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Wallis Bird, Architect (Rough Trade 2014)

Autor: | @sergiomiro

wallisbird

Si lo único que conoces hasta ahora de Wallis Bird es Hardly hardly, el excelente single de presentación de este Architect, puedes pensar que estamos ante una auténtica guerrillera de la música disco, una especie de Róisín Murphy meets Janis Joplin para la nueva era.

Hardly hardly es una bofetada musical ante la que resulta imposible quedarse impasible; tiene actitud, sonidazo, energía, un estribillo memorable… no le falta nada. ¿Quién nos diría que justamente por eso, dicha canción podría considerarse el enemigo interior del disco que la contiene?

Porque Wallis Bird es en realidad una cantautora (rebelde, pero cantautora de las de guitarra acústica en mano, al fin y al cabo) que en su irlanda natal ha llegado a ser considerada como la sucesora del ahora desaparecido Damien Rice; es decir, que muchas de sus piezas se basan en la austeridad, la introspección, y en una belleza oscura y misteriosa. Todo lo contrario a una disco-diva, vamos.

En Architect encontramos canciones de la nueva onda iniciada por Hardly hardly, aunque ninguna llegue a ser tan abiertamente hedonista. Hay mucha experimentación sonora en el disco, y algún que otro acercamiento al lado más creativo del R´nB contemporáneo (I can be your man encajaría perfectamente en algún disco de Jamie Lidell).

Por desgracia, Bird no decide dar el salto por completo, y va salpicando el disco con algunas piezas de su onda más íntima, que por más que vengan disfrazadas de atrevidos arreglos y alocadas ideas de producción, en esencia se mueven en unas coordenadas totalmente diferentes, y llegan a romper el ritmo en demasía (situar Holding a light y The cards como las canciones 4 y 5 respectivamente es un anticlímax que se carga todo lo logrado por el gran trío de canciones de apertura).

Así, a trompicones, el disco va trazando un camino incierto en el que de vez en cuando aparecen aciertos brillantes que nos vuelven a levantar la oreja (me quedo con el gospel electrónico de Gloria y con esa especie de coral de esclavos cibernéticos en Hammering).

Tanto en lo bueno como en lo menos interesante, resalta la gran voz rasgada de Bird, un elemento poderoso que, curiosamente, en medio de la acumulación de información que nos arroja el disco, no siempre acabamos teniendo en cuenta todo lo que debiéramos.

 

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