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Entrevista a David Carabén, cantante de Mishima

Autor: | @indienauta

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¿Existe el amor feliz? Si los Mishima se preguntaban en su anterior trabajo por el sentido de la existencia humana, con su sexto y muy esperado disco indagan en todas las formas de amor posibles. Y la respuesta ha sido unánime: crítica y público, efectivamente, les aman. David Carabén ha afilado la pluma combinando lirismo y su siempre característico sentido del humor, y los arreglos de Paco Loco han pintado de detalles un disco llamado a estar entre lo mejor de la producción nacional de este 2012.


El origen de este disco era un EP conceptual que queríais publicar con el amor bajo sus múltiples formas como eje central. ¿Cómo terminó convirtiéndose en un larga duración?

No hay más secreto que ir escribiendo canciones (ríe). Estábamos muy contentos con la gira de Ordre i Aventura, veíamos que cada vez teníamos más público y que el grupo crecía a cada concierto. Con este escenario la verdad es que no nos apetecía encerrarnos en el estudio sino más bien alargar la gira publicando un disco corto, con seis o siete canciones. De algún modo queríamos repetir la idea que tuvo Neil Hannon de The Divine Comedy con A Short Album About Love, y además con el objetivo de publicarlo en primavera y aprovechar Sant Jordi. Las canciones que teníamos afrontaban el tema del amor de un modo más directo del que es habitual en nosotros, así que usarlo como leit motiv del proyecto nos pareció interesante. Además en ese momento mis lecturas y curiosidades personales se centraban en este tema y por ende siempre terminaba saliendo en muchas conversaciones con mis amigos, así que parecía natural que las canciones acabaran por girar entorno al amor. Pero de todos modos, creo que no todos los temas en L’amor feliç tratan sobre ese sentimiento: no creo que se pueda relacionar con él La última ressaca, o composiciones como Els crits, que tratan más bien sobre la angustia. En definitiva, aquí hay tantas canciones de amor como tradicionalmente las hay en todos los discos de Mishima, o en cualquier disco de cualquiera (ríe).

Hablabas de tus lecturas como algo condicionante a la hora de componer. Y es que en alguna ocasión, has confesado que te atrae más el proceso de documentación que el de la propia escritura.

Llega un cierto momento en el cual abres la veda, te abocas a relacionar tu vida con tu trabajo artístico y permites que una contamine al otro. Eso condiciona la experiencia creativa y dejas de poner unos límites drásticos entre aquello que dices, lo que vives, y lo que escribes. Con Ordre i Aventura estaba leyendo mucho acerca de la espiritualidad y la existencia de Dios, así que de modo inconsciente las canciones que escribí en aquella época entroncan con cuestiones de fe. No parto de una premisa previa ni ambiciono escribir sobre un tema u otro, sino que simplemente al arrancar el proceso compositivo el verso cae del lado de lo que estás leyendo, hablando o pensando en ese momento vital concreto.

Pero en momentos como los que estamos viviendo, ¿hay lugar todavía para hablar del amor?

Si no lo hacen las canciones, ¿quién lo hará? La gente de derechas te critica argumentando que no hace falta que la música tenga un fondo, cuestionándote por si realmente crees que una canción pueda contener la vida; y los de izquierdas querrían que todas las composiciones tuvieran un compromiso, que hablaran de la crisis, que tomaran partido. Pero yo creo que la función del arte es que tenga una relación con la vida y que tiene que estar en contacto con cuestiones que sean importantes para cada uno, con su día a día. Y eso puede hacerse tanto desde la denuncia como desde el escapismo. Sinceramente, hay momentos en los que no sé cuál es la opción más comprometida; en todo caso, lo que sí tengo claro es que lo importante es comprometerse con uno mismo.

Con todo, siempre has dicho que consideras vuestro trabajo más propio de artesanos que de artistas.

Completamente. Somos una banda que se toma sus discos como un oficio, como un modo más de decir las cosas que piensa, y que trabaja de un modo muy humilde aunque pueda tener la intención de construir algo ambicioso. Somos artesanos por el método de trabajo que usamos. Un artista tiene golpes de genio y un dominio brutal de la técnica; puede cambiar su sonoridad a cada disco, es camaleónico y te lleva a otros universos. Pero otros nos lo tomamos como algo más artesanal, donde lo importante es tener clara una forma e irla puliendo poco a poco, sabiendo que aprendes a cada paso, que todavía eres pequeño ante el idioma, la música y el mundo. Es mejor ser paciente.

En ningún disco habéis pretendido ser rupturistas, ni tampoco en éste.

