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Xenia Rubinos, Black Terry Cat (ANTI 2016)

Autor: | @sergiomiro

Uno de los artículos que sirvió para engrandecer la figura de Xenia Rubinos por nuestras tierras venía del diario El País, y su titular la ensalzaba como una mezcla perfecta entre Celia Cruz y Björk. Ya incluso aplicada al debut que por aquel entonces tocaba promocionar (Magic Trix, 2012), la comparación era efectiva pero se quedaba corta. El caldero musical de esta artista de Brooklyn con fuerte ascendencia portoriqueña y cubana incluía multitud de ingredientes adicionales, producto de una desprejuiciada forma de asimilar todas las tonadas y culturas que le pasaban por delante, ya fuera desde el transistor de sus abuelos, o desde alguna recomendación automática de Spotify.

Pues bien, este segundo disco va aún más lejos, sobre todo a partir de una convencida reafirmación de su lado más negro. Rubinos se topó con el no tan lejano legado de Erykah Badu y sintió que le tocaba a ella llevarlo más lejos, incorporando a su ya rico discurso los elementos del mejor neo-soul y R´n´B. El resultado es un trallazo de creatividad que difícilmente será superado este año, ni por ninguna diva soul femenina, ni por ningún geniecillo pop masculino, sean blancos, negros, latinos o mestizos.

Ignorando las barreras estilísticas y culturales, Rubinos está consiguiendo en pleno 2016 lo que precursores del crossover como James Brown o Prince lograron en décadas pretéritas. Tan sólo hay que ver cómo pasa del latin-funk más infeccioso en Mexican Chef al rock experimental en Just like I (fácilmente imaginable en un disco de TV on The Radio), al pop raruno escuela Fiona Apple en Lonely Lover, al soul sensual propio de la mentada Badu en Laughing Clown, a parecer una suerte de versión Hip-Hop de Ani DiFranco en I won´t say o al EDM/R´n´B de nuevas estrellas como FKA Twigs en Don´t wanna be.

Y atención, amigos rockeros que sufren para admitir mérito en la riada de tendencias que llegan desde el lado más electrónico, esta vez no hay excusa: casi todo lo que suena en Black Terry Cat está maravillosamente tocado por una escueta banda que hace de la austeridad virtud, comandada por los ritmos del baterista y productor Marco Buccelli; un factor humano que se agradece escuchar en estos tiempos en los que se que suele tirar de todo tipo de cacharros para llamar la atención.

 

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