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The War On Drugs, “Lost in the Dream” (Secretly Canadian, 2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

the war on drugs

Durante los primeros años de la explosión “alternativa”, lo peor que se podía decir de un grupo era que sonaba a banda de estadio. Acercarse al AOR –ese subgénero que han terminado abrazando muchos de los grupos “anti-mainstream” de principio de los noventa– era peor que cometer un parricidio, y cualquier concesión a la comercialidad se pagaba cara. Afortunadamente, los grupos de ahora tienen menos prejuicios. Ahí están bandas como Okkervil River, que en su último disco reivindicaban el rock para todos los públicos de los ochenta. Algo parecido es lo que llevan haciendo The War On Drugs desde el principio de su carrera. La banda de Philadelphia nunca ha tenido ningún problema en mostrar sus influencias de Bruce Springsteen, el líder absoluto del rock para grandes masas de los ochenta, y han sabido fusionar con éxito esa faceta de su música con la más experimental y ambiental. Durante muchos años han ido mejorando esta receta, y en “Lost in the Dream” se acercan a la perfección de su sonido.

Dice Adam Granduciel, el líder de la banda, que, aunque este disco sea el tercero, él lo siente como el primero. Es la vez que más han rodado las canciones previamente (estuvieron casi dos años de gira) y la vez que más compenetrados han estado el estudio. Bueno, en los estudios, ya que lo estuvieron grabando durante ocho meses en seis lugares diferentes. Todo este trabajo previo le facilitó la tarea a Granduciel que, como productor del disco, se encontró con unas canciones que necesitaban muy poco para funcionar (algo que de verdad se nota en el resultado final).

Los de Philadelphia le han echado un par de pelotas a la hora de abrir este trabajo, ya que no han tenido ningún problema en comenzar con una canción que se acerca a los nueve minutos. Para colmo, su parte final es uno de esos desvaríos ambientales que tan solo sirven de puente para la siguiente canción. Aún así, con esos tres minutos que sobran por todos los lados, estamos ante un gran corte. En él demuestran lo mucho que les gusta el rock grandilocuente que comentaba al principio: es una canción llena de notas de piano clásico y con un ritmo que te incita a bailar como el mismísimo Springsteen –pero no se olvidan de sus guitarras cortantes y su pequeño filtro lo-fi–. Lo mismo sucede con ‘Red Eyes’, el potente y épico single que viene a continuación. Es una maravilla con un final explosivo lleno de guitarras y épica. Y es que si hay algo que les gusta de verdad son esos temas que empiezan tímidamente y van subiendo de intensidad hasta llegar al clímax final. El mejor ejemplo es ‘An Ocean in Between the Waves’, que en sus siete minutos te atrapa y no te suelta. Otro tema brillante es ‘Burning’, que tiene el mejor estribillo del disco (es su ‘Dancing in the Dark’ particular).

Si nos vamos a lo temas más reposados, esos que parecen salidos de la cabeza de un Dylan jovenzuelo, hay que destacar ‘Disappearing’, que tiene un toque sedoso y envolvente (muy de los ochenta). También hay que citar ‘Eyes to the Wind’, donde dejan descansar las murallas de teclados y nos regalan un corte clásico de folk-rock (la verdad es que se agradece ver cómo no necesitan miles de capas para hacer una gran canción). En ‘In Reverse’ vuelven a demostrar que saben componer excelentes temas, y con ella cierran el que, hasta la fecha, es su mejor trabajo.

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