso te enseña a que al final, no somos nada y que lo que hacemos muchas veces ya está hecho. 

Decías antes que en tus canciones hablas sobretodo de ti, de temas que te preocupan y atañen, y es verdad que hay muchas referencias autobiográficas en ellas. Por ejemplo, en la canción que abre el disco, No os creáis ni la mitad, se te cuelan muchos personajes de tu trabajo anterior y explicas cómo fue la experiencia de volver a publicar tras tantos años. ¿No te causa cierto pudor desnudarte así?

La verdad es que sí, ésa es la palabra: pudor. Por eso intento esconder mi personalidad, de algún modo, incluyendo estos personajes del Ay… , para desviar un poco la atención. En una primera versión de la canción toda la trama tenía mucho más que ver conmigo, hablaba todo el rato en primera persona y daba más detalles de mi familia y de mí mismo, y al final me eché atrás. También es cierto que dudé en incluir esta faceta mía como escritor del primer disco, porque las autoreferencias siempre son peligrosas y me dan mucho miedo.

No ha cambiado que la mayoría de canciones son de una gran sencillez y que has vuelto a trabajar con Raúl Fernández “Refree”, pero lo que sí es distinto es que hay arreglos más complejos. ¿Cómo trabajasteis la producción?

Fue un proceso parecido al del primer disco, pero con la diferencia que ahora somos más amigos y que por tanto hay mayor confianza. Fuimos canción por canción a lo largo de este año y medio que separa los dos discos, no fue como si conociera a una persona nueva y le dijera de golpe y porrazo: “Hola, señor productor, aquí tiene mis canciones”. Las hemos trabajado lentamente, a él se le han ido metiendo en la cabeza y me ha dicho cuáles le gustaban y cuáles no funcionaban tanto. Ha sido un proceso distinto al del primer disco, que tenía un sentido de producción y de sonido mucho más unitario; en esta ocasión, hemos intentado darnos más libertad para encontrar qué pedía canción y dárselo.

La mayoría de ellas ofrecen una percepción muy visual, son casi como pequeñas películas que presentan personajes muy definidos en tres minutos.

No me lo planteo conscientemente ni lo analizo, pero es cierto que es el lenguaje que me sale naturalmente, y la única manera que tengo de enfocar las canciones. Hay gente que me ha dicho que parecen fotografías o pequeñas postales, que son muy visuales y que estoy conectando con cierto público precisamente por eso, porque las situaciones que planteo se entienden muy bien. Es una opinión que comparten todas las personas que han dirigido alguno de mis videoclips, que me han dicho que de cada canción podría salir un pequeño cortometraje fácilmente. De algún modo hago retratos y parece que el público los disfruta, a pesar de su acidez.

Algunas de las historias que cuentas son muy duras dentro de su cotidianidad, como la que retratas en El señor Esteve, una clara referencia a una de las principales obras de Santiago Rusiñol. ¿Quedan todavía muchos señores Esteve, representantes de esa pequeña burguesía catalana?

A mi entender sí, sin duda, creo que es una figura que sigue existiendo en la sociedad catalana; yo la conocí por mi padre hace muchos años, pero me he dado cuenta que aún hay más de los que creía. Son esos señores burgueses que tienen casas en todas partes, y que cuando se hacen mayores ven como sus hijos y yernos empiezan a especular con su futuro patrimonio. Provengo de una familia en la cual nos queremos mucho, pero por desgracia sí he vivido situaciones en las cuales estaba implicada alguna herencia, y he visto peleas alucinantes en familias que parecía que estaban muy unidas. Sé cómo son estas cosas, y son muy tristes; es algo que está muy vivo y me interesaba mostrar esta generación que merodea, como pulpos que detectan cualquier momento de debilidad.

No solamente hay referencias tradicionales con El auca del señor Esteve, sino que en La moral distraída bebes de un clásico muy distinto que podría ser la otra cara de la misma moneda. Has contado que te inspiraste para escribirla en una madame muy famosa de Barcelona, y de hecho tan burguesa es la realidad que plasmas en una canción como la de la otra.