No buscamos la sorpresa. Hay muchas cosas de los anteriores trabajos de las que estamos contentos y otras de las que no tanto, pero por suerte hemos llegado a un estadio en el cual podemos primero ver, y luego encontrar, nuevas posibilidades. En todo caso lo hacemos lentamente, y aunque quizá haya quien diga que no hemos conseguido nada, nosotros tenemos la convicción de haber aprendido mucho yendo paso a paso.

Lo que sí ha cambiado en este disco son algunos de vuestros cómplices. Por ejemplo las licencias de las canciones pertenecen a Warner, y habéis confiado en Fina Estampa para la promoción. Definitivamente, habéis dado el salto a la gran industria.

Creemos que la promoción de L’amor feliç se ha hecho muy bien, y de un modo muy distinto al de los anteriores trabajos. Hemos encontrado compañeros de viaje que dominan perfectamente su ámbito y eso nos ha ayudado. Por ejemplo, al salir el disco nos aconsejaron conceder entrevistas a todos los medios y que se publicaran el mismo día, cosa que nunca habíamos hecho, para conseguir un impacto mucho mayor. Honestamente, son cosas que creo que hemos aprendido a hacer mejor, porque ahora ya somos conscientes que cada vez hay más gente que espera un nuevo disco de Mishima y esto sólo puede llevar a enorgullecernos e intentar mejorar.

Hasta el punto que al publicar el disco, incluso hubo comentarios jocosos en las redes sociales sobre “la omnipresencia de David Carabén” en los medios aquel día.

Supongo que tienes razón (ríe). En todo caso, al largo de la historia del grupo nuestra presencia en la red ha ido en aumento. No somos precisamente una banda que se haya dedicado en cuerpo y alma al 2.0, pero somos muy conscientes que es una realidad más, y muy importante, en el mundo de la música. Además de ser un gran cómplice de cara a la promoción, aunque tiene tanto de gloria como de normas y esclavitudes.

Lo que no ha cambiado ha sido el ceder la producción a las manos expertas de Paco Loco. Se notan sus arreglos expresivos, los coros y vientos, el modo de enriquecer unos temas que suenan más llenos que nunca.

Tradicionalmente, esto forma parte de nuestro proceso de trabajo: como banda nos gusta crear los arreglos grupalmente y ponerlos en común mientras encontramos el sonido más adecuado durante el proceso de ensayo. Al llegar al estudio de Paco, él sabe situar cada arreglo en el tiempo y el espacio, y conoce qué instrumento o amplificador tenemos que usar para que cierta canción, al final del proceso, nos haga pensar en Hawaïi o en México. Lo más chulo de trabajar con Paco es que una fase que siempre habíamos considerado un engorro, la parte técnica de hacer que todo suene bien y se grabe a la perfección, tome una dimensión creativa. Con él conseguimos que todos los niveles de la confección del disco tengan la misma ambición artística, y convierte ese proceso en un pequeño placer.

La gira, al margen del preestreno en la sala Salamandra, arrancó de modo oficial en el Auditori de Girona. Precisamente la estáis planteando en exclusiva como un tour de teatros.

Sabíamos que el único modo de girar con todas las garantías de poder ofrecer un espectáculo en unas fantásticas condiciones técnicas era centrándonos en auditorios y teatros. O como mínimo, esta es la realidad del circuito musical en Catalunya. ¡Si nos ciñéramos a las salas de conciertos, específicamente, agotaríamos la gira en tres o cuatro ciudades! Y como afortunadamente ahora mismo sabemos que hay mucha gente que quiere vernos, el único modos que tenemos de garantizar que puedan hacerlo es con una gira de teatros.

Eso sí, cuando llegue el verano será el momento de las concesiones festivaleras. En varios de ellos, como el Faraday o el popArb, coincidiréis con grupos como Love of Lesbian como ya lo hicisteis en el 2010.

Ambos grupos hacemos giras de año y medio o dos años, y por eso a menudo nos encontramos en la carretera. En cambio con Manel, con los quien también tenemos una gran relación,  no nos pasa porque cuando nuestras giras coinciden con sus descansos. Son circunstancias de los ritmos de trabajo, aunque te confieso que si por nosotros fuera, giraríamos constantemente (ríe).

Hemos de pensar, pues, que los que asistamos a esta gira de auditorios veremos unos Mishima muy distintos en verano.

Por supuesto. En los festivales puedes tocar unos cuarenta minutos, la gente está de pie, hiperactiva y rodeada de las tentaciones de las noches de verano. En cambio en esta primera fase el público ha pagado una entrada para ver un espectáculo y un grupo en concreto, y nos debemos a eso. En todo caso, creo que una banda demuestra su calidad cuando puede ofrecer las mismas canciones con tonos distintos, adaptadas a cada situación y demostrando que pueden ser válidas a cualquier hora del día.

Foto: Noemi Elias

 

 

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