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Wild Beasts, “Boy King” (Domino, 2016)

Autor: | @sergiomiro

Wild Beasts habían llegado a ese punto delicado en el que las bandas empiezan a cansarse de su propio sonido y temen que cualquier cosa que no sea un giro drástico de dirección les puede llevar a un abismo sin retorno. No siempre los “timings” de un creador coinciden con los de su entorno: esa “crisis de la mediana edad” musical les sobrevino a la hora de encarar este, su quinto disco, justo cuando los pequeños ajustes que habían ido realizando a su discurso hasta llegar al anterior trabajo, Present Tense (2014) parecían haberles garantizado el favor de la crítica y de un público creciente, al menos dentro de un sólido estatus de grupo de segunda división con eternas posibilidades de colarse en la liguilla de ascenso.

Pero tocaba probar un nuevo maquillaje, y eso pasaba por abordar una lectura más literal de su nombre de batalla. Para ser un poco más “bestias” y más “salvajes”, acudieron al productor John Congleton (St. Vincent, FFS, Cymbals Eat Guitars), cada vez más on fire y más infalible ante cada reto sonoro que se le presenta.

Envuelto en una estética que desde la portada nos evoca un amenazante, chusco y adictivo videojuego ochentero, este Boy King sorprende ya desde la canción de apertura por su contundencia rítmica (entre el funk y la música industrial) y su musculosa sensualidad, con esas alusiones al mundo animal y a la testosterona (“Gato grande en lo más alto de la cadena alimentaria, gato grande se pone encima, mejor será que me muestres lo que tienes”), y con el ya clásico falsete de Hayden Thorpe (una de las señas de identidad de la banda, sobre todo en su contraposición con el barítono de Tom Fleming), siendo utilizado como arma de seducción más que como elemento dramático.

Es la tónica predominante de todo el disco (con la salvedad de Dreamliner, que pone el cierre en medio de una sugerente bruma de sintetizadores y cuerdas), quizás incluso llegando a abusar de determinadas estructuras demasiado cercanas a la media de las bandas de rock electrónico contemporáneas. Cuando la que ha sido una de las formaciones de guitarras más interesantes del Reino Unido da la sensación de dar vueltas durante todo un disco a variaciones del Supermassive Black Hole de Muse, es que algo hemos perdido.

Con todo, la producción y la banda son lo suficientemente buenas como para ir desvelándonos alicientes sonoros que se instalan en nuestra cabeza en cada escucha y hacen que este Boy King acabe siendo mucho mejor trabajo de lo que puede parecer a la primera.  Quizás Wild Beasts sean víctimas de su propio legado y de las expectaciones que llevan años creándonos. Puestos a pedir, cabría esperar a que, dentro de esta nueva actitud sonora que han adoptado, consigan colar los niveles de emotividad y creatividad de los que son capaces. Eso sí que les llevaría a otra dimensión.

Valoración: 7,1

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