Mis abuelos hace años que murieron, pero recuerdo que me habían contado historias de señoritos que iban a las “cases de barrets” (“casas de sombreros”, prostíbulos) para que allí los hicieran señores. Y me apetecía contar con delicadeza un tema del cual a menudo o no se habla, o se hace en el estilo de Sabina, en otro tono muy distinto. Quería hablar de la dignidad que puede haber en un trabajo como la prostitución, de su sentido de acogida, desde el punto de vista de los sombreros. Es el retrato de una casa de putas, pero sin pasar del recibidor; tiene un punto bastante añejo, la verdad, aunque seguramente hoy también habrá muchos artistas que las visiten y no nos enteramos (ríe).

Por donde sí corren muchos artistas, o pretendidos artistas, es por el escenario de la modernidad barcelonesa. ¿Hay muchos de éstos en el CCCB y sus “templos de alrededor”, como cantas en “Cassavettes”?

Es un ambiente que conozco de cerca, y a mucha gente que trabaja en él; ¡pero en esta canción hay muchos temas mezclados y al final me meto en líos! Lo que he querido retratar aquí es el típico personaje que fue un moderno de joven pero que tuvo una niña muy temprano, y que al crecer le pide a los novietes de su hija que no hagan lo que él hizo en su día. A menudo nos olvidamos de lo que hemos sido, hecho, o pensado y hay quien se vuelve un auténtico talibán. Por eso he querido retratar el entorno del CCCB o el MACBA pensando en un liberal gafapasta, un intelectual modernete y de izquierdas de Barcelona que se convierte en un facha en cuanto crece su princesita. ¡Y sé de lo que hablo porque he visto situaciones parecidas! En todo caso, lo he personalizado en “un moderno” porque me gusta meterme con ellos, como me gusta meterme conmigo porque estos son los ambientes que frecuento. Es un personaje que podría trasladarse a muchos escenarios posibles.

En este disco, lo que sí ha cambiado es que te centras en el castellano pero incluyes también el catalán. ¿Eso es una nueva muestra que por fin nos estamos quitando de encima muchos complejos?

Es algo complicado; hubo una época en la cual el rock catalán estuvo bien para mucha gente, pero a mí me parece que hizo daño porque era solamente un cierto tipo de música en catalán. Me daba vergüenza cantar en este idioma porque me sonaba a Sopa de Cabra y yo no quería sonar a eso, es algo puramente generacional. También recuerdo que en los 90, cuando empecé a hacer canciones, ni podía cantarlas en castellano ni me pasaba por la cabeza hacerlo en catalán, porque me rechinaban. En mi familia no se escuchaban los cantautores clásicos, sino que la buena música en casa siempre estuvo asociada a la tradición anglosajona. Afortunadamente cambié de opinión muy rápido, porque un día descubrí a grupos que cantaban en español y que me demostraron que se podían decir cosas muy interesantes. Y con el catalán ahora mismo se está viviendo un nuevo fenómeno, y todo ha cambiado. Por ejemplo Mishima hace tiempo que me gustan mucho pero en inglés no me interesaban nada, aunque me ha llevado mi tiempo acostumbrarme. Y ha llegado una etapa en la que he decidido escribir en castellano porque es la lengua con la que me siento más cómodo, quizá porque siempre he leído en este idioma aunque fui a un colegio catalán. Soy un bilingüe radical, pero tenía ganas que se notara de dónde vengo: por eso pongo de manifiesto mi bilingüismo, cambiando de idioma sin ningún tipo de prejuicio e incluso usando los dos dentro de una misma canción. Estoy descubriendo cómo es escribir en catalán y me gusta cómo sueno, aunque eso no significa que ahora vaya a ponerme a escribir discos sólo en este idioma. Lo que nunca haré será cantar en una lengua que no sea la mía: tengo dos y son las dos que usaré siempre.

 

 

 

 

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