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William Fitzsimmons, Pittsburgh (Pias 2015)

Autor: | @sergiomiro

WILLIAM FITZSIMMONS

Estar triste y angustiado puede llegar a ser una pose, un accesorio que añadir a tu barba y a tu outfit de leñador, máxime si te dedicas al indie-folk en esta era post-Bon Iver. Pero en el caso de William Fitzsimmons, cualquier languidez está más que justificada.

Fue criado por unos padres ciegos en un hogar lleno de instrumentos, y precisamente la ruptura del matrimonio de sus padres desató en él un desasosiego que intentó volcar en sus primeras canciones y que finalmente acabó desembocando en su propio divorcio. No es de extrañar que la BBC le definiese en una de sus primeras críticas como “alguien que necesita un abrazo”.

Afortunadamente, también le distingue la habilidad de transformar esas penas en hermosas –a veces hermosísimas- tonadas a años luz del gimoteo irritante de algunos de sus compañeros de generación. Un ejemplo claro y luminoso de redención musical a partir del dolor.

Las circunstancias que rodean a Pittsburgh, su séptimo trabajo, no vaticinan grandes cambios de ánimo. “Es un disco sobre dos cosas”-confiesa en la nota de prensa-, “es un memorial para mi abuela, que vivió toda su vida en Pittsburgh, y en un recuento de recuerdos sobre el sitio que me vio nacer”.

Fitzsimmons regresó a su ciudad para despedirse de su abuela. Fueron tres días que despertaron todo tipo de recuerdos sobre el tiempo y el lugar que compartieron. Y así, de forma absolutamente directa, queda reflejado desde el principio en este mini-LP (siete canciones, 28 minutos).

I had to carry her (Virginia´s song), lleva justamente el nombre de su abuela y nos deja versos tan hirientemente elocuentes como “La vi tendida sobre la mesa / Enterrada en flores, una cruz que hice para ella / Arrodillado a tu lado, junto a mi madre, gimoteando como sauces / Tuve que llevarla en brazos // Siento haber tardado dos años en volver a casa / He estado tan ocupado / Tendrías que ver cómo han crecido los niños / Les diré cuánto les quisiste / Ellos nunca te conocerán”.

La profundidad de las letras hacen que este trabajo gane enteros para quien se maneje con el inglés o se tome la molestia de escuchar con los textos y un diccionario a mano. La música, de todas maneras, transmite las emociones a su manera, totalmente fiel al estilo de Fitzsimmons, quien esta vez se ha encargado de grabar y tocar prácticamente todo.
El tono general es eminentemente acústico, aunque incluso en un trayecto tan breve se agradece la inclusión de un par de piezas que suben el ritmo y colorean a base de una ración extra de teclados y caja de ritmos (Better y Matter, que podría ser una de las canciones más bellas del año, si no fuera porque parece una revisión mejorada del Magic de Coldplay).

Valoración: 7,5

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