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Wild Nothing, “Life Of Pause” (Captured Tracks, 2016)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Ya han pasado unos cuantos años desde que salió aquella oleada de chicos que hacían pop desde el dormitorio de su casa. Grupos a los que se les puso la etiqueta de chillwave, o bedroom pop, para describir lo que era pop de toda la vida. Algunos se iban más hacia la electrónica, otros hacia el dream-pop, y otros se atrevían a coger las guitarras de vez en cuando. Eso sí, todos tenían en común su amateurismo, y el toque lo-fi. El paso de los años no ha jugado a su favor, y muchos se han quedado en el camino, como Youth Lagoon, que anunciaba su retirada el año pasado. Otros, como Washed Out, que llegó a entrar en un muy buen puesto en las listas norteamericanas, no dan señales de vida desde hace tiempo. Sin embargo, Jack Tatum, y sus Wild Nothing, siguen en el candelero, editando discos regularmente, y haciendo sus correspondientes giras. Aunque también es cierto que, en cuanto pudo, Tatum profesionalizo su música un poco más que el resto. Como prueba está su último trabajo, que de bedroom pop no tiene nada de nada.

Life Of Pause” ha tenido una acogida un tanto tibia, y no es para menos. Tatum ha sacado un tercer disco que es una auténtica montaña rusa, en el que va intercalando temas que suenan frescos, y que nos recuerdan a lo mejor de sus dos primeros trabajos, con grandes plomazos de rock soso con aires setenteros. Quizá, esto se debe, siempre según sus propias palabras, a la obsesión que tiene con hacer algo diferente en cada disco, y reinventarse constantemente. Eso es algo que le honra, ya que nadie quiere un grupo que hace todos los discos iguales, pero a veces estos cambios no siempre salen bien.

Cuando escuchamos el doble adelanto que editó a finales del año pasado, se nos puso una sonrisa enorme en la cara. Tanto en ‘To Know You’, como en ‘TV Queen’, nos encontrábamos a un Tatum esplendido, jugando con las posibilidades que le da el pop y el rock y acertando de pleno. Solo hay que ver el tono escurridizo, casi kraut, que tiene la primera, y el pop dulce y pegadizo que nos deja en la segunda. Son dos temas muy diferentes, pero que no desentonan uno detrás de otro. Como tampoco lo hace el pop de aires tropicales de ‘Reichpop’, en la que se atreve de dar el protagonismo a una marimba. Supongo que, también, se podría meter en este saco de “canciones que no son un sopor” al tema que da título al disco, donde los teclados ochenteros cobran un gran protagonismo. Pero si hay una canción que se merece todas las atenciones, esa es ‘Japanese Alice’, en la que Tatum distorsiona su guitarra más que nunca, y se saca de la manga todo un hit con un estribillo redondo. Y bueno, venga, también le daremos un aprobado a ‘Lady Blue’, aunque sea un tanto larga.

No sabemos muy bien que bicho le ha picado, pero en el resto del álbum nos encontramos con un Tatum aburrido, al que le cuesta una barbaridad acabar canciones que no deberían de durar más de tres minutos. Es el caso de ‘A Woman’s Wisdom’, que casi parece un descarte de cualquier banda de rock psicodélico de los setenta. Algo que también le pasa en ‘Alien’, y en ese intento de soul (con saxos y todo) llamado ‘Whenever I’. Ambas son insufribles. Esta nueva pasión por la música de los setenta solo le funciona en ‘Adore’, que le ha quedado bonita, con esa acústica y ese piano que arropan toda la canción. Además, se podría decir que hay una enorme influencia de Simon & Garfunkel en ella, y eso siempre es bueno.

Se le agradece el intento de cambiar un poco de rumbo, y de intentar librarse del toque más amateur que tenían sus dos primeros discos, pero por el camino ha perdido parte de la frescura que rebosaban sus primeras grabaciones.

Valoración: 7

